No rebasa los 20 años, pero cuenta con una patente que espera revelar el mundo a las personas que no pueden verlo. Te presentamos la historia del mexicano que quiere vencer a la ceguera.

 

 

Desde pequeño mostró pasión por la tecnología: el desarme y reconstrucción de coches de juguete se convirtieron en sus primeros pasos hacia el desarrollo científico.  Años después, esta predilección vinculó a Alberto Brian Fernández Alducin con el diseño de un guante que promete derrotar a la ceguera.

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“Mientras trabajaba como voluntario en el Centro de Atención Múltiple  (CAM), trataba de hacer dinámicas las lecciones de idiomas para los ciegos”, dice Fernández Alducin en entrevista para Forbes México.

A los 15 años,  durante sus estudios  de preparatoria,  participó en el grupo de robótica y experimentos físicos de la institución académica. Ahí se dedicó a la programación, diseño y ensamble.

Fue en  este periodo cuando se incorporó como maestro voluntario para ayudar a las personas con discapacidad visual.

Enfrentó distintos problemas para que los estudiantes participaran en clase: los alumnos no querían levantarse de las sillas,  tenían miedo a perderse en el salón,  recuerda el  estudiante de Tecnología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entonces, Brian llevó a la clase uno de los carros de juguete  que reconstruyó  en el taller de robótica.

“Este carrito me seguía;  sentía mi presencia o la de ellos. Ese mismo sensor que utilizaba el coche, primero lo implementé en un bastón. Comencé a darme cuenta que con él podían seguirse los unos a los otros,  porque con el bastón sentían las vibraciones. Después de eso,  dije: esto hay que hacerlo más fácil”.

 

Habilitarlos para trabajar, el primer reto

Foto: Grupo KarsolLa idea del guante, dice Brian, nace ante la necesidad de las personas ciegas para integrarse al plano laboral y que generen recursos con ayuda de un dispositivo práctico.

Desechó  el prototipo  de un bastón o brazalete porque presentaban dificultades de uso. Después de que una amiga con ceguera, sin recursos,  perdiera a su padre, Alberto entendió el alcance que tendría un guante como alternativa para introducir a los discapacitados visuales al sector de trabajo.

“El objetivo era que las personas ciegas utilizaran el guante para que cumplieran la función de cerillos (empacadores) en los centros comerciales”.

Ella fue  el primer caso de éxito  de una persona ciega empleada gracias al guante. Pero no fue suficiente para Brian: buscó algo más y quiso patentar el prototipo.

Pero el reto más costoso para Brian  fue la confianza de las personas. Aunque aceptaban que era una buena idea,  a su propuesta no le ‘veían futuro’. Lo inscribió en concursos y perdió muchas veces. Se acercó a la administración anterior de Puebla, pero le dijeron que no se podía.

Las oscuras adversidades no frenaron los pasos de Brian y  consiguió que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) lo apoyara para registrar su invento  ante el Instituto  Mexicano de la Propiedad Industrial.

 

 

¿Cómo funciona?

El principio que  utiliza el joven emprendedor  se conoce como “ecolocalización” empleado por murciélagos, ballenas y delfines para interpretar el espacio donde pretenden moverse.

El circuito de control posee sensores ultrasónicos. Dichos dispositivos emiten ondas de sonido que no podemos escuchar.  Estas  ondas viajan a través del aire y  detectan objetos, las vibraciones rebotan, y cuando lo hacen,  regresan al sensor para que éste interprete el espacio.

Durante ese lapso, la placa electrónica del guante calcula la distancia a la que se encuentra el objeto (con un rango de sensibilidad  que detecta hasta alfileres) y notificarle al usuario con vibraciones en cuestión de segundos.

 

La ceguera en cifras

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que hay 39 millones de personas ciegas en el mundo, de las cuales,  1.5 millones son niños.  El 82% de las personas que padecen ceguera tienen 50 años o más.

El Centro Internacional para la Educación del Cuidado de los Ojos estima que 670 millones de personas son ciegas funcionales o con discapacidad visual. Esto representa el 10% de la población mundial.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la segunda causa de discapacidad   en  México es la visual con 1.5 millones de personas.

Ante este panorama, el ganador del premio nacional de la juventud 2012  sabe que un costo bajo es la clave para hacer masiva su propuesta y prevé que el precio del guante oscile entre 1,400  y 1,800 pesos para que salga al mercado en marzo y se distribuya en México y Estados Unidos.

 

Lo que viene

Ahora, el próximo reto de Brian es una nueva patente con mejoras para la siguiente generación de guantes.

“Se patentó para que la idea se quedara con nosotros. Ya le hicimos otras cosas. Se implementaron más sensores,  de temperatura, por ejemplo. La persona podrá detectar todo su entorno con 12 sensores que trabajan en conjunto”.

Como emprendedor, Brian trabaja en diferentes iniciativas que toman distancia de su primer proyecto, pero que mantienen el espíritu de mejorar su entorno.  Grupo Karsol, su empresa,  se asocia con desarrollos ecológicos y  pretende que las tortillerías utilicen calentadores solares que ahorran hasta 69% en su consumo de energía.

 

 

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