¿Cómo cambiarán las redes sociales la forma de hacer marketing? Si yo tuviera que apostarle hoy a una solución, mi presupuesto estaría en big data. Este terminajo, del que todos hemos oído hablar, ofrece, en mi opinión, la respuesta.

 

Hace unos días me bajé del avión en un aeropuerto de Sudamérica. Me maravilló lo bonita que estaba la terminal nueva, y no dudé en tomar una foto y compartirla en Twitter. Me acerqué a la salida, preparando ya mi solicitud de Uber. El chofer me envió un mensaje para ubicarme, y, al subirme, lo primero que vi al frente del tablero del auto fue un iPad, un GPS, dos celulares y uno de éstos con Waze activado. El chofer me ofreció un cargador para mi celular y me dispuse a contestar correos. Todo esto lo hacemos hoy en día con la mayor naturalidad del mundo, pero hace 15 años se trataba de escenas sacadas de Volver al futuro.

Tanta conectividad, tanto acceso permanente a la información, tanto acceso a redes sociales, hacen evidente que estamos sobreconectados, y no es sorprendente que bloqueemos al menos el 60% de los estímulos que recibimos en el día. Haz el ejercicio y piensa si logras recordar el último comercial que viste anoche (eso, por supuesto, si aún ves televisión abierta y no eres #netflixbingers).

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Hace un par de años se habló del marketing de permiso como la solución. Seth Godin, padre de esta teoría, dice que “el marketing de permiso es el privilegio (no el derecho) de entregar mensajes anticipados, personales y relevantes a la gente que realmente los quiere. Reconocer el poder del nuevo consumidor de ignorar los esfuerzos de marketing, y tratar al público con respeto es la mejor forma de ganar su atención.” Esto causó que hoy todos, sea un changarrito o un corporativo, sepamos la necesidad de “ser sociales”; invertimos dinero en tener un community manager y adquirir seguidores, y la realidad es que, aunque hemos generado métricas para saber si somos exitosos y cantamos nuestros logros en nuestras muy visuales infografías en las revisiones trimestrales, en el fondo nos preguntamos –en inglés, como buenos yuppies– “is it all worth it?”, y nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien.

En mi opinión, estamos explorando aún la punta del iceberg y me recuerda cuando, a finales de los años noventa, se decía que el eCommerce transformaría el mundo. Yo creo que lo hizo, pero no como lo imaginábamos en un principio. No son las tiendas tradicionales las que abrieron los portales de ventas más exitosos. Son nuevos jugadores como Amazon, Linio y MercadoLibre los que se han vuelto el dolor de cabeza de los retailers, a tal grado que algunos hablan de que las tiendas, como las conocemos hoy en día, desaparecerán y tendremos drones entregándonos el supermercado en casa.

¿Cómo cambiarán las redes sociales la forma de hacer marketing? Creo que sigue siendo una interrogante. Si yo tuviera que apostarle hoy a una solución, mi presupuesto estaría en big data. Este terminajo, del que todos hemos oído hablar, ofrece, en mi opinión, la respuesta. Big data –entre muchas aplicaciones– permite utilizar las redes sociales para conocer en profundidad a nuestros clientes y enviarles mensajes trascendentes, no invasivos, y, aunque suene trillado, “hechos a la medida”.

Imaginen de nuevo el mismo escenario del principio, pero explotando las capacidades del big data: bajo del avión, posteo en Twitter; Uber, de esta forma, sabe que llegué y me ofrece el carro en automático. Con base en esto, Facebook me recuerda mis restaurantes favoritos en esa ciudad y Waze detecta los que están de camino o cerca de mi hotel, y me ofrece un descuento en el consumo… Creo que es así como podría verse el futuro.

 

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