Durante el dominio priista, una regla no escrita era que una vez saliendo del poder, los expresidentes no se involucrarían en actividades políticas, a menos que fueran incorporados por el presidente en funciones a actividades administrativas. De alguna manera, la pensión que, hasta hace poco, tenían los expresidentes, cumplía una función de compensación por la aceptación a hacerlo.

Sin embargo, los dos expresidentes panistas no se sintieron impedidos a seguir participando en política e, incluso, el segundo de ellos Felipe Calderón, ha seguido buscando influir no solo en las decisiones del que fue su partido, sino también en buscar regresar a espacios de poder a través de la configuración de una candidatura presidencial para su esposa y, ahora, a través de la organización de un posible partido político. En el caso de Vicente Fox, la fundación que creó después de su salida buscó mantener presencia para él, así como para intentar hacer viable el malogrado proyecto de ubicar también a su esposa, como candidata para sucederlo. En buena medida, la posibilidad de un expresidente para poder construir un futuro relevante después de dejar el cargo depende de los logros de su sexenio, así como la forma en que dichos ellos permean en la aceptación y el recuerdo que la gente tiene sobre él. En el caso de Carlos Salinas de Gortari, el desprestigio generado por su conflicto con Ernesto Zedillo se vio equilibrado por su autoexilio, además de la imagen que se construyó sobre él, como el factótum de todo lo que ocurría en la vida política del país, hasta los temblores que se daban cada vez que venía a México, donde Andrés Manuel López Obrador contribuyó a construir dicha imagen del mismo Salinas.

En el caso de Enrique Peña Nieto, será el último presidente en vivir en Los Pinos, pero, además, será quien tenga los niveles de aceptación más bajos y de desaprobación más altos, de todos los presidentes desde que se miden dichas variables. Más allá de los logros que se pueden mencionar de su sexenio, lo que permea en las personas es el sentido de corrupción que imperó en ese periodo. El fantasma de la casa blanca, las sospechas de financiamiento ilegal a su campaña, donde el caso Odebrecht no ha sido ni siquiera desmentido, el caso Ayotzinapa, el incremento de las condiciones de inseguridad, el rompimiento del tejido social, etc., se cuentan entre los elementos que marcan su administración.

Ante ello, ¿cuál es el futuro que puede construir? El mismo presidente ha dicho que regresará al Estado de México a vivir, ante los rumores de que estaría buscando irse a otro país. A diferencia de otros expresidentes, no podría buscar una posición académica pues, el caso de las sospechas de plagio en su tesis de licenciatura lo inhabilitan para el efecto. El creciente rumor de un posible divorcio también podría determinar una decisión sobre qué hacer, pues fuera de la casa presidencial, su aún esposa podría decidir regresar a ejercer su profesión, de la que se alejó por su condición de esposa del presidente y la imagen de la familia presidencial. Una opción política en el futuro también es improbable, no únicamente por el desprestigio que arrastra, sino porque en el contexto de su partido, su posición no es la mejor pues diversos grupos le consideran el principal causante de la debacle priista.

Paradójicamente, quien le ha construido una salida digna es el mismo López Obrador, no únicamente por el tono de su discurso durante la campaña, sino por la forma en que se ha planteado su relación después de la elección, así como por el reconocimiento que él y su equipo han hecho, sobre los logros generados durante su sexenio, mismos que, por otro lado, Morena busca desmantelar. Entonces, ante los límites de lo que no puede hacer, se pueden ubicar las cosas que si podría hacer, que es regresar al Estado de México, donde puede tener cierta aceptación y un espacio controlado, o salir del país, para esperar que su imagen se rehabilite, si es que se da el caso en el futuro.

 

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