El pobre nivel educativo no espanta a este hombre, quien busca estudiantes mexicanos dispuestos a llegar a la mejor universidad del mundo: Harvard. ¿Cómo lo hace?

 

El bajo nivel educativo y la falta de recursos económicos parecen una lápida que sepulta las aspiraciones de los mexicanos que desean estudiar en la mejor universidad del mundo. Pero hay un hombre en México que se niega a resignarse a esta realidad.

“A pesar de que hay muchísimo por hacer en nuestro sistema educativo, hoy tenemos mucha madera de dónde cortar. Hay mexicanos de muy buena calidad que pueden acceder a una oportunidad de ingresar a Harvard si se atreven a romper el paradigma financiero”, dice en entrevista Enrique Téllez Kuenzler, presidente de la Fundación México en Harvard.

Desde 2003, la Universidad de Harvard ocupa la primera posición en el Ranking Académico de las Universidades del Mundo, que publica el Centro de las Universidades de Clase Mundial de la Universidad de Jiao Tong de Shanghái.

A 25 años de haber nacido, la Fundación que dirige Téllez ha financiado a más de 600 estudiantes que han cursado un posgrado en la prestigiada universidad estadounidense, con apoyos directos que alcanzan un total de 13 millones de dólares (mdd) y hasta 20 mdd si se toman en cuenta las inversiones indirectas de algunos socios.

Pero los números en México no son nada alentadores en términos educativos para esta iniciativa. Un 62% de los jóvenes de 16 años están inscritos en educación media superior, mientras que tan sólo 24% de los mexicanos de 20 años están matriculados en una universidad, de acuerdo con datos del reporte “Panorama de la Educación”, que elabora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Este mexicano no se amedrenta al mirar las cifras del drama educativo y ya planea la forma de incrementar el número de apoyos anuales para alumnos de posgrado, así como de impulsar a los estudiantes de bachillerato para que alcancen el sueño llamado Harvard.

 

El boleto de viaje

Enrique Téllez no conoció en su propia piel los estragos de la pobreza: su familia pudo financiar sus estudios al 100%. Sólo está seguro de que la educación puede hacer un cambio en la vida de cualquier persona, y está seguro de que la Universidad de Harvard es la opción más adecuada.

Después de estudiar en el Colegio Alemán en la Ciudad de México, Téllez cursó  la licenciatura de economía en el ITAM. Un profesor de la universidad lo recomendó, en la década de los ochenta, para un puesto al interior de un banco, pero le advirtieron que era un trabajo temporal.

El día en que Enrique terminó su carrera universitaria, el académico le llamó a su oficina y le dijo: “Tienes un mes para encontrar un nuevo trabajo.”

Aquel cambio laboral lo llevó a trabajar en una consultoría, donde decidió solicitar un lugar para la Escuela de Negocios de Harvard, y allí pasó dos años de su vida.

“Profesional y personalmente es una vivencia increíble la de haber estado en Harvard”, comenta Téllez.

Pero no era el único que compartía esa apreciación. Los empresarios Antonio Madero Bracho, Alfredo Elías Ayub, Felipe Ortiz-Monasterio, Rodrigo Sánchez Mejorada y René Solis Brun compartían la misma visión sobre su estancia en la universidad estadounidense y querían hacer vivir esa experiencia a otros mexicanos.

Así fue como en 1989 nació la Fundación México en Harvard, con el objetivo de apoyar financieramente a los estudiantes que fueran aceptados en alguna de las escuelas que integran la universidad más importante del mundo.

Préstamos y becas que van desde 20,000 hasta 35,000 dólares integran los apoyos a los estudiantes mexicanos suscritos a programas de posgrado.

“El papel de la Fundación es abrir la puerta para que más mexicanos tomen el riesgo de hacer sus solicitudes a las universidades de alta calidad en el mundo y derrumbemos la barrera financiera de la ecuación”, dice el hombre que quiere llevar a más mexicanos a Harvard.

Ex servidores públicos (entre ellos Felipe Calderón), empresarios e investigadores forman parte de los alumnos que han vivido la experiencia en los pasillos de la prestigiosa casa de estudios.

Sin embargo, existen otras historias que Enrique Téllez quiere dar a conocer. Es el recuento de los perfiles académicos no tradicionales que abren la puerta a nuevos enfoques a la fundación.

 

Enrique Téllez, presidente de la Fundación México en Harvard. Foto: Cortesía ITAM.

Enrique Téllez, presidente de la Fundación México en Harvard. Foto: Cortesía ITAM.

Un músico en Harvard

Los sonidos de las campanas a las nueve en punto de la mañana en el Harvard Yard aún resuenan en los oídos de Édgar Barroso. Sus ojos aún se iluminan al recordar los atardeceres del río Charles, el olor del Sanders Theater, las conversaciones en el café Pamplona y el piano de la Adams House. Él es mexicano, y también es egresado de la Universidad de Harvard.

“Fue un tiempo realmente único y sin duda los años que pasé ahí serán recordados como algunos de los mejores años mi vida”, comenta el joven músico, aceptado en Harvard en marzo de 2007.

Édgar no conoció la barrera del financiamiento como un obstáculo para llegar a Harvard. Los límites de sus alcances son tan elevados como su imaginación y su intelecto. La Fundación México en Harvard se encargó de lo demás.

“A los pocos días (de ser aceptado) se pusieron en contacto conmigo Enrique Téllez y Barbara Randolph para felicitarnos y darnos la buena noticia que la Fundación nos estaría apoyando a lo largo del doctorado. Y ahí empezó una maravillosa relación con todas las personas involucradas en la Fundación”, cuenta el joven.

Édgar Barroso reconoce que, para él, entrar a Harvard nunca fue un asunto de moda ni de prestigio. “Siempre supe que lo más importante de una buena universidad no es el nombre ni los edificios, sino los maestros y personas con las que interactúas y de las que aprendes infinidad de cosas.”

Ahora su objetivo es apoyar a más mexicanos a descubrir su potencial artístico en las universidades. Más de 90% de los ex becarios regresan a México a volverse líderes en sus ramos, según datos de la Fundación México en Harvard.

“En el rubro artístico trabajo en la composición de una pieza electroacústica para el clarinetista suizo Matthias Müller, y tengo varios proyectos en puerta de música de cámara y orquestal. Además, recién terminé un curso de música para preparatorias que estudiarán alrededor de 4,000 estudiantes al semestre”, relata orgulloso Barroso.

Éstas son partes de las historias que Téllez Kuenzler quiere contar para subir el siguiente escalón en los alcances de la Fundación que preside.

 

La celebración

Enrique Téllez dedica la mayor parte de su día a revisar los planos de sus nuevos proyectos en construcción, y mientras los ingenieros alrededor hacen trazos sobre las mesas, el economista egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) delinea los nuevos planes para la Fundación México en Harvard.

Hoy, la Fundación cuenta con un patrimonio estratégico que le permite generar parte de los recursos que se invierten en los mexicanos de sus intereses.

“Para celebrar estos 25 años vamos a ir a tocar la puerta de nuestros ex becarios y a líderes mexicanos que sabemos tienen una preocupación por generar nuevos liderazgos en el país para tratar de crecer nuestro patrimonio en el tiempo”, dice el fundador de la desarrolladora de vivienda Del Parque.

Actualmente se entregan más de  70 apoyos que benefician a 90 mexicanos que acuden a la Universidad de Harvard. En cinco años, Téllez quiere conseguir el doble de estudiantes nacionales en Harvard, es decir, 180 ciudadanos con cerca  de 150 apoyos.

La Fundación invertirá este año un monto superior a 2.2 mdd.

“El reto más importante ahora es asegurar que haya más mexicanos con un conocimiento no tradicional que puedan acceder a estos programas”, asegura Téllez.

En este sentido, trabajan con el Senado de la República y el Conacyt para desarrollar un programa enfocado en población en situación marginal.

“Si lo logramos, será un hit”, confiesa sin revelar mayores detalles.

Enrique Téllez mira desde la ventana de su oficina la marea de autos que se desplazan en Periférico Norte. Piensa que el esfuerzo diario de cada mexicano puede tener una recompensa. “Hay que quemar las naves, porque al final hay un puerto muy reconfortante al otro lado, ya que todo el esfuerzo lo vale. Yo quisiera que cada vez más mexicanos lleguen a Harvard, porque van a cambiar sus vidas y la historia de este país.”

 

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