El lenguaje es una herramienta muy poderosa. En la gran mayoría de las ocasiones nuestras palabras preceden a nuestras percepciones y hasta nuestras realidades. Somos lo que decimos que somos.

 

Las palabras que pronunciamos, y las que escuchamos, en repetidas ocasiones, tienen el poder de reprogramarnos, recablearnos, transformarnos.

Si todos los días te repites a ti mismo que eres saludable, que eres feliz, que eres muy productivo o que eres atractivo, eventualmente tu mente lo percibirá así, y seguramente serás así. Sin embargo, si todos los días te repites que estás enfermo, que eres infeliz, que eres poco eficiente o que eres feo, seguramente lo percibirás y serás así.

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El lenguaje es una herramienta muy poderosa para programarnos a nosotros mismos; somos lo que decimos que somos. En la gran mayoría de las ocasiones, nuestras palabras preceden nuestras percepciones y hasta nuestras realidades. Seguramente te ha pasado que cuando dices: “¡Este día será un gran día!”, al final justo esto ocurre. Pero cuando dices: “¡Ya está empezando a llover, será un día terrible!”, también justo en esto se convierte, o conviertes, tu día.

La explicación neurobiológica de cómo el ser humano se autoprograma a través del lenguaje es muy sencilla. Cada vez que decimos o escuchamos algo, nuestro cerebro la interpreta como información que tiene que ser almacenada o memorizada; si estas palabras están llenas de emociones, la memoria se vuelve aún más fuerte y se graba más rápidamente por considerarse de importancia. La información se almacena por la conexión sináptica de las neuronas, y cada vez que se vuelve a escuchar la misma pieza de información, oxígeno, glucosa y neurotransmisores van directamente a los axones y dendritas de estas neuronas, reforzando el vínculo entre ellas. Así, entre más repitas cierta información más se considerará una verdad en tu cerebro y más será consultada automáticamente cuando se considere necesario.

Y si esto es cierto a nivel individual, también lo es a nivel colectivo. Si colaboramos en una organización en donde nos hablan con palabras de respeto, positivas, proactivas y motivadoras, esto lo absorberemos. Pero si, en cambio, lo que escuchamos de jefes y colaboradores es un conjunto de frases irrespetuosas, negativas, destructivas y desmotivadoras, es esto lo que absorberemos, hasta que eventualmente nuestro cerebro se convenza de pensar que nosotros, por ser parte de este entorno, somos así, tal cual.

La decisión de en qué organización estar y trabajar no debe de basarse sólo en la percepción económica o proyección profesional, sino, más importante aún, en la calidad de lo que absorbes del entorno, en el lenguaje que te rodea.

Recuerdo que en un taller de innovación que ofrecí hace algunos meses en una empresa inmobiliaria, uno de los mejores vendedores de la empresa me decía que una de las claves de su éxito era repetir, silenciosamente, frases como “soy una persona de confianza para este cliente”, “le agrado a este cliente”, “este cliente me respeta mucho”, y con eso no sólo se autoprogramaba a sí mismo, sino al mismo cliente. “¡El lenguaje es mágico!”, me decía. Así, el lenguaje no sólo tiene el poder de autoprogramarnos, sino también a los otros en su percepción de nosotros mismos.

A nivel país sucede lo mismo: lo que digamos y escuchemos que es México y los mexicanos, en repetidas ocasiones, eventualmente nos lo creeremos, y en eso nos convertiremos.

Estamos al inicio de un año, lo cual representa una gran oportunidad para analizar si estamos utilizando el lenguaje adecuado para autoprogramarnos de manera positiva y si estamos en un entorno donde se utilice un lenguaje adecuado para nuestros objetivos.

Es por ello que te quiero proponer que a la lista de tus propósitos de año nuevo le sumes los siguientes:

  1. Utilizaré palabras positivas, proactivas y motivadoras para hablar sobre mí y mis realidades.
  2. Utilizaré palabras positivas, proactivas y motivadoras para hablar de mi empresa (u organización) y colaboradores.
  3. Me rodearé de personas y participaré en entornos donde se utilice un lenguaje positivo, proactivo y motivador.
  4. Utilizaré palabras positivas, proactivas y motivadoras para hablar de mi país y mis conciudadanos.

Para algunos, su lenguaje es su mejor aliado, pero, para otros, es su peor aliado.

A fin de hacer de tu 2016 un mejor año, más feliz, saludable y productivo para ti y los tuyos, aprovecha esta gran herramienta que como seres humanos hemos desarrollado más que cualquier otra especie.

 

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