A través del Realismo Mágico y del juego de las palabras, García Márquez robusteció la identidad de América Latina.

 

“Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada, hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, pero nuestro problema fundamental ha sido la falta de recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Esto, mis amigos, es el nudo de nuestra soledad”, dijo Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, en 1982.

El autor de “Cien años de Soledad” se refirió a Latinoamérica a través de su historia, recordando los más de 300 años de Colonia española, los funerales con honores a la pierna de Antonio López de Santa Anna, los golpes de Estado, juntas militares, genocidios y exilios de miles de personas de sus países de origen.

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“Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, que ha merecido la atención de la Academia Sueca de las letras”, dijo el escritor colombiano en su discurso titulado “La Soledad de América Latina”.

Si bien el escritor fallecido el 17 de abril en la Ciudad de México es conocido mayormente por ser el máximo exponente del Realismo Mágico, género que describe lo extraño e irreal como algo normal, García Márquez también tuvo marcadas convicciones políticas y, a su vez, fue denunciante de los excesos de autócratas que le costaron el exilio de Colombia.

En su obra cumbre “Cien años de soledad” (1967), considerada una de las mejores novelas de la literatura universal, describe la figura de los dictadores y las juntas militares, muy frecuentes en Latinoamérica, que asolaban la región y cómo los habitantes de Macondo, el pueblo imaginario donde se desarrolla la historia, se posicionan contra el autoritario.

“Relato de un náufrago” fue publicada completa en 1970, pero antes fue contada durante veinte días consecutivos en el periódico colombiano El Espectador en 1955. García Márquez recoge la historia de Luis Alejandro Velasco, un tripulante de un buque militar que cayó de la embarcación y sobrevivió diez días en altamar. A través de su testimonio se comprobó que los marinos cayeron del A.R.C. Caldas porque la embarcación llevaba mercancía de contrabando, suelta en cubierta, y no por una tormenta, como dijo el gobierno colombiano.

Aquel trabajo periodístico le costó el exilio a García Márquez.

En “Noticia de un secuestro” (1996), ‘Gabo’ describe a la Colombia convulsionada por el narcotráfico a través de políticos, diplomáticos y personajes prominentes del país que fueron secuestrados por ‘Los extraditables’, un grupo de capos de la droga, encabezados por Pablo Escobar, que corrían el peligro de ser juzgados en Estados Unidos.

Además de sus convicciones y filias políticas, como la amistad que entabló con el ex presidente de Cuba, Fidel Castro, García Márquez abogaba por que la lengua española fuera una razón de unión y no un dolor de cabeza en su aprendizaje. En un polémico discurso de 1997 en Zacatecas, México, pidió “jubilar” la ortografía como una forma de simplificar el lenguaje.

A través del Realismo Mágico y del juego de las palabras, García Márquez robusteció la identidad de América Latina.

“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo sirve para hacernos más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”, agregó en su discurso de la aceptación del Nobel.

 

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