El comercio bilateral entre México y Brasil rasguña los 10,000 mdd. La industria automotriz es el principal jugador. Se estima que ambos países tienen el potencial para brindar un mejor partido. Pero hay un factor que podría dar la zancadilla: el político.

 

Por Andrés Piedragil Gálvez

 

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El 17 de junio de 2014, los brasileños que no puedan asistir al Estadio Castelão para ver desde las gradas el duelo entre las selecciones de futbol de México y Brasil,seguramente se instalarán frente a la TV que posiblemente compraron en Elektra o Coppel, usarán pan que alegrará al ursinho Bimbo, destaparán una botella de Coca-Cola (probablemente elaborada por Coca-Cola FEMSA) y se conectarán a las redes sociales para comentar las incidencias del partido a través de su servicio celular marca Claro (operado por América Móvil).

En la “liga brasileña de los negocios”, México no es un jugador extraño. Sin embargo, la relación comercial entre ambas economías es como un partido que no roba reflectores: los dos bandos parecen limitar su capacidad de juego y desaprovechan las oportunidades de brindar un mejor desempeño.

En 2013, según datos de la Secretaría de Economía (SE) de México, el comercio entre México y Brasil alcanzó un monto de 9,807 millones de dólares (mdd), una caída respecto de los 10,152 mdd registrados durante 2012. La balanza comercial bilateral, en los últimos tres años, ha mostrado un saldo favorable para México (alrededor de 2,458 mdd entre 2011 y 2013), aunque entre 1997 y 2010 el intercambio siempre favoreció a los brasileños.

Si se considera que México y Brasil representan más de 50% del PIB de América Latina, las cifras de este vínculo comercial son poco significativas, asegura Miguel Ruiz, presidente de la Cámara de Comercio México-Brasil (Camebra).

En la relación comercial México-Brasil, la industria automotriz es el “jugador” más importante. De acuerdo con ProMéxico, del total de exportaciones mexicanas hacia el país sudamericano 52% corresponde a mercancías automotrices, y 23% de las exportaciones brasileñas con destino a México son del mismo sector.

El nicho automotriz, quizá por su relevancia en la relación, también ha generado disputas. La más reciente en 2012, cuando la industria automotriz mexicana registró un superávit en su intercambio con las naciones sudamericanas. Los gobiernos de Brasil y Argentina exigieron una renegociación del Acuerdo de Complementación Económica número 55 (ACE No. 55), con el objetivo de imponer un límite a las exportaciones automotrices mexicanas.

México cedió a las pretensiones sudamericanas y se fijó un programa de cuotas para sus exportaciones automotrices.

 

Ganadores y perdedores

Más allá de conflictos, la realidad es que compañías mexicanas de varios sectores no han dudado en entrar al mercado brasileño, un país con 198.7 millones de habitantes y una clase media en crecimiento.

Empresas como Bimbo, América Móvil, Mexichem y FEMSA han convertido a Brasil en el principal destino latinoamericano de los capitales mexicanos (30,000 mdd en inversiones acumuladas, según el gobierno de México).

Y hasta el momento estas organizaciones no muestran señales serias de descontento: construyen plantas, crecen sus operaciones, adquieren firmas locales.

Aunque tampoco han faltado las incursiones complicadas a ese mercado, como la de Grupo Mabe (su filial en Brasil entró en concurso mercantil el año pasado); del Grupo Posadas (para atender asuntos urgentes en casa vendió su operación brasileña, 11 hoteles); de Casa Saba (en 2013 vendió su negocio CSB Drograrias) y de Alsea (entre 2007 y 2010 desinvirtió en las operaciones brasileñas de las pizzerías Domino’s y las cafeterías Starbucks, pero regresará a Brasil con la cadena de comida china P.F. Chang’s).

La permanencia de compañías mexicanas en Brasil, dice Miguel Ruiz, demuestra que el territorio sudamericano es un buen lugar para hacer negocios. Así, sostiene, detrás de los desencuentros recientes hay una señal positiva: Brasil está incrementando sus importaciones; aunque es una tendencia que algunos sectores brasileños –acostumbrados a formar parte de una potencia exportadora– no están procesando bien y de ahí provienen sus reacciones proteccionistas.

“El tema preocupa allá. Pero el cambio en los flujos comerciales está impulsado, entre otros factores, por una mayor apertura brasileña. Y aunque aún existen algunas barreras de entrada, hay que quitarnos la idea de que Brasil es un mercado inaccesible”, dice Ruiz.

En 2013, según información oficial, Brasil tuvo un déficit de 81,374 mdd en sus relaciones comerciales con el exterior, uno de los registros más altos en su historia.

Además, si bien algunos sectores brasileños están inquietos, hay otros que ven la situación con una mirada distinta.

“Hay una oportunidad histórica para incrementar el intercambio comercial”, afirma desde Brasil Álvaro Cysneiros, director de Operaciones de Mercado Internacional de TOTVS, una empresa brasileña que desarrolla software de gestión de negocios.

Para el directivo brasileño, la apertura que muestra la economía de su país, combinada con la tendencia mexicana por el comercio internacional, revelará que las opciones para México y Brasil no se tienen que limitar al sector automotriz.

De hecho, Marcos Lélis, gerente ejecutivo de Inteligencia y Estrategia de Negocios de ApexBrasil, la agencia del gobierno sudamericano encargada de promover el comercio y la inversión brasileñas, asegura que las oportunidades ya están bien detectadas.

“Existen potenciales de integración en múltiples sectores, entre otros: agroempresas, productos de moda y cuidado personal, materiales de construcción, equipo médico-quirúrgico, biocombustibles, energías renovables, productos farmacéuticos, labores de investigación y desarrollo.”

Para aprovechar este momento favorable, la voluntad de los gobiernos de ambos países es un factor clave. Hasta ahora, los avances en el vínculo comercial “son fruto, sobre todo, del empeño de los empresarios mexicanos y brasileños”, señala Cysneiros, de TOTVS.

¿Las autoridades explotarán el tiempo del partido? En el corto plazo, a causa de factores políticos, quizá prevalezca la mesura.

En octubre, Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, encarará el proceso de su posible reelección. Aunque la reelección de Rousseff no parece peligrar, según sondeos, los sectores descontentos con el déficit comercial podrían presionar para conseguir un cambio en la política económica del país, lo que significaría el regreso del Brasil más proteccionista.

Frente a eso, México tendrá que estar a la expectativa.

 

 

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