Cuando la familia Losada se desvinculó hace siete años del negocio fundado por el patriarca, parecía una capitulación ante la competencia. Pero el as que tenía bajo la manga dio resultado y el éxito está de regreso. Este linaje ocupa el puesto 26 de la lista de los mexicanos más acaudalados de Forbes. 

 

Por Eduardo García

La historia empresarial de la familia Losada empezó de forma modesta. Hace más de siete décadas, en 1940, el empresario español Ángel Losada Gómez inició su incursión en la industria minorista mexicana al montar una tienda que bautizó como La Comercial.

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El empresario —en aquel entonces con 32 años de edad—, inició ese primer negocio en la ciu­dad de Apan, en el estado de Hidalgo. La Comercial se dedicó inicialmente a la venta de semilla de cebada que empleaban las fábricas de malta de la zona para la elaboración de cerveza.

Casi 75 años más tarde, esa primera aventura empre­sarial de Losada Gómez, que 16 años des­pués se convertiría en la compañía Implementos Agrícolas y en 1962 en la primer tienda Gigante, es hoy un imperio que cuenta con más de 273 establecimientos especializados, más de 116 restaurantes y 129 propiedades inmobilia­rias que albergan a más de 1,500 comercios.

Los Losada son, además, propietarios del Grupo Presidente, una empresa que administra diversos hoteles Presidente Intercontinental en el país; así como otros hoteles bajo las marcas Holiday Inn y Holiday Inn Resorts.

Lo que nació como un pequeño local en una peque­ña ciudad de Hidalgo es hoy una compañía que emplea a cerca de 18,000 empleados, con ventas anuales cercanas a 19,100 millones de pesos (mdp) y con un valor de capitalización de más de 30,000 mdp.

 

Momentos difíciles

Se escribe fácil, pero para ello Losada Gómez y sus descendientes (el empresario falleció hace una década a los 95 años de edad) han tenido que ajustar su modelo a los cambios que sacuden a las industrias en las que han participado.

Tal vez, la transformación más espectacular que ha vivido la empresa de la familia Losada es la decisión que tomaron sus accionistas de control hace siete años, en 2007, de dejar de participar en el segmento que había sido la esencia de la compañía: la administración de los supermercados Gigante.

Ese año, el Consejo de Administración decidió autorizar el plan de la compañía de desinvertirse de ese negocio, transfiriendo la operación y administración de las 205 tiendas que tenía en aquel entonces la cadena de supermercados Organización Soriana, la segunda empresa minorista del país.

A partir de entonces, Gigante pasó a arrendar los locales en los que tenía sus tiendas a Soriana y se convirtió en un negocio de tres divisiones o segmentos: tiendas especializadas, restaurantes y administración de bienes raíces.

Los beneficios del cambio han sido evidentes: el precio de las acciones de Grupo Gigante ha crecido casi 230% de 2007 a la fecha, en comparación con un avance de cerca de 50% para el índice de la bolsa en ese lapso.

La operación de establecimientos especializados, han resultado en un negocio más rentable que los supermercados, muy probablemente por la menor com­petencia que enfrenta Gigante en esos segmentos. Las tiendas Office Depot, que Gigante controla en su totalidad desde finales del año pasado, enfrentan la com­petencia de otras cadenas también especializadas en esos artículos, pero que sólo suman dos: Office Max y Lumen.

Aunque para algunos los Sam’s Club de la compañía Walmart de México, o las tiendas Best Buy compiten con Office Depot, realmente el segmento de tiendas de artículos para la oficina y el hogar está concentrado en esos tres participantes.

Pero aún en segmentos donde existe claramente un mayor número de participantes, Gigante ha mostrado también que sabe competir y ganar. Tal es el caso de la cadena de restaurantes-cafeterías Tok’s, que compite con las cadenas de restaurantes Vips, Sanborns y California, así como con otras empresas que también tienen cadenas de restaurantes de comida casual como Chili’s Grill & Bar, o la cadena Italiani’s, entre muchas más.

Gigante también es  dueña de la cadena de restaurantes de comida china Panda Express y de un nuevo concepto de tiendas de bebidas y alimentos Express, conocida como Cup Stop.

 

Vicisitudes

Los cambios que ha experimentado Gigante a lo largo de sus más de 50 años de vida se insertan además en las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado la econo­mía mexicana y que han provocado fuertes desaguisados en el mundo corporativo mexicano, más no en Gigante.

Las fuertes devaluaciones del peso de 1982 y 1994 generaron enormes estragos en la población por las alzas de precios y en tasas de interés que provocaron ambos fenómenos económicos, y que dejaron a cientos de miles de trabajadores sin empleo.

Gigante en esos momentos mantuvo su estrategia e incluso pudo crecer al comprar establecimientos de com­pañías que quedaron mal paradas por ambas crisis. Entre 1981 y 1982, Gigante continuó creciendo en la capital pero también abrió operaciones en Celaya y Monterrey. En los siguientes cuatro años, en medio de la debacle financiera por la que atravesaba el país, la empresa abrió 18 tiendas y adquirió la cadena Su-K-Sa, de la ciudad de Monterrey para incrementar su presencia en esa plaza.

Claro que no fue sino hasta después de esos shocks económicos que los Losada y su compañía comenzaron de nuevo con un fuerte crecimiento que los llevó incluso a incursionar en otros mercados, como el de Estados Unidos y el de Colombia.

En la década de 1990, Gigante compró las cadenas de supermercados Blanco y El Sardinero en México para consolidar su presencia en todo el territorio y ganar tamaño. Esto último con el objetivo de poder negociar mejores precios con sus proveedores.

En esa década también inició la diversificación de formatos para enfrentar la competencia que represen­tó la llegada a México de la empresa estadounidense Walmart Stores, que adquirió a su principal rival, la empresa Cifra, entonces también conocida comercial­mente como Aurrerá.

Gigante creó así tres formatos: Gigante, Bodega Gigan­te y Súper Gigante. Posteriormente, añadió el concepto de Tiendas Súper Precio, del que se deshizo tiempo después en 2012.

Gigante, con los Losada al frente, decidió salir por primera vez a hacer negocios fuera del país. Primero adquirió dos tiendas en Estados Unidos, en el área de Los Ángeles; en 1994, entró a Colombia con sus tiendas Office Depot, que comenzó a operar con su socio estadouniden­se, Office Depot Inc.

En México, mientras tanto, Gigante continuaba con la implementación de su estrategia de crecimiento, ya fuese a través de la construcción de nuevas tiendas o de la compra de locales a terceros, como ocurrió entre 2000 y 2004, cuando compró las cadenas Azcúnaga y Súper Maz. Con ello, la compañía de la familia Losada incre­mentó su presencia en el norte y sureste del país.

Pero a finales de la primera década de este siglo, la familia Losada decidió reenfocar sus baterías para concentrarse ya no en los supermercados. Con la operación de restaurantes y tiendas especia­lizadas, Gigante había constatado años atrás que esos establecimientos de servicios o comercio eran una mejor inversión, sobre todo a medida que los consumidores mexicanos se sofisticaban en sus hábitos de consumo y por tanto buscaban sitios especializados para la compra de ciertos artículos, y a buen precio.

En 2010, Gigante también fortaleció sus actividades inmobiliarias con la construcción y administración de nuevos centros comerciales, como Gran Terraza Lomas Verdes, Acapulco Diamante, Gran Terraza Oblatos y Gran Terraza Belenes, estos dos últimos en el estado de Jalisco.

Posteriormente, también reforzó su presencia en restaurantes mediante una asociación con Panda Express Inc. Gracias a ella, los Losada son el franquiciatario maestro y único de los restaurantes Panda Express en todo México.

Así, Grupo Gigante, después de más de 70 años, conserva los fundamentos que inculcó el empresario es­pañol y que se resumen en una frase por él muy utilizada: “Trabajo y más trabajo”.

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