Nuestro país tiene la cuarta reserva más grande de gas e lutitas en el mundo, pero no cuenta con la infraestructura para extraerlo. Ha llegado el momento de un debate serio sobre la apertura del sector energético.

 

El sector energético mundial tiene los ojos puestos sobre el gas shale porque el mercado de las lutitas ha crecido de forma sorpresiva en los últimos cinco años. En mi opinión, sus bajos costos energéticos le están dando ventajas competitivas a la industria manufacturera en México —en combinación con el aumento de la competitividad de los salarios mexicanos—, pero esto no es gracias a la industria petrolera nacional, sino a la de Estados Unidos. Y es que nuestro vecino norteamericano se ha convertido en uno de los principales exportadores de gas shale a nivel mundial y planea convertirse en su principal productor para 2017. Las reservas de Estados Unidos están garantizadas hasta 2030 como una fuente abastecimiento de gas natural a bajo costo, de acuerdo con los estudios de Barnett Shale.

 

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¿Y México?

A pesar de que México está en el cuarto lugar mundial de reservas de lutitas —con 681 millones de pies cúbicos de gas como recursos en el subsuelo—, en 2012, el 20% de la demanda nacional mexicana de gas natural se cubrió con importaciones provenientes de Estados Unidos. ¿Por qué? La respuesta se encuentra en la casi inexistente infraestructura que tiene México para explotar estos recursos no convencionales. Mientras que Estados Unidos cuenta con 17,900 pozos de gas shale perforados y en operación —con planes de perforar 10,000 más en los próximos 15años— en México, Pemex ha conseguido abrir solamente siete pozos exploratorios, de los cuales únicamente dos han resultado económicamente rentables.

En una reunión que sostuve con el congresista demócrata por el estado de Texas, Richard Peña Raymond —con gran experiencia en temas energéticos— me comentó que hay más de 500 empresas estadounidenses, independientes, trabajando en la exploración de pozos de gas shale que están interesadas en entrar al mercado mexicano en asociación con empresas nacionales para explotar estos recursos de este lado de la frontera.

 

No podemos perder el tiempo

Ya hablamos de Estados Unidos, pero en la carrera global por el gas shale no podemos olvidarnos de China —con quien estamos en competencia en el mercado de las manufacturas— que también está trabajando en desarrollar sus propios recursos de lutitas para competir con las empresas que se favorecen de los bajos costos del shale estadounidense. Aunque actualmente, como nuestro país, tampoco cuenta con la capacidad e infraestructura para transportar y procesar el gas natural, el gobierno chino se propuso como objetivo alcanzar 230 bn pies cúbicos de producción de shale en 2015.

México tiene en las lutitas una gran oportunidad de negocio que promoverá el desarrollo económico de otros sectores, por ser una fuente energética de bajo costo. Pero Pemex no puede hacerlo solo, en mi opinión, en el marco de la reforma energética será importante entender que no todo es exploración en aguas profundas; se debe separar la exploración en tierra, el tema del gas shale y el gas natural.

En este marco, habrá que promover un acercamiento entre las compañías mexicanas y sus contrapartes extranjeras que abone a una mayor integración e intercambio de tecnologías y conocimientos sobre la exploración y explotación de recursos no convencionales, con esquemas de coinversión que mantengan criterios de contenido nacional ambiciosos —con participaciones 70-30— para consolidar el desarrollo de la industria petrolera nacional. En el tema del gas shale, sin duda, debe existir una mayor apertura que en otro tipo de bienes —siempre con coinversión nacional— para alcanzar los niveles producción que nos harían competitivos a nivel mundial. De esto dependerá disminuir la demanda mexicana por gas shale a Estados Unidos.

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