La batalla por el maíz/Primera entrega: La estrategia de la administración federal es impulsar la biotecnología en la próxima reforma al campo. ¿Qué beneficios ve para el sector y para los mexicanos?

 

Una nueva batalla por el maíz ha iniciado en México. Pero a diferencia de las pasadas administraciones federales, la postura del gobierno de Enrique Peña Nieto es clara: impulsar la siembra de semillas transgénicas en el país.

“Esta tecnología (de las semillas transgénicas) cada vez tiene más presencia en el mundo, y la razón de impulsarla es que estamos buscando que haya un uso más racional y responsable de la biodiversidad, porque seguimos usando los insecticidas, químicos y herbicidas que tarde o temprano nos van a llevar a morir”, asegura Francisco Bolívar Zapata, coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina de la Presidencia de la República.

El anuncio de la Reforma para la Transformación del Campo, que anunció en marzo pasado el titular del Ejecutivo, se configura como la plataforma que podría impulsar el uso de semillas genéticamente modificadas del grano insignia del país.

Hacer del campo mexicano un espacio sustentable, productivo y rentable es el objetivo que se plantea la administración federal, meta que no se encuentra alejada de las soluciones que oferta la biotecnología.

Empresas como Monsanto y Pioneer son algunas de las que han manifestado su interés, a través de sus solicitudes ante el gobierno mexicano, en la siembra comercial de maíz transgénico, mientras que las organizaciones no gubernamentales (ONG) y parte de la comunidad científica se oponen a dar este paso por el temor a perder 59 razas y más de 1,000 variedades de maíz nativo, así como la posibilidad de daños a la salud de los consumidores.

Una acción colectiva ha logrado que las autoridades judiciales suspendan momentáneamente la siembra del cereal mejorado genéticamente, aunque este panorama puede cambiar de la noche a la mañana ante una decisión judicial.

En 2012, la importación del país ascendió a 9.515 millones de toneladas de maíz, que en su gran mayoría provinieron de Estados Unidos (89%), las cuales representan casi 27,000 millones de pesos (mdp) de inversión, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

Son dos los principales argumentos de quienes defienden la adopción del maíz transgénico en México: reducir la dependencia de su importación e incrementar la productividad del campo mexicano.

 

Un país con hambre

Foto: http://www.franciscobolivar.com/El artículo 73 de Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece la obligación del Estado de garantizar la soberanía alimentaria nacional.

México se ubica en la posición 35 de 109 países que conforman la tercera edición del Índice de Seguridad Alimentaria que elabora la unidad de inteligencia de The Economist con patrocinio de DuPont, lo que representa un retroceso de tres lugares, si se le compara con el lugar que ocupó el año pasado.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) establece que de forma idónea las naciones deben producir 75% de los productos que consume, mientras que México tan sólo alcanza cerca de 58% en este rubro.

En este contexto, la importancia de una reforma al campo toma fuerza para los interesados en el sector. Ocho foros nacionales temáticos con organizaciones sociales y privadas, así como siete foros regionales con vocación territorial, forman parte de la agenda previa de la Sagarpa que resultará en una propuesta formal que intentará modernizar al campo mexicano.

Francisco Bolívar sabe que en las discusiones que se lleven a cabo no faltará un rubro que atienda al uso de la tecnología en la alimentación. La nueva ventana que permite a los transgénicos enunciar sus beneficios.

“Yo estoy, como parte de mis obligaciones con el gobierno, sumándole información sobre los beneficios y el bajo riesgo que representan los organismos genéticamente modificados, para que sea utilizada en los foros que organiza la Sagarpa”, dice el también miembro del Colegio Nacional.

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018 plantea como una línea de acción que se oriente la investigación y el desarrollo tecnológico hacia la generación de innovaciones aplicadas al sector agroalimentario, que eleven la productividad y competitividad del país.

Estos elementos hacen pensar al científico mexicano que las estrellas se encuentran alineadas para impulsar la tecnología en el campo de los alimentos, pero no es el único que lo piensa. Organizaciones como AgroBio, conformada por empresas como Monsanto, Bayer CropScience y Syngenta, también visualizan un panorama favorable para los transgénicos.

“Es el momento idóneo para que finalmente el gobierno federal adopte una política clara en torno a la adopción de estos cultivos y la siembra comercial de los organismos genéticamente modificados”, dice Alejandro Monteagudo, director general de AgroBio.

Forbes México solicitó la opinión de la Sagarpa sobre el tema, pero hasta el cierre de este trabajo no se recibió respuesta por parte de la dependencia federal.

 

¿El fin de las patentes?

Foto: AgroBioUna de las principales quejas que pesan sobre las trasnacionales que comercializan los organismos genéticamente modificados es el cobro de derechos por su uso entre los productores, gracias a la protección de la que gozan por sus patentes.

Greenpeace México asegura que con la entrada del maíz transgénico los agricultores que compren las semillas podrían verse obligados a firmar contratos que los comprometen a cumplir con las demandas y políticas de las empresas.

En este sentido, Monteguado aclara que tal aseveración es un mito, ya que las semillas empleadas para el autoconsumo no se cobran por parte de las compañías que representa, pero sí se encuentran protegidas legalmente en el caso de su uso con fines de lucro.

“Es una práctica indeseable hacer uso de la semilla para resembrarse, ya que las características especiales que busca el productor van desapareciendo”, advierte.

Francisco Bolívar explica que este es un temor que cada vez se disipa más en la marea de dudas que rodean a los transgénicos, puesto que muchas de las patentes vencerán dentro de 2 años, y las semillas podrán ser consideradas genéricas.

Por ello, el científico mexicano considera que el impulso al sector científico del país podría potenciar el desarrollo de tecnologías propias enfocadas al campo mexicano.

La administración federal tiene el objetivo de que la inversión en investigación científica y desarrollo tecnológico crezca anualmente para alcanzar un nivel del 1% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, de acuerdo con el PND.

Las universidades y centros de investigación científica pueden convertirse en el largo plazo en desarrollo de granos genéticamente modificados con el sello nacional, los cuales puedan ser aprovechados por empresas mexicanas que comercialicen la tecnología en el campo mexicano. Esa es la apuesta del experto en tecnología de la presidencia.

 

Sembrando el negocio

El compromiso por impulsar el campo mexicano parece que comienza a dar frutos. Este año, la Sagarpa aplicará un presupuesto de 82,900 mdp, monto casi 10% superior al ejercido en 2013, cuando la dependencia obtuvo tan sólo 75,400 mdp. Eso parece un guiño para los actores del campo.

Actualmente, la siembra comercial de maíz genéticamente modificado se lleva a cabo en 28 países a nivel mundial, mientras que la producción se consume en alrededor de 59 países.

De 1996 a 2012, periodo que comprende la siembra de maíz transgénico, se han generado beneficios económicos por 98,000 millones de dólares (mdd) derivados del incremento en la producción del grano y los ahorros para los agricultores, según la información de las empresas.

Alejandro Moteagudo sabe que ha llegado otro momento decisivo en la batalla por posicionar la biotecnología como un tema prioritario para el desarrollo del país: “El costo es muy alto si dejamos fuera este tema de la agenda de prioridades, ya que sería un golpe para la ciencia y tecnología, y perderíamos una herramienta que nos hiciera más competitivos”.

AgroBio tiene en sus planes continuar con la campaña informativa La Neta de tu Planeta, la cual inició el pasado 12 de agosto con el objetivo de hablar sobre los cultivos transgénicos y los beneficios que tienen en su fase comercial, mientras que la prohibición judicial promovida por las ONG para sembrar el maíz modificado en todas sus etapas continúa.

El asesor de científico de Enrique Peña Nieto advierte que el tiempo se agota y la aplicación de la biotecnología es la única opción para enfrentar los complejos escenarios que le esperan al país. “Si no se utiliza la ciencia en los alimentos, se perdería una gran oportunidad para usar la tecnología que ha mostrado grandes beneficios en todo el planeta y que implicaría que los campesinos, así como los productores, se queden con limitaciones para seguir incrementando sus producciones (…) no queda de otra.”

 

 

¿Cuál es la opinión de los científicos y ONG’s que se oponen a la siembra del maíz genéticamente modificado? No te pierdas mañana la segunda entrega de este reportaje. 

 

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