Por Luis Durán

Ahora que estamos en búsqueda de soluciones para las tasas tan altas de inflación que estamos viviendo, vuelve a aparecer el fantasma del control de precios como una opción para lograrlo. Para una economía que necesita salir de una crisis al mismo tiempo que debe reducir la inflación, nada más peligroso que acudir a esta herramienta. 

Está ampliamente comprobado que los controles de precios no sirven para mitigar la inflación y, al contrario, tienen un efecto muy nocivo para la estabilidad y crecimiento de una economía como la mexicana. Basta analizar los casos históricos de control de precio para entender rápidamente que no funcionan. Por ejemplo, el control de precios en los granos de la Francia del siglo 18 que únicamente resultaron en un mercado vacío de granos y, además, se desarrolló una mayor escasez, lo que resultó en disturbios generalizados por todo el país. El siglo pasado proporcionó muchos ejemplos de problemas económicos generados por el control de precios en la Europa comunista. Una escasez generalizada de prácticamente cualquier producto que resultaba en colas interminables para conseguir hasta el producto más básico como la leche o el pan. Políticas como éstas derrumbaron esas economías y esos regímenes políticos. 

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Mi mejor maestro me enseñó hace muchos años que la determinación de los precios de mercado a través de la interacción dinámica de la oferta y la demanda es el componente más básico en cualquier economía. Las preferencias de los consumidores por un producto determinan la cantidad que comprarán a un precio determinado. Los consumidores comprarán más de un producto a medida que su precio disminuya, en igualdad de condiciones. Las empresas, a su vez, deciden cuánto están dispuestas a suministrar a diferentes precios. En general, si los consumidores parecen dispuestos a pagar precios más altos por un producto, entonces más fabricantes intentarán producirlo, aumentarán su capacidad de producción y realizarán investigaciones para mejorar el producto. Por lo tanto, los precios esperados más altos conducen a una mayor oferta de bienes. Esta interacción dinámica produce un precio de mercado de equilibrio; cuando compradores y vendedores realizan transacciones libremente, el precio resultante hace que la cantidad demandada por los consumidores sea exactamente igual a la oferta producida por los vendedores. Pero cuando un gobierno adopta un control de precios, define el precio de mercado de un producto y obliga a que todas, o un gran porcentaje, de las transacciones se realicen a ese precio, en lugar del precio de equilibrio establecido a través de la interacción entre la oferta y la demanda. Dado que la oferta y la demanda cambian constantemente en respuesta a los gustos y los costos, pero el precio del gobierno cambiará solo después de un largo proceso político, el precio del gobierno nunca será un precio de equilibrio. Esto significa que el precio del gobierno será demasiado alto o demasiado bajo.

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Cuando los precios se mantienen por debajo de los niveles naturales, recursos como el talento y el capital de los inversionistas abandonan una industria para buscar un mejor rendimiento en otros segmentos de la economía. Esto significa que habrá menos descubrimientos e innovaciones, y menos productos nuevos estarán disponibles para los consumidores. Con frecuencia, este cambio ocurre a largo plazo, más que el mandato de cualquier responsable de la formulación de políticas. 

Por lo tanto, es de vital importancia recordar a nuestros responsables de la formulación de políticas económicas los efectos de los controles de precios ahora que nuevamente se proponen como política gubernamental.  

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Contacto:

Luis Durán es Presidente del Comité de Difusión de Coparmex

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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