Por Laura Astorga Carrera*
Demos un vistazo a la ‘herencia’ de Bertolucci en un seguimiento cronológico:
1972.- Violación orquestada por Bertolucci+Brando durante el rodaje de El último tango en París.
2004.- Brando fallece y hay cientos de homenajes.
2007.- María Schneider contó del abuso orquestado y no le creen.
2011.- María Schneider fallece.
2013.- Bertolucci confirma, con absoluta impunidad, lo que contó María Schneider en el 2007.
2017.- #MeToo se vuelve viral y hasta hay un movimiento.
2018.- Bertolucci fallece y hay cientos de homenajes, frente a algunos cuantos tímidos reclamos del tipo #MeToo.
Aquí desmontamos el dicho de que “no hay muerto malo”: Bertolucci es un muerto malo. No es fácil porque Palmas de Oro, Globos de Oro y Oscars por décadas tienen su peso.

¿Qué cómo conciliar al genio inspirador y al depredador sexual socialmente adorado? La congoja que más encuentro por ahí es acerca del cómo hacer para seguir considerando a Bertolucci un genio del cine y a la vez un misógino, un acosador y un violento estratégico; que escudado en la poderosa “libertad creativa”, luego ponderada por los premios, quería “humillación e ira real de parte de Schneider”.
Pues la respuesta está fácil: se dice que el fascismo hizo muy buenas carreteras, manejas tranquila y no por eso votarías por el partido facho. ¿O sí?

Fuiste fan de Woody Allen, pero ya no te dan ganas de repasar sus películas y no pagarías por ver la nueva.
Te invitan a la cena de navidad a la que irá el tío “encantador” y abusador sexual, y no vas porque prefieres hacer algo paralelo con las mujeres de tu familia.
No podemos desmontar lo que hemos sido, pero sí que podemos deconstruir el presente porque hemos ganado muchas más perspectivas que el masculino universal.

Volvamos a los números: 1973, Brando 48 años, Bertolucci 32 años, Schneider 19 años. A primera vista los números, incluso en intimidad y consentimiento, son delicados; y llevan a pensar diferencias de poder importantes por razones etarias. Lo grave es que hay abismales relaciones de poder por ser ellos de la realeza hollywoodense, al peor estilo Harvey Weinstein. Todo empeora si es sin consentimiento o como le llamo yo: violación sorpresa, a vista y gracia de un crew de cine (ojo Storaro, sabemos que estabas ahí) para luego ser exhibido públicamente.
Sabemos que algo ha cambiado cuando a los que orquestan y perpetran una violación les dan cárcel, aunque luego los liberan (la manada) y al menos ya no reciben premios por su libertad artística e “impulso” creativo.

Como me dijo una conocida de alta alcurnia política: el problema de ustedes las jóvenes (así de mayor es ella) es que viven lo mismo que nosotras vivimos en el pasado, pero ustedes ya saben que pueden decir que no.
Pues sí, sabemos que podemos decir no, y hasta podemos decir no, pero decir no o, solamente decir, tiene hoy día un costo social aniquilador.

Bonustrack.

Esta nota sirve como respuesta a todos los pelmazos y pelmazas que señalan con el dedo diciendo: quiere ganar fama, por qué no denunció antes…
*Cineasta, emprendedora social y creadora del seximógrafo.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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