Elton John, Justin Bieber, Maroon 5 o Rihanna… artistas que han puesto a República Dominicana en el mapa del entretenimiento mundial. Lo que no imaginamos es que tras los gritos de los fanáticos, los reflectores y el glamour de los artistas, hay empresarios que no sueltan la calculadora. Y no precisamente para sumar ganancias.

 

Por Geizel Torres

 

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Lejos de la imagen fresca que tienen y delas fotos autografiadas por artistas, la industria del espectáculo en República Dominicana resulta riesgosa, a veces,mucho más de lo que imaginamos.

Pablo Pou, Saymon Díaz, Pedro García, George Nader y el Grupo ACEGO son los nombres que más suenan cuando de conciertos se trata. Ellos reconocen que el país ha avanzado mucho en materia de espectáculos; primero porque el público se ha vuelto más exigente, pero también ha influido que los artistas de talla internacional dependen cada vez más de los conciertos y no de la venta de sus discos (como ocurría en el pasado), por eso han tenido que flexibilizar sus tarifas y apuntar a mercados nuevos, como Centroamérica y el Caribe.

George Nader es uno de los pioneros y empresario más destacado, y aunque reconoce que los conciertos ya no son la parte medular de su empresa, fue gracias a él que los dominicanos pudieron sentarse y disfrutar “de tú a tú” junto a artistas de la talla de Ricky Martin, Ricardo Arjona, Shakira y Julio Iglesias.

De su lado, Pedro García, productor de Skypro, se ha inclinado por los artistas anglos. “Cuando yo empecé con los conciertos dije que iba a hacer lo que a mí me gustaba y como he sido muy afín con la década de los 80, casi todos los eventos que organizo van en esa línea, aunque sean presentaciones más pequeñas, con excepción de Maroon 5 y Duran Duran, que fueron eventos masivos”, expresa.

Y García coincide con Nader: “Este es un negocio muy arriesgado, ni siquiera el artista puede asegurar el éxito de un evento. Definitivamente hay que afinar el sexto sentido para traer cantantes anglosajones. Hay que ser inteligente y jamás pensar que uno se las sabe todas. Cada show deja enseñanzas que hay que aprovechar”.

Este fue el chance que jugaron los empresarios del Grupo ACEGO cuando anunciaron el concierto de la estrella juvenil Justin Bieber, en octubre del año pasado. “Entendemos que los empresarios tenemos que afinar los instintos, ya que no necesariamente un artista que tiene éxito en Estados Unidos, puede ser rentable en el país”, dijo Emil Isona, ejecutivo de la empresa.

En tanto, Saymon Díaz también dio de qué hablar tras el anuncio de que la polémica ex “Disney girl”, Miley Cirus, se presentará en el país el próximo 13 de septiembre.

Pero la competencia no se limita a los artistas. Entre las promotoras se ha intensificado la lucha por los patrocinios en los últimos meses debido a la disminución de los gastos de las compañías telefónicas en este rubro, lo que ha golpeado al sector. Esto, aunado a la desaparición de la competencia de las cerveceras, que a pesar de que siguen apoyando eventos, los empresarios afirman que no es lo mismo que antes.

Los promotores son celosos con las cifras que pagan por un artista. De hecho, arrancamos más sonrisas que números y muchos de ellos tienen contratos de confidencialidad que les impiden revelar las cantidades. A nivel internacional, la agencia Degy Entertainment publicó este año lo que cuesta ver en vivo varios artistas, de los cuales algunos han pisado escenario dominicano. Esos montos oscilan desde 200,000 hasta un millón de dólares.

 

El talón de Aquiles

Una de las grandes dificultades que enfrentan los realizadores de conciertos es la falta de venues o recintos especializados para celebrar ese tipo de eventos. “El hotel Jaragua estará cerrado por un año, Chavón es muy costoso y el Teatro Nacional siempre está lleno. Los otros son recintos deportivos que hay que acondicionar y, por lo tanto, sale mucho más caro”, apunta García.

Ese aspecto es importantísimo a la hora de definir los gastos. La producción de un evento puede llegar a costar incluso más que la tarifa que se le paga al artista. Todo depende de las exigencias del contrato.

Sobre el fee (honorarios) del artista, claramente varía según quién sea y el momento de su carrera. Al fee se debe agregar el costo del vuelo (algunos no viajan en aerolíneas comerciales), el hospedaje, el transporte terrestre y la comida. Otras estrellas, las más caras, se encargan de todo su espectáculo y solo contratan a un productor en cada país.

Además, deben tomar en cuenta los pagos a la Dirección General de Impuestos Internos, que cobra 28% sobre el monto acordado con el artista. A esto hay que sumarle 7% de la venta total de las taquillas, que va para la Sociedad General de Autores Compositores y Editores Dominicanos de Música (sgacedom).

Producción, fee e impuestos son las cargas más fuertes que afrontan las promotoras, donde conseguir ganancias resulta todo un reto si tomamos en cuenta que, según la escala de precios, un buen retorno de inversión necesita entre 65% y 75% de la venta de la taquilla.

 

Punta cana para turismo de espectáculos

Pablo Pou encontró en el polo turístico más importante del país a su principal aliado. Del matrimonio entre PAV Entertainment y Hard Rock Hotel se ha beneficiado el público de Rihanna, Juan Luis Guerra y Juanes, entre otros. Estas marcas han impulsado el turismo nacional e internacional que poco les importa un par de horas de camino (o media hora en avión) para disfrutar de un buen espectáculo. La afluencia de público, además de turistas, es un gran motor para la economía de la zona. Por ejemplo, un mes antes del concierto de Rihanna era casi imposible conseguir hospedaje.

Precisamente la variedad de oferta en hoteles y restaurantes, el excelente estado de la infraestructura vial y un aeropuerto por donde pasa la mayor parte del turismo en el país potencian a la región Este como la Meca de los conciertos en el Caribe.

 

La mano negra en el espectáculo

El día en que el mundo amaneció sin Facundo Cabral pocos se imaginaron que, lejos de ser un fanático enloquecido o un intento de robo, fueron los negocios ilícitos los que (por accidente) mataron al trovador. La bala que le apagó la vida no iba dirigida a él, sino al productor de su último concierto en Guatemala, Henry Fariñas. Las investigaciones concluyeron que el cantautor argentino simplemente quedó en medio de un ajusticiamiento entre bandas acusadas de narcotráfico en Centroamérica.

Otros casos menos dramáticos se han reportado en México, Colombia y España, donde los organismos de investigación han puesto bajo la lupa a empresas promotoras de conciertos por sospecha de blanqueo de capitales. Incluso artistas como Vicente Fernández y Anthony “Romeo” Santos han tenido que salir al paso de señalamientos por contratos con empresarios de “dudosa reputación”.

En República Dominicana los empresarios del sector están a favor de que el Estado ejerza un mayor control sobre la organización de eventos masivos y el dinero que generan. No solo porque garantiza un competencia más justa en el mercado, sino porque un paso en falso puede llegar a dañar un sector en donde ya de por sí las cosas no son nada fáciles.

 

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