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Estados Unidos supera las 200,000 muertes confirmadas por Covid-19

Según Darwin los humanos tienen alta capacidad de adaptabilidad ante situaciones adversas, y después de casi cinco meses…150 días… viviendo el impacto de la mezcla Pandemia-Confinamiento-Recesión, además de las proyecciones alrededor de la vacuna, rebaño, y reactivación; la gran mayoría ha logrado aceptar (o resignarse) a vivir una existencia que dista de 2019, y que volver a ese momento es poco factible, porque como dice el Doctor Fauci ‘el tapabocas vino para quedarse hasta que el Covid-19 deje de ser una amenaza’. Aceptación + Adaptación = 2020.

Y más allá de los consejos que diferentes tipos de terapistas han dado sobre cómo vivir este Momentum, la realidad demuestra que la falta de control en la propagación de la enfermedad genera un ‘efecto cadena’, con dos consecuencias masivas en términos psicológicos en el corto y mediano plazo: el posicionamiento de la incertidumbre como ‘sentimiento central’ de los seres humanos, y el detrimento en las habilidades sociales de muchos, ante la imposición del distanciamiento social.

También es evidente que el imaginario colectivo logra en algunos casos deslegitimar el impacto de la enfermedad a partir de patrones comunes a nivel global, que incluyen los que afirman que el Covid-19 no es grave (o no existe), otros que están más preocupados por entender quién está detrás, los que atañen su destino a los dictámenes de su credo religioso o espiritual, y finalmente aquellos que por necesidad laboral o emocional se ‘lanzan a la suerte’, todos bajo la justificación del nivel de novedad de la enfermedad.

Por supuesto ‘cada quien cuenta su fiesta’ implicando que la forma en la que se vive la pandemia hace que su evolución -mentalmente hablando- sea radicalmente diferente, y que visto desde las ciencias del comportamiento dependerá de diversos factores como la cantidad de personas que conviven, el área del espacio de confinamiento, el nivel de acceso de bienes y servicios, capacidad de apropiación de tecnología, cantidad de roles que debe asumir, perfil de interacción social, contacto con la naturaleza…

Es difícil generalizar, sin embargo los hábitos derivados del momento actual… estilo de vida en casa, déficit de socialización, incremento de actividades en pantallas, desocupación – sobreocupación, etc.; después de haber sido adquiridos por más de 60 días o 220 horas, vislumbran los nuevos patrones, las consecuencias de vivir bajo la amenaza relativa de enfermedad, en medio de tecnologías que unen y multiplican la productividad, mientras la distancia física y mental crece. Como siempre, y dándole continuidad a Umberto Eco y su obsesión con las listas, el futuro próximo del comportamiento humano se puede resumir en diez características.

Rutina del Desorden. Con la mezcla de vida laboral y personal dentro de casa, la rutina con un espacio enfocado para cada cosa desaparece. Las personas pasarán a tener días con una lista de pendientes, donde hacer ejercicio a las 11 a.m y reportes de gestión a las 11 p.m un domingo es normal. Se prevé un aumento en los casos de insomnio.

Elogio a lo Básico. Apreciar lo pequeño. Valorar las cosas que antes se daban por sentadas será parte del modus operandi, en su mayoría relacionado con una añoranza de los momentos, espacios y experiencias del pasado. Los espacios de encuentro y conexión con la naturaleza tendrán otro valor.

Enfoque en el Presente. Para muchos la pandemia ha significado dejar de planificar, ya sea por restricciones impuestas, ausencia de ingresos, o por simple cansancio… cada día llega con lo que viene y es irrepetible. Veremos a las personas llevar a cabo todo aquello que ‘habían pospuesto’ en su vida.

Cierre del Círculo. Paulatinamente, los efectos del encierro se hacen evidentes y las personas disminuyen el número de participantes de su círculo social, familiar y laboral. Las relaciones que trascienden lo virtual se hacen más importantes y el sentimiento gregario llega. Ser amigo de los vecinos se vuelve la nueva forma de socialización.

Masificación de la Soledad. Con el confinamiento el aislamiento emocional se intensifica generando dos caminos: por un lado muchos encontrarán en su interior la mejor compañía. Los divorcios se incrementan. También aquellos que su incapacidad para manejar la soledad se intensifica… el famoso ‘amor en tiempos de Covid’.

Paranoia Permanente. Con la amenaza de tener una nueva pandemia, o guerras, desastres naturales, escases… que unido con la mezcla entre noticias y ‘fake news’, creará una sociedad que constantemente está ‘al límite’. Una nueva división social entre ‘creyentes’ y ‘escépticos’ abrirá otra versión de la polarización.

Perdida de la Infancia. Mientras pasan los días los niños y adolescentes pierden los momentos que determinarán su personalidad y se reemplazan por virtualidad, higiene, y encierro. Se pronostica una generación completa con serias dificultades de interacción y ansiedad, que no logró tener (y extraña) el concepto de ‘ser niño’.

Encierro como Normalidad. Con poblaciones de alto riesgo (niños, adultos mayores, personas con obesidad, etc) vivir encerrado se convertirá en la nueva forma de normalidad, donde la desesperanza por no salir, ira de la mano con la recursividad para transformar los espacios. Se prevé un incremento en los casos de agorafobia.

Ausencia de Privacidad. Entre el aumento en el uso en las herramientas de traqueo, los espacios reducidos de vivienda en población vulnerable (o mega-ciudades), y la incertidumbre, tener espacios y momentos de privacidad se convierten en pequeños oasis, que casi serán de alta necesidad, lujo y deseo.

Identidades Líquidas. Antes de la pandemia las relaciones se podían ‘bloquear’ o ‘eliminar’ con un ‘swipe’. Esto evoluciona hacia la identidad, desde apps para alteraciones fotográficas, hasta videos deepfake donde puede hacerse pasar por otro. Más allá de género, un día podrá ser una chica de 15, y al otro un hombre de 50.

Para los expertos en comportamiento humano y los psiquiatras, los que tratan las necesidades mentales comienzan desde ya un momento de mucho trabajo (y lucrativo… los portales de telemedicina avisan que su aumento en la demanda de estos servicios es de al menos un 40%), mientras se preparan para un incremento masivo en los casos de estrés postraumático, además de la llegada por primera vez de muchos que antes no frecuentaban a estos especialistas (‘convencionales’ y ‘alternativos’), que serán cruciales para tener una existencia mucho más positiva bajo la nueva realidad.

En el caso de los empresarios y el mundo de los negocios, la estrategia estará en poder desde la distancia apoyar a su fuerza de trabajo en la inevitable migración a estos nuevos comportamientos, entender qué tanto afectan el desempeño del negocio, y por supuesto adaptarse. Aunque este ha sido el año de las adaptaciones, entonces no parece un reto grandilocuente, además la resiliencia está en su más alto nivel.

Ps. Con esta columna cumplo cinco años en Forbes, y si bien todo ha cambiado desde ese día, habrán dos hechos que siguen perdurando en el tiempo y me brindan estabilidad y constancia (valores tan escasos actualmente): La credibilidad, capacidad periodística y buena relación de la publicación con el sistema de negocios de la región y sus líderes. Y mi amistad con Mariano Menéndez. Gracias Bro! por dejarme participar de este proyecto tan sensacional.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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