Cuando la se­quía de capital de las empresas tecnológicas asfixiaba sin compasión a miles de emprendedores en todo el mundo, KIO Networks surgió en México haciendo ruido de más en un entorno adverso, porque además nacía con capital de María Asunción Aramburuzabala.

“Nosotros iniciamos este proyecto como una startup en el 2002, por ahí, identificando que México tenía algunas necesidades de servicios tecnológicos, necesidades que podía tener cualquier otra economía. Sentíamos que hacía falta la infraes­tructura para soportar el desarrollo de esa transformación tecnológica que incipientemente se iniciaba”, recuerda Sergio Rosengaus.

Es decir, mientras los mercados e inversionistas veían caos y números rojos, quien fuera el mayor distribuidor de productos de Apple en México veía una gran oportunidad a mediano plazo.

“Veníamos de la debacle del dotcom y demás, pero veíamos que el país iba demandando cada día más infraestructura tecnológica y creía­mos que también por la estructura poblacional y la cantidad de juventud a ir adoptando tecnología con una velocidad más acelerada que la que habíamos tenido en el pasado.”

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El cofundador de la empresa, cuyo nombre significa “espejo” en swahili, dice que independientemente de lo que sucedía con las puntocom, que en ese momento tuvieron su auge y su desplome acelerado, ellos entendían que la transformación de las organizaciones estaba más allá del momento, con los servicios.

Hoy en día podemos ver la penetración que han tenido y lo instalados que están en la vida cotidiana de todos.

“Lo que sí sabíamos es que la información… cada día pensábamos que la información iba a ir creciendo en volumen, así como el volumen de la interacción de esa información entre entidades, entre consumidores, y que en algún lado se iba a tener que procesar, se iba a tener que hospedar, guardar y administrar la información. Una parte compleja de la información no es exclusiva­mente procesarla y guardarla, sino administrarla, porque la información también tiene un ciclo de vida.”

Hace 14 años, Rosengaus lo expli­caba así: “Somos una extensión de tu empresa para operar tus sistemas de información. Con características de competitividad, eficiencia y renova­ción tecnológica, que es nuestra es­pecialidad, administrar los sistemas de las empresas, alta disponibilidad, eficiencia y beneficios.”

Le recordamos al CEO de KIO que tardamos más de una década en entender claramente lo que se propo­nían y que abiertamente nos explica­ba en su momento. Por ese entonces todo mundo hablaba de páginas de internet, de la muerte de las empresas de la nueva economía y de cómo el hardware era lo único tangible dentro de este ecosistema que generó cientos de multimillonarios de la noche a la mañana, a cambio de la promesa de que transformarían al mundo.

Rosengaus trabajaba a otro nivel, menos sexy, pero más efectivo y rentable.

“Sí, fíjate que yo creo que después de entrevistarnos con organizacio­nes y empresas grandes, cuando estábamos en el proceso del match del proyecto, nos dimos cuenta de que las organizaciones a veces se sentían de alguna manera atrapa­das entre la velocidad de poder hacer más cosas con tecnología, y el tiempo que tardaban los ciclos de implementación de infraestructura de sistemas, la puesta en marcha de centros de datos, la puesta en marcha de comunicaciones.

“Bueno y realmente en muchas de estas entrevistas termi­namos viendo que muchos de los directores de sistemas o de los directores de fi­nanzas que organizaban las empresas grandes decían: si yo tuviera la capacidad de habilitar más sistemas más rápidamente, seguramente podría mejorar sustancial­mente lo que hoy en día la tecnología le provee a la organización.

“Dijimos, bueno creemos que es por aquí, es la oportunidad de estructurar una organización como la nuestra diseñada para poder habilitar tecnología con muchísima agilidad, con muchísima velocidad y empezar con los inicios de lo que hoy en día es la economía de tecnología por consumo, pero que hace 14 años no era así, y decir pues bueno voy a tener tecnología disponible para que cuando la quieras utilizar nomás vengas y la pidas, no tengas que ir a comprar y que te la surtan y demás.”

Tempranamente empezaron a in­vertir en infraestructura, les ofrecían a sus clientes que el día que necesi­taran tecnología, se las pidieran y de inmediato les darían soluciones. En ese entonces las grandes empresas te ofrecían instalarte computadoras y darte capacidad de almacenamiento, pero tardaban al menos tres meses en funcionar. Además, debías tener expertos en cómputo para admi­nistrar todo. Rosengaus y su equipo detectaron antes que muchos dónde hacía sentido su conocimiento de las máquinas y los datos.

“Genios no, más que eso, yo creo que lo que integramos fue un proyecto mixto con gente como yo, que venía con antecedentes de Mac y fondos de inversión, y acompa­ñado también por emprendedores mexicanos importantes. Como tú sabes, desde el inicio de todo esto un accionista que ha estado con nosotros, toda la vida, es la señora María Asunción Aramburuzabala.”

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Sergio Rosengaus. (Foto: Fernando Luna Arce).

—Tresalia Capital se llamaba… —le recordamos a Ronsegaus en sus oficinas en la carretera que va a Toluca.

—Tresalia Capital sigue siendo todavía y nos ha acompañado hasta el mo­mento. Afortunadamente ha sido una relación extraordinaria en esa época y a lo largo de los años hemos pasado muchas cosas.

Tresalia Capital (tres alia­das) la formó Mariasún junto con su hermana Lucrecia y su madre, luego de la muerte de su padre, Pablo Aramburuzabala Ocaranza. Pero antes de que sonara el nombre de María Asunción Aramburuzabala, le recordamos a Rosengaus, era un gru­po de expertos en máquinas, en hard­ware, en software; ocuparon puestos directivos en empresas disruptoras. La idea de Rosengaus fue conjuntar un equipo de gente que, indepen­dientemente de que sus integrantes no venían todos de la industria de tecnologías de la información, tenían experiencia en infraestructura y fondos de inversión.

Una pieza importante fue Antonio Rallo, ex directivo de Apple en Euro­pa y quien ha ocupado altos cargos en empresas como Televisa y Banco Compartamos en México.

“Antonio Rallo estuvo con nosotros en el inicio, y empezamos a construir a través de relaciones que teníamos en Silicon Valley, a entender cómo se estaba transformando el ecosistema tecno­lógico y cuáles eran las capacidades que en términos tecnológicos iban a ir demandando.

“Y lo que veíamos es que estas or­ganizaciones eran muy vanguardistas y que estaban adelantadas en térmi­nos de la utilización y la proveeduría de servicios. Obtuvimos realmente estos indicios de decir: oye, éste es el camino, es el tipo de infraestructura de tecnología que una economía moderna va a necesitar.”

Rosengaus y Rallo estaban inicialmente en la empresa. Ellos reclutaron a mucha gente recién salida de las universidades. Preferían que aprendieran juntos y que aprendieran a echar a perder un poco al principio. Luego generaron toda una cultura dentro de la orga­nización: innovación y toma muy agresiva de decisiones.

Hoy son casi 2,300 ingenieros en su equipo, de los cuales unos 300 son expertos en seguridad, muy sofisti­cados. Hablando de empresas, dan servicio a más de 75,000 de todos los tamaños y tienen más de 30 centros de datos.

“Y es una base de ingenieros orgullosamente mexicanos. Tenemos ahí talento que también está en nuestras organizaciones internacionales. Como sabes, he­mos incursionado en otros países, hemos puesto centros de cómputo en Centroamérica, Panamá, en Guatemala, en Dominicana, que son economías más pequeñas, pero que también empiezan a transformarse. Hicimos nuestros pininos en el lado norteamericano; en San Diego tenemos un par de centros de cómputo y hace unos años hicimos también una incursión a Europa y pusimos a funcionar un centro de cómputo en España.”

Tony Rallo todavía está con ellos, aunque vive en Silicon Valley, pues su vocación está del lado de las startups.

“Pero Tony está muy pega­do a nosotros todavía”, ataja Rosengaus. ¿María Asunción Aramburuzabala también? “Sí, bueno, la realidad es que nuestra relación con la señora Aramburu­zabala siempre ha sido muy buena. Ella había estado cercana a noso­tros también cuando veníamos del mundo del capital de riesgo, entonces ahí nos conocimos y ahí empezamos a intercambiar nuestro interés por el mundo de la tecnología. Y la verdad es que cuando diseñamos el proyecto, desde un inicio la señora María Asunción Aramburuzabala colaboró muchísimo con nosotros dándonos guía, indicaciones, cuestionando… Pues cuestionando el modelo de negocio y demás, y actualizándose muchísimo en el modelo para luego tomar la decisión de realmente en­trarle. Yo creo que hasta la fecha, 14 años después de la inversión, segui­mos juntos, y para nosotros ha sido invaluable haber contado entonces con ella y contar con ella hoy en el desarrollo de la organización.”

Señala que el que se diga que KIO es el negocio tecnológico de María Asunción Aramburuzabala no les ha afectado; al contrario, ha sido un pilar importantísimo a la hora de hacer negocios. Los ha ayudado, explica, a consolidarse como una empresa con certidumbre, con una estructura robusta e inversiones importantes. Al respecto, Rosengaus aclara que Aramburuzabala no es la dueña total de KIO:

“No, no, hay un grupo de accio­nistas distintos, pero siempre nos ha acompañado muchísimo. Siempre ha estado sumamente involucrada y ha apoyado el desarrollo de la organización… todo el tiempo, todo el tiempo, o sea, está extraordina­riamente involucrada. Es promotora del desarrollo y de nuevas inversio­nes, es una extraordinaria empre­saria, sin duda, y todos le hemos aprendido muchísimo y le aprende­mos todo el tiempo.”

 

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