Un escenario construye credibilidad y valor, cuenta una historia y tiene el poder de hacer memorable una marca o una experiencia.

 

Imagina por un momento un par de zapatos Chanel o Jimmy Choo puestos en una tienda de zapatos ubicada en el interior de un mercado de la Ciudad de México, ¿pagarías 1,500 dólares por ellos?, ¿creerías que son auténticos? Ahora imagina los mismos zapatos en una tienda en un centro comercial del Strip en Las Vegas, pesadas puertas de entrada de 3 metros de altura, piso de mármol italiano, espejos gigantes adornando las paredes, una alfombra roja que guía tu camino y un candil de 60 luces colgando del techo, los zapatos se exhiben en una vitrina de cristal, se escucha una música lounge suavecita y todo huele a un aroma cítrico que, sin empalagar, envuelve al cliente; ¿le creerías, tendrías confianza, pagarías los 1,500 dólares?

Las marcas no sólo venden productos, también venden escenarios alrededor de los productos. Un escenario construye credibilidad y valor, cuenta una historia y tiene el poder de hacer memorable una marca o una experiencia.

Innovar es agregar valor, y podemos innovar transformando los escenarios alrededor de los productos o servicios para agregarle valor al cliente y a tu marca. Cada elemento perceptible en el escenario de tu marca trasmite significados, construye un posicionamiento y dependiendo del posicionamiento que deseas para tu marca sea el escenario a construir, no a la inversa.

El ser humano es una máquina de asignar significados a todo lo que ve; y administrar significados del pasado para interpretar lo que percibe en el presente y en el futuro, una cortinas rojas de terciopelo en un entorno semi-oscuro generan el significado de sensualidad; una persona en un estadio envuelto en una bandera y llorando genera el significado de nacionalismo y equipo derrotado; un restaurante vacío a plena hora de comida significa que tiene mala reputación.

El famoso Neurocirujano Paul D. Mclean afirmó en 1952 que en realidad en la cabeza del ser humano coexisten tres sistemas neurológicos, a los que bautizó como el Cerebro Cortex (el procesador cognitivo), el Cerebro Límbico (el procesador emocional) y el Cerebro Reptílico (el procesador instintivo) y cada uno actúa motivado por significados distintos que perciben e interpretan de los escenarios de los productos o servicios. Por ende, cuando diseñes el escenario ideal para tu marca, ten el mente el posicionamiento que quieres lograr, los elementos perceptibles que van a emplear y que diferentes grupos de estos conquisten los tres cerebros de tu consumidor, de lo contrario uno de ellos se opondrán y saboteará la compra.

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