Por Manuel Grajales e Ismael Jiménez

Esta historia fue publicada en la edición impresa de mayo de 2018 de Forbes México.

Un gancho al hígado fue el que recibió el libre comercio en 2017, luego de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos y anunciara su salida de los tratados comerciales, al señalarlos como principales causantes del déficit que presenta ese país frente a sus socios comerciales.

Durante más de tres décadas, las compañías habían asumido como algo natural el libre tránsito de mercancías, creando, con ello, grandes cadenas de proveeduría globales; pero la elección que llevó a Trump al poder trajo al escenario, de nuevo, el proteccionismo y, con éste, las reglas del juego de la gran manufactura y el comercio, que parecían claras, se tornaron confusas.

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La pronta salida de Estados Unidos del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) y la amenaza de cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cubrieron de nubes negras el horizonte de negocios en México y el mundo, generando un ambiente de incertidumbre.

Pasados los meses, el recuento de los daños no es tan desfavorable para México. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía, la Inversión Extranjera Directa (IED) recibida el año pasado alcanzó los 29,695 millones de dólares (mdd), número 11.1% superior al registrado en 2016.

De ese monto de IED, 46.3% provino de Estados Unidos, pese a lo dicho una y otra vez por Trump. Los mayores flujos de esa inversión se canalizaron hacia la industria manufacturera, con 45.3%, seguidos muy de lejos por transporte, correo y almacenamiento, con 10.8%. Del total, 11,428 mdd se registraron como nuevas inversiones.

En tanto, también en 2017, las exportaciones totales crecieron 9.5%, mientras que las manufactureras lo hicieron en 8.5% y, las del sector automotriz, en 11.8%, de acuerdo con datos de ProMéxico. Son datos positivos, si se toman en cuenta las arengas de Trump contra el gobierno y la economía de México desde que asumió el cargo.

Los números son optimistas, hasta ahora. Falta por ver cuál será el impacto de los cambios fiscales en Estados Unidos en los flujos de capitales que las grandes corporaciones estadounidenses dirigen hacia los países en los que tienen operaciones.

“El resultado neto es que fue un año complicado, sobre todo en lo que se refiere a inversiones grandes”, resume Daniel Alanís, partner de Boston Consulting Group (BCG). “Muchas compañías están deteniendo estas decisiones o esperando a ver cómo van a quedar las renegociaciones del TLCAN para, a partir de ahí, analizar mejor hacia dónde dirigirán sus próximas inversiones”.

El lento avance de las renegociaciones del TLCAN, aunado a la confrontación arancelaria entre Estados Unidos y China, podrían enrarecer aún más el entorno y llevarlo a un periodo de mayor incertidumbre. Basta recordar que, en abril de 2017, el gobierno de Estados Unidos dio a conocer una lista de 1,300 productos de origen chino a los que impondría aranceles y que, en marzo pasado, el presidente Trump anunció la imposición de aranceles al acero, commodity en el que el país asiático es líder mundial.

Aun así, las corporaciones pueden sacar ventaja de estos nuevos escenarios o, al menos, tratar de mitigar el impacto económico en su negocio, mediante planes de contingencia para estar prevenidos.

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Foto: Alejandro Cegarra/Bloomberg via Getty Images

La hora del cambio

Es probable que Estados Unidos haya calculado que, en los primeros rounds, podría ganar una pelea con México. Pero, como rival, el contendiente asiático sería mucho más difícil de vencer.

“Me ha sorprendido que las compañías no estén más alarmadas ante este escenario proteccionista de Trump”, dice Daniel Alanís, de BCG. “De llegar a reglas muy duras en el TLCAN, podría haber un impacto muy fuerte para los negocios de ambas naciones y tendrían que repensar y, probablemente, rediseñar sus cadenas de suministros, en las que han invertido varios miles de millones de dólares en los últimos 20 años”.

De materializarse, e incluso incrementarse, la imposición de aranceles a productos de China, podría fortalecerse una guerra comercial que pusiera en jaque los ingresos y utilidades de muchas de las grandes firmas trasnacionales.

Aunque la situación tampoco es para alarmarse. “Algunos países, ya sea por decisión propia o como reacción a la política de otras naciones, están decidiendo ser más proteccionistas, y eso cambia la reconfiguración, pero también se abren grandes oportunidades”, señala Óscar Silva, experto en estrategia global de KPMG México.

Uno de los escenarios sería que, al declararse una guerra comercial, China dejara de comprarle carne a su principal proveedor, que es Estados Unidos. En ese caso, las empresas mexicanas podrían aprovechar para venderle carne a la nación asiática.

Ejemplos como el anterior permitirían a las compañías aprovechar la reconfiguración del comercio global para encontrar y aprovechar nuevos mercados.

El “Primer informe global de costos”, de 2017, elaborado por Deloitte, resalta que 86% de las empresas a escala global piensan establecer acciones que les permitan reducir sus costos para mitigar escenarios adversos de la economía global durante los próximos 24 meses. En la región latinoamericana, esta cifra se eleva a 96%.

La encuesta, elaborada por la consultora entre más de 1,000 ejecutivos de Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y Asia-Pacífico, también arrojó que 80% de las corporaciones esperan aumentos en sus ingresos en el siguiente año y medio, y 48% tienen como prioridad incrementar sus ventas en los próximos dos años.

“El entorno de incertidumbre está llevando a las empresas a replantear sus modelos de negocios, ya sea para prever situaciones adversas o para tomar ventaja de cosas positivas que están ocurriendo en el mercado”, asegura Froylán Campos, socio líder de Transformación Estratégica de Costos de Deloitte México.

Para encontrar esos nuevos negocios en otras latitudes están los acuerdos de libre comercio con países a los que México prácticamente no les vende nada. La mayoría de las compañías, sobre todo en nuestro país, están muy acostumbradas a venderle a Estados Unidos y no han querido diversificar sus negocios, pese a que el país cuenta con acuerdos comerciales con 45 naciones.

“Lo que deberían estar haciendo las empresas es un análisis de oportunidades en nuevos mercados”, resalta Silva”. La realidad es que, en el proceso, te das cuenta de que no es tan complicado venderle a otros países”.

Sin embargo, el estudio “Perspectivas de la alta dirección en México 2018”, de KPMG, señala que sólo 31% de las empresas en México planean expandir sus operaciones a otros países en los próximos tres años; de ese universo, 39% tienen como prioridad expandirse, principalmente a Estados Unidos, seguido por el interés de incursionar en Colombia (23%), Chile (18%) y Perú (17%).

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Foto: Carlos Tischler/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

Ajustar las cadenas

Los especialistas no dejan de resaltar que hay una idea en común de que el libre comercio es benéfico para todas las partes, aunque la administración de Trump no lo piense así. Por ello, a la iniciativa privada le cuesta entender que las reglas del juego puedan cambiar.

Dependiendo de cuáles sean las medidas que se puedan adoptar en los años por venir, habrá compañías que sean más o menos afectadas; incluso, algunas podrían terminar beneficiándose, dependiendo de cómo estén organizadas sus cadenas de suministros y dónde posean la mayor parte de sus procesos de producción, o en dónde se ubique la mayoría de sus clientes.

Los especialistas coinciden en que, para México, realizar, en el corto plazo, un cambio en cuanto al destino de sus exportaciones es casi imposible. Pero a nivel de empresas, éstas pueden reaccionar y llevar a cabo estos cambios de una manera mucho más inmediata.

Alanís ejemplifica que en BCG han trabajado con una empresa de alimentos en México que importa la mayor parte de sus insumos de Estados Unidos. En un escenario en el que se cancelara el TLCAN y México respondiera imponiendo aranceles a productos agropecuarios del vecino país, la compañía en cuestión podría ver gravemente afectada su base de costos.

¿Qué hacen para prevenir este escenario? La firma envió un equipo de compras a Sudamérica para hacer contactos con proveedores, iniciar procesos para certificarlos y para evaluar su calidad. De tal forma que, si llegara a darse el caso, podría, casi de inmediato, dejar de comprar en la Unión Americana y dirigir su mirada hacia el sur del continente.

“Es momento de repensar la estrategia y el portafolio de negocios, tanto en términos de riesgo, como de producto. Se trata de tener compañías suficientemente flexibles para que puedan responder al cambio que supone no sólo la adopción de políticas económicas de algún país en particular, sino también la llegada de una empresa disruptiva que pueda transformar un sector o industria.

El uso de las nuevas tecnologías en los procesos de negocios podría ser un factor fundamental para lograr estos objetivos. “Creemos que debería haber un replanteamiento de las cadenas productivas, sobre todo porque la tecnología está evolucionado y las empresas están empezando a sacar provecho de ello para ser más eficientes y mantenerse competitivas”, comenta Campos.

El estudio de Deloitte resalta que las tecnologías de nueva generación tienen un impacto estratégico en los costos. “La automatización robótica de procesos [RPA], analytics y tecnologías cognitivas, que están creando nuevos niveles de eficiencia operativa, pueden convertir los costos en una gran ventaja competitiva.”

Evidentemente, todos los cambios que podrían generarse en los años por venir les pondrán una presión extra a los márgenes de ganancia de las organizaciones. Por esta razón, para las empresas mexicanas y latinoamericanas es necesario que comiencen, si no lo han hecho ya, un sistemático esfuerzo por diversificar sus mercados.

Al final, no hay ninguna certeza sobre qué sucederá durante la administración de Donald Trump en materia de libre comercio, pero, si no es con él, en algunos años más podría venir otro presidente de Estados Unidos, o de algún otro país, que volviera a complicar el ambiente de los negocios. Por tal motivo, el objetivo de las corporaciones debería ser que sus procesos de negocios fueran tan flexibles y sus clientes tan diversificados que, en unos años, no volvieran a enfrentar una situación de riesgo, al menos en cuanto a intercambios comerciales se refiere.

Pese a que los especialistas consultados por Forbes México no se pronunciaron en torno de la decisiones y posiciones de Trump, es un hecho que su administración está cambiando el entorno internacional de los negocios y sembrando incertidumbres entre los inversionistas debido a sus repetidos cambios de postura en torno a los temas comerciales.

Pero, más allá del gobierno de Donald Trump, en los próximos años las grandes corporaciones trasnacionales estarán enfrentando diversos fenómenos como el cambio climático, la reconfiguración energética global, la cada vez más palpable digitalización de los negocios e, incluso, problemas sociales como la corrupción e inseguridad, que podrían terminar por transformar la forma en que las empresas han venido haciendo negocios en las últimas décadas.

Es ahí donde aquellas corporaciones que reaccionen tardíamente a estos escenarios podrían ser las grandes perdedoras. A continuación cuáles son las empresas para enfrentar al mandatario estadounidenses.

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