En años pasados, China volteaba a ver constantemente a Estados Unidos en busca de innovaciones para imitar. El poder que acumularon “los cinco grandes” — Google (Alphabet), Facebook, Apple, Microsoft y Amazon— y la falta de grandes compañías de tecnología en China, provocaron que su economía quedara fuera de la conversación mundial sobre tecnología y el futuro.

En la actualidad, el crecimiento que está teniendo China es considerado como “inteligente”. Utilizando el internet y a sus 700 millones de internautas (la población total de China es de casi mil cuatrocientos millones de personas), la economía china está siendo más productiva, innovadora y con un mayor consumo interno— y apenas es el comienzo de su expansión.

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Con el control que ejerce el gobierno chino sobre la información que circula en el país y con la impresionante infraestructura tecnológica que se está creando, China nos presenta un fascinante microcosmos sobre el futuro del internet que vale la pena explorar.

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Apps y su centralización

China ha encontrado una forma de continuar creciendo e innovando. Hace unos años, cuando los precios materias prima se desplomaban en el mundo, analistas y expertos se preguntaban si China sería capaz de dejar atrás su crecimiento dependiente de manufacturas y hacer la transición hacia uno basado en servicios. Ahora sabemos la respuesta, ejemplificada en el uso de aplicaciones – o apps—que se da dentro del país.

Para los 700 millones de chinos que se encuentran en el internet, un día normal en su vida digital puede vivirse sin salir de WeChat, una aplicación que salió al mercado en 2011 como otro servicio más para mandar mensajes de texto.

Hoy en día, WeChat ha evolucionado para convertirse en un todo-en-uno. Por ejemplo, reservar un restaurante, pagar el recibo de electricidad, ordenar un plomero a domicilio, compartir fotos, mandar mensajes de texto, escuchar música, usar un servicio de citas en línea (similar a tinder), y docenas de servicios adicionales, se hacen a través de WeChat.

El mundo de hoy demanda comunicación sin fricciones. Nuestras vidas en el internet se rigen cada vez más por un contrato social tan bien establecido como el de nuestras vidas en el mundo físico. Las compañías chinas son quienes ahora dominan este nuevo panorama.

En occidente, el mundo mira con ojos de ilusión a lo que WeChat ha logrado y ahora trabajan en copiar este modelo. Messenger, de Facebook, hace unos meses anuncio el inicio de su cooperación con Uber, para poder solicitar un carro sin tener que salir de la aplicación. En Twitter ahora se puede stream video en vivo. Alibaba, el gigante de comercio electrónico, cuenta con su propia red social en China, llamada Taobao, donde los usuarios forman parte de grupos de discusión centrados en temas relacionados con las compras (por ejemplo, ideas para baby showers, extractores de jugo, máquinas de ejercicio). ¿El objetivo? Darle un tono social y de comunidad a la experiencia de comprar en línea y, obviamente, hacer que la gente compre más.

 

¿Adiós a la privacidad?

El impresionante ejemplo de WeChat viene también con una advertencia. Que una compañía tenga tanto poder e información sobre sus consumidores la convierte en un monopolio extremadamente poderoso. Estas compañías también tienen acceso a los patrones de consumo y hábitos de los millones de personas que diariamente tienen acceso a sus servicios. Esta centralización de servicios provoca que exista un extraordinario flujo de datos e información— prácticamente gratuita—hacia todas estas empresas, que continúan guiando nuestras vidas. Lo desalentador es que es poco probable que esta situación cambie y al final el mundo probablemente se divida entre las grandes compañías de tecnología de Estados Unidos y aquellas de China, con unos cuantos casos aislados en otras regiones. Por ejemplo, Amazon, que por 20 años reportó pérdidas anuales y que sobrevivió debido al apoyo y confianza de sus inversionistas, hoy representa un monstruo de comercio electrónico en occidente capaz de aplastar a la competencia, haciendo a Jeff Bezos, su fundador y CEO, la quinta persona más rica del mundo. Con Uber sucede una situación similar.

Lo que convierte en aterrador el caso de China es que esta información va a parar al gobierno, famoso por el agresivo control de la información que ejerce sobre su población. Pero como lo demostró Edward Snowden y sus revelaciones sobre la red de vigilancia global,  el gobierno de Estados Unidos, así como otros en el mundo, no saben manejar el acceso a la información que le ha permitido la tecnología, y sus violaciones de privacidad han sido grandes.

El futuro se muestra asombroso y preocupante. El poder que continúan acumulando los grandes gigantes del internet también permite que la imaginación humana rebase sus límites y que nos encontremos al borde de innovaciones sin igual, desde turismo a Marte hasta alcanzar la inmortalidad. Por otro lado, si continuamos dejando que agentes externos sean dueños de nuestros hábitos y gustos sin regulación alguna, fuera de facilitarnos la vida nos podemos encontrar ante una realidad donde ya no seamos los amos de nuestro futuro—de nuestras decisiones—sino simples peones en un mundo fabricado sin nuestra opinión.

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