En la última década, la web cambió la manera como se comunica la gente y cambiará la forma en que se crea literatura digital.

 

 

El libro electrónico está dando sus primeros pasos serios hacia un mercado masivo, pero aún tenemos el problema de que no existe un formato estándar para él.

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¿Cómo se puede acelerar la adopción del e-book si tiene problemas para que sus usuarios puedan leerlo en cualquier dispositivo o plataforma?

La problemática de un formato estándar para contenido no es nueva ni exclusiva de la industria editorial y deriva de una técnica de negocios conocida como “Adoptar, Extender y Extinguir”, en que lo que se busca es dejar a los competidores fuera del mercado forzándolos a usar tecnologías no estándares controladas por un solo proveedor. Esta técnica se utiliza cuando hay un vacío en la definición de formatos estándar y se implementa por medio de la participación de mercado de un producto exitoso para forzar un estándar de facto. Lamentablemente, esta técnica tiene consecuencias nefastas para el mercado y el consumidor, ya que limita artificialmente la creatividad y la competencia.

En el mundo de los e-books hay varios ejemplos de “Adoptar, Extender y Extinguir”, desde la definición propietaria del formato PDF en sus inicios por Adobe –misma que revirtieron en 2008 al volverla estándar ISO– hasta las definiciones de los formatos iBooks de Apple y KF8 de Amazon. Cada compañía crea formatos propietarios de e-books que sólo se ven en sus dispositivos con la intención de obligar a editoriales y autores a publicar en una sola plataforma. Lo que en realidad sucede es que limitan los medios en los que un lector puede acceder al contenido que le interesa.

Existen formatos que pretenden resolver el problema de interoperabilidad, como ePub y HPub, ambos basados en HTML, el mismo estándar con el que se crean las páginas y los sitios web que además integran capacidades para incluir audio, video, animación, interactividad y conexión a servicios en Internet.

La web es una plataforma sólida que ya tiene más de 20 años de uso. Las personas ya saben cómo interactuar con una página web y la tecnología detrás de ésta –navegadores, lenguajes y protocolos– es de dominio público. La web ya cambió la manera en que se comunica la gente en la última década y cambiará la manera en que se crea literatura digital, pero ése es un tema para otro día.

La web le provee a los e-books y a sus creadores de una plataforma sólida y abierta de desarrollo y una red de distribución para venta directa en todo el mundo y en cualquier dispositivo. Con la tecnología puesta en la mesa, es cosa de poner manos a la obra.

 

 

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