Por: José Fernandes*

Antes de la pandemia por Covid-19, las compañías mineras se enfocaban en tres aspectos clave que se consideraban vitales para su viabilidad a largo plazo: licencia para operar, futuro de la fuerza de trabajo y transformación digital.

La Continuidad Operativa, habilidad para seguir produciendo a pesar de circunstancias externas adversas, es ahora un tema central en salas de consejo y la mente de ejecutivos mineros. Un día de producción perdida representa un gran impacto financiero en las operaciones.

La licencia para operar les permite a las compañías realizar nuevos proyectos y mantener activos los existentes. Hay un gran empuje hacia un mundo más sustentable, en el que las 3R -Reducir, Reutilizar y Reciclar- son las principales reglas. Aunque muchos argumentan que la minería se encuentra en el extremo opuesto de esta tendencia, resulta interesante notar que los productos mineros son altamente reciclables. 

Mucha gente no sabe que casi todo el cobre que ha sido extraído en la historia sigue siendo utilizado. El cobre es uno de los materiales más reciclados en el mundo, con una vida de reciclaje casi infinita.

En cuanto a la reducción, extraer menos va en contraposición directa de la mayor iniciativa para prevenir el cambio climático: movilidad eléctrica.

Un vehículo eléctrico sedán promedio, por ejemplo, contiene entre 50 y 60 kilogramos de cobre, en comparación con los 20 kg de cobre que encontramos en un coche con motor de combustión interna. Además, contiene entre 40 y 60 kg de carbonato de litio en sus baterías.

Para abastecer esta necesidad de cambio, en los próximos años la producción minera, tanto de cobre como de litio tendrá que expandirse en lugar de reducirse. Para México esto es sumamente relevante porque es el octavo país productor de cobre a nivel global.

La pandemia por Covid-19 impactó fuertemente a toda la economía, y la minería no fue la excepción. Las primeras medidas implementadas fueron: empoderar a la gente, evaluar la situación y tomar acciones para preservar la liquidez, asegurar el suministro y entrega al cliente.

En la mayoría de los países de América, la mayor parte de las compañías mineras pudieron superar estas adversidades, pues las actividades del sector se consideraron esenciales para las economías locales. En particular, para la industria minera mexicana es de importancia estratégica, pues representa 8.2% del producto interno bruto industrial y 2.4% del nacional a nivel país. También es una de las industrias que más trabajo genera, con más de 379 mil empleos directos y más de 2 millones indirectos.

La seguridad ha sido una prioridad para las compañías mineras. Prevención de accidentes y gestión de incidentes ha sido un foco importante. Bajo las circunstancias actuales, la detección, monitoreo de distanciamiento social y trazabilidad también se volvieron esenciales.

No sólo los países están estableciendo legislaciones para reforzar las medidas de prevención contra Covid-19, las compañías también se están asegurando de proteger la salud de sus trabajadores y, en caso de detectar un contagio, tener la habilidad de identificar contactos personales de manera rápida.

Centros de Operación Remota Integrada, o variaciones de este nombre, son mencionadas o planeadas por la mayoría de las personas clave en el sector minero. Muchos estudios señalan que habilitar trabajo remoto, plan que ya estaba en muchas agendas, ahora es un concepto esencial, como habilitador de efectividad digital.

Aunque en el pasado reciente muchas compañías vieron a los Centros de Operación Remota como una manera de adoptar la transformación digital e incrementar su eficiencia productiva, el principal impulsor para algunos de los principales casos de éxito fue la continuidad operacional.

En esta crisis, la adopción de trabajo remoto para áreas administrativas ha sido muy rápida en la mayoría de las industrias, incluida la minera. Aunque en la parte de producción, la operación remota de instalaciones de producción minera no es tan sencilla y requiere más esfuerzo, planes claros y guía por parte de expertos.

No sólo es una cuestión de mover una computadora o una cámara. La seguridad y sistemas de comunicación deben ser analizados y habilitados remotamente, lo que requeriría inversión extra en caso de que la tecnología y despliegue sean insuficientes. La redundancia y calidad de las líneas de comunicación, uso de ancho de banda predefinido y localización son fundamentales. La ciberseguridad es indispensable también.

Muchos esfuerzos de operación remota han fracasado en el pasado reciente. Al analizar los motivos, la tecnología y comunicaciones -o la falta de ellas- no han sido las responsables. En la mayoría de los casos, la Gestión de Cambio -la habilidad de definir nuevos procesos adecuados para trabajo remoto en lugar de replicar procesos antiguos-, así como el reentrenamiento y aceptación entre los trabajadores han sido los factores que llevaron dichos esfuerzos al fracaso.

Contacto:

José Fernandes, Vice- Presidente de Honeywell Performance Materials & Technologies, Latinoamérica*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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