Por: Manuel Aguilera Verduzco*

 

La expectativa de vida en el mundo es cada vez mayor. A principios de este siglo, la esperanza de vida promedio a nivel global era de 66 años; en la actualidad, ha llegado a 72 años. Se trata de una tendencia creciente que dio inicio en las regiones más desarrolladas del mundo a mediados del siglo pasado (y en las que la esperanza de vida ha pasado de 74 a 79 años en el lapso antes señalado), y que se ha venido extendiendo rápidamente al mundo en desarrollo (donde la esperanza de vida ha pasado de 64 a 70 años). No obstante, la conformación de una población de edades avanzadas cada vez más amplia, conlleva enormes retos desde la perspectiva de las políticas públicas; desafíos frente a los cuales los gobiernos, las empresas y la sociedad deben prepararse para actuar.

De acuerdo con el informe “Envejecimiento poblacional”, elaborado por el Servicio de Estudios de MAPFRE, el aumento de la esperanza de vida se inscribe en un proceso de transición demográfica, producto del efecto conjunto de la reducción dramática de las tasas de fertilidad y de la caída de las tasas de mortalidad de la población de menores edades. Se trata de un patrón emergente que, por sus características, tiene profundas implicaciones sociales y económicas.

La hipótesis central que plantea el estudio es que la tendencia a la propagación de poblaciones más envejecidas podría ser uno de los factores que está detrás de tres grandes tendencias globales actuales. Primero, de la creciente interdependencia financiera global, ligando el fenómeno demográfico con el aumento de los saldos monetarios y de ahorro, el exceso de liquidez, la búsqueda de mayores rentabilidades y los desequilibrios financieros. Segundo, del estancamiento secular, al afectar la productividad relativa del trabajo y del capital. Y tercero, de la creciente desigualdad económica, vía la divergencia de ingresos por la diferencia entre el aumento de los salarios reales y el proceso de revalorización de las pensiones. 

Sin embargo, desde la dimensión demográfica, dos son los aspectos en los que esta transición demográfica está teniendo efectos especialmente agudos: los esquemas de pensiones y los sistemas de salud. En el primer caso, creando una mayor insuficiencia financiera en los esquemas de jubilación, lo que inducirá menores tasas de reemplazo y, en consecuencia, afectará las tasas de consumo y los niveles de bienestar de la población pensionada. Y, en el segundo caso, creando una creciente necesidad de recursos públicos hacia los sistemas sanitarios, con especial énfasis en el rubro de los cuidados a largo plazo.

De esta manera, el informe enfatiza en la necesidad del diseño e implementación de políticas públicas que coadyuven a la protección los niveles de bienestar social; políticas públicas que, por una parte, creen incentivos para elevar los niveles de ahorro para la jubilación y, por la otra, se apoyen en la creación de asociaciones público-privadas que permitan fortalecer los sistemas de salud. Complementariamente, es indispensable que las políticas públicas tomen en cuenta el enfoque de la economía del envejecimiento; esto es, la adopción de modelos de relación laboral para que los mayores puedan seguir contribuyendo a la actividad económica, lo cual permitirá no solo actuar positivamente en la dimensión económica del problema, sino también aprovechar el conocimiento y el valor que representa esa generación.

Es momento de identificar los retos que tenemos frente a nosotros, así como reflexionar sobre las alternativas y oportunidades de transformación e innovación que nos ayudarán a enfrentarlos. La transición demográfica del mundo abre una puerta a todos los sectores: a las empresas, para comenzar a valorar el talento de los mayores; a la sociedad, para propiciar un nuevo arreglo institucional que les ofrezca mayores niveles de bienestar, y a los gobiernos, para que implementen políticas públicas que permitan convertir en oportunidades los retos inmediatos que esta realidad demográfica plantea. Es un gran desafío y una enorme responsabilidad para todos.

 

Contacto:

Manuel Aguilera Verduzco, Director General del Servicio de Estudios de MAPFRE

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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