“Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.”
– Tractatus 5.6 Ludwig Wittgenstein.

Mientras Ludwig Josef Johann Wittgenstein servía como teniente del ejército austro-húngaro durante la Primera Guerra Mundial, cayó prisionero de guerra en Italia. En ese período escribió el Tractatus, un texto cuyo significado más profundo es la lógica y la filosofía del lenguaje. Entre las frases majestuosas que se pueden rescatar de esta obra, es la sentencia que nos hace caer en la cuenta de que: los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. 

Si esto es así, la forma en la que nos expresamos, las palabras que elegimos para comunicar algo, dicen mucho sobre lo que somos, aspiramos y las formas en las que vamos a conseguirlas. Si partimos de esta base, podemos intuir que una forma de éxito o fracaso se plantea desde la forma en que nos expresamos. 

El lenguaje nos lleva a comunicar aquellos atributos o características de una persona que permiten interactuar a unas personas con otras de manera efectiva. Es curioso, pero lo que generalmente se enfoca al trabajo, a ciertos aspectos de este, o incluso a la vida diaria parece pasar por alto que el vehículo que usamos para transmitir pensamientos, ideas, procesos, anhelos es la palabra.

Los vocablos no son sólo un ingrediente en particular, sino que son el resultado de una combinación de habilidades sociales, de comunicación, de forma de ser, de acercamiento a los demás y otros factores que hacen a una persona dada a relacionarse y comunicarse de manera efectiva con otros. Quiero decir que el lenguaje es una herramienta indispensable en la gestión, sin embargo, tendemos a darla por hecho.

Las palabras tienen relación con lo que se conoce como inteligencia emocional pero también son una seña de identidad. La forma en que nos expresamos habla de quiénes somos, de la formación que tenemos, de la escolaridad y de la estructura de pensamiento con la que funcionamos.

Las palabras son el eslabón que vincula la relación y comunicación efectiva. Por supuesto, el uso adecuado del lenguaje se ve afectado principalmente por la capacidad de conocer y manejar las palabras, tanto en forma escrita como hablada.

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El lenguaje se relaciona directamente con nuestras habilidades duras y blandas. Las habilidades duras tienen relación con los requerimientos formales y técnicos para realizar una determinada actividad. Por ejemplo, conocer los procedimientos y modo de operación de una máquina en una fábrica, es parte de las habilidades duras de una persona.

Por lo tanto, una persona debe tener la competencia para entender el lenguaje técnico para operar una máquina y sacarle el mejor jugo posible, sin desperdiciar sus capacidades y sin sobrecargarla. Lo mismo sucede con los procesos que debemos comunicar a nuestro equipo de trabajo, se debe comunicar efectivamente lo que se espera de ellos, en cuánto tiempo y con cuántos recursos. Esta comunicación se hace por medio del lenguaje.

Las habilidades blandas tienen una relación con el conjunto de habilidades sociales, de comunicación, de comportamiento, de acercamiento a los demás y otros factores que hacen a una persona pueda relacionarse y comunicarse de manera efectiva con otros.

La selección de palabras es lo que nos lleva a transmitir un mensaje en forma clara para que quien debe recibirlo lo comprenda y pueda realizar las labores que le son asignadas, en forma efectiva, eficaz y consiga los resultados esperados.

El problema es que hemos desgastado la herramienta, la hemos descuidado y de tanto que la hemos dejado en un rincón, de repente parece que ya nos hemos olvidado de cómo usarla. La importancia de hablar correctamente y escribir con propiedad está vinculada con nuestro éxito personal y profesional. Una persona que sabe usar las palabras es capaz de superar inhibiciones, expresar un sentido crítico y comprender las formas bellas, claras y precisas de comunicarse con el entorno.

Claramente, un ejecutivo, un emprendedor, un profesional tiene que enfrentar varios retos que implican el uso adecuado del lenguaje: hablar en público, participar en mesas redondas, en lluvias de ideas, asistir a reuniones en las que se aborden temas polémicos, situaciones en las que tenga que expresar acuerdos o desacuerdos.

En fin, el Hombre, tal como lo dijera Aristóteles, es un ser social, un animal político.  El ser humano no vive aislado: nace, evoluciona y gestiona en sociedad.

Entonces, la expresión es la manifestación de todo aquello que tenemos en la mente. Si queremos exteriorizar nuestros estados espirituales, necesitamos materializarlos a través de palabras. La expresión consciente es la que comunica lo que sabemos y el lenguaje es la forma en la que lo vamos a dar a conocer. Entonces, las palabras se convierten en dos elementos que convergen en una misma naturaleza: son posibilidad y frontera. Son posibilidad en tanto que a partir de la elección de palabras podemos expresar nuestras ideas; son frontera ya que determinan el límite al que podemos llegar a través de la comunicación.

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Sabemos que, como dice la Ley de Oro de la Economía: nuestras necesidades son ilimitadas y nuestros recursos son finitos. La bondad de las palabras es que siempre tenemos la posibilidad de aumentar nuestro vocabulario. Un léxico amplio nos ensancha las fronteras y nos ayuda a aumentar nuestros recursos limitados para alcanzar a abarcar más de esas necesidades infinitas.

Si esto es así, si los límites de mis palabras son los límites de mi mundo, la forma en la que nos expresamos, las palabras que elegimos para comunicar algo, dicen mucho sobre lo que somos, aspiramos y las formas en las que vamos a conseguirlas. Si partimos de esta base, podemos intuir que una forma de éxito o fracaso se plantea desde la letra en que nos expresamos. Vale la pena empezar a valorar y cuidar aquello que nos puede empujar más allá de nuestras fronteras.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

* La autora es consultora, conferencista, capacitadora y catedrática en temas de Alta Dirección. También es escritora.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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