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En octubre de 2018, el puente que cruza el río Suchiate y conecta a México con Guatemala se vio colmado de personas que avanzaban en caravana con destino al norte. El objetivo era el mismo de toda la vida: Estados Unidos; pero optaron por hacerlo de manera masiva para evitar violaciones, secuestros y asaltos.

Este camino inseguro es la alternativa a la violencia y la pobreza que han escalado en Centroamérica. En El Salvador, por ejemplo, hay una tasa de 83 asesinatos por cada 100,000 habitantes (según el Banco Mundial) y se calcula que existen entre 30,000 y 60,000 personas que pertenecen a pandillas, un número elevado para un país de poco más de 6 millones de habitantes. A 10 años de un golpe de Estado, en Honduras el día a día es similar, con 57 asesinatos por cada 100,000 habitantes.

“Los migrantes no decidieron ir juntos para llamar la atención; fue una forma de protección. Durante esos días, hubo quienes se separaron, y eso significó tomar las rutas más peligrosas y apartadas; exponerse”, dice el periodista español Alberto Pradilla, autor del libro Caravana, Cómo el éxodo centroamericano salió de la clandestinidad.

El reportero explica que el desplazamiento masivo obedece a que los centroamericanos enfrentan pobreza, violencia y gobiernos corruptos: “A los migrantes ya les había dado la espalda su propio gobierno. En Guatemala, seis de cada 10 personas son pobres; también en Honduras. En El Salvador, tres de cada 10 son pobres”.

Del río Suchiate a Tijuana, el texto muestra las historias de personas que buscan un mejor trabajo, un espacio seguro para que sus hijos crezcan o, simplemente, un lugar donde puedan caminar con tranquilidad.

Pero, a pesar de la hostilidad del camino, hay muestras de hospitalidad y acompañamiento.

“Hubo mucha gente que se trasladó a los albergues a dar ropa, comida; hubo organizaciones religiosas que acompañaron a la caravana para evitar que fueran víctimas de abusos; religiosas que pedían apoyo a transportistas…”, comenta.

Del lado negativo, el libro también retrata las marchas antiinmigrantes registradas en Tijuana: “Eran marchas de apenas 300 o 500 personas. Era extraño ver eso, porque no se puede entender a Tijuana sin la migración. Vemos que surge xenofobia, personas con discursos similares al de Trump; hay fake news, estereotipos”.

Al cuestionarlo sobre el papel de México como país de tránsito, Pradilla explica que la migración no puede verse como una cuestión de orden público: “Estamos ante una crisis humanitaria. El muro lo ha construido México con la Guardia Nacional en el sur. La migración no es un fenómeno que pueda verse como algo de orden público. En México, las autoridades conviven con ‘polleros’ y ‘coyotes’; no hay protocolos: el sistema ha estado plagado de corrupción”.

El periodista explica que México tiene un enorme reto, pues el flujo de personas no se reducirá en tanto la gente no tenga condiciones para permanecer en sus países de origen.

“Para ellos, es importante llegar a Estados Unidos. En sus países, entre el 12 y el 20% del PIB es [aportado por] remesas. México no se ve como un país para quedarse. Quizá lo ven como opción B, pero no el sur, porque hay muchas pandillas”, indica.

Afirma que la migración es un fenómeno complejo que los gobiernos no están abordando de una forma que coloque a las personas y sus derechos en el centro de las políticas.

“El sistema puede poner más policías, pero la gente seguirá queriéndose marchar. Si México elige ser el muro, seguirán las violaciones contra los migrantes”, concluye.

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Caravana, Cómo el éxodo centroamericano salió de la clandestinidad se publicó en junio de 2019, bajo el sello Debate, de la Editorial Penguin Random House

 

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