Desde mi forma de ver, el mejor urbanista de México se llama Netzahualcóyotl Salinas.

 

 

El mejor urbanista que encontré durante mis pesquisas en México no trabaja para la UNAM, la UAM, el Colmex o la Ibero. No está en la academia. No trabaja para empresas cementeras o desarrolladoras de vivienda de interés social. No es un consultor internacional que cobre millonadas por asesorar a organizaciones como ONU, Banco Mundial o el BID. No trabaja en el sector privado. Tampoco trabaja en Conapo o la Secretaría de Desarrollo Social o la nueva Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. No trabaja en el sector público. Y casi no sale en Google.

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Desde mi forma de ver, el mejor urbanista de México se llama Netzahualcóyotl Salinas, y es director de Propiedades de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, mejor conocida como los mormones. Cuando lo conocí, durante una entrevista periodística, él supervisaba la compra de terrenos y la construcción de las capillas de  esta denominación cuyo crecimiento es tan notable, particularmente en las periferias de las metrópolis de México. Para los mormones, el diezmo es un sacrificio y, por lo mismo, sagrado; malgastar el dinero de los fieles en errores de carácter urbano es un sacrilegio. Por lo mismo, en este caso lo mundano y lo divino se unen en un sistema de urbanización admirable por su orden y sensatez, administrado por una persona que sabe de los precios y problemáticas en todo México.

La razón por la que menciono eso, no es porque sea mormón o apoye las religiones organizadas, sino porque en vastas áreas urbanas las capillas mormonas son islas de orden, uniformidad, control y funcionalidad. Y creo que los principios que ellos aplican podrían ser considerados para la planeación urbana de escuelas, parques y otros edificios públicos y hasta privados. Parafraseando a Deng Xiao Ping, a mí no me importa si un gato es ateo o creyente mientras capture ratones. Investigué este tema hace cinco años y su sistema pudo haber cambiado; de cualquier forma, lo interesante es el sistema. Cabe mencionar que en aquel tiempo esta religión registraba un crecimiento anual de 10% en número de fieles.

Primero que nada es importante recordar que la misma iglesia paga por la construcción de los templos en las comunidades. En el momento que existen 20 nuevos mormones en una comunidad y no hay una capilla cerca, la iglesia renta un edificio para los servicios y otras actividades. Por lo mismo, la organización está muy pendiente de la demanda de un edificio. Los servicios de esta asociación religiosa en las periferias generalmente presentan algunos rezagos, lo cual implica que los creyentes deben recorrer grandes distancias para obtenerlos. Y ésta es una señal muy importante. Los terrenos en la orilla de las ciudades se vuelven más caros en cuanto la zona se va urbanizando. Quien primero sabe que va a necesitar un terreno, es quien más barato lo puede comprar. Para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, rentar una casa para sus fieles es una forma barata de ir midiendo la demanda. Esto, a su vez, le permite afianzar las inversiones mayores que vienen.

Cuando se han juntado alrededor de 70 personas, la iglesia empieza a analizar dónde comprar un terreno para poner un edificio. El terreno debe ser lo suficientemente grande para dos naves, pero al inicio sólo se construye una; la parte que sobra puede ser estacionamiento y cancha de basquetbol. La forma de construcción es modular, entonces mientras la comunidad va creciendo se va ampliando la segunda nave de la capilla. Cuando la comunidad es tan grande que no cabe en el edificio, los servicios se van escalonando para que el espacio siga siendo adecuado. Finalmente, cuando todas las posibilidades se han agotado, la iglesia construye otra capilla a no menos de 30 minutos de distancia, asegurándose de que cuenta con transporte público, así aseguran una cobertura geográfica continua y racional.

Aquí sólo toco los puntos directamente relacionados con la planificación urbana, dejando de lado otras prácticas como el uso de subastas electrónicas para elegir a los proveedores de servicios de construcción, el uso de plantas nativas de la zona como parte de la decoración del inmueble, y el uso del agua de las fuentes bautismales para regar los céspedes.

El sistema mormón resulta extremadamente funcional y práctico en términos urbanos. Resumiendo los principios generales, uno los podría resumir de la siguiente forma:

  1. Reconocer la demanda lo antes posible.
  2. Prever la compra de terrenos y de tamaño mayor al que la demanda exige.
  3. Comprar nuevos terrenos en función de la ubicación de los ya existentes, para desarrollar una cobertura (y estructura) regional.

La queja incesante sobre las periferias de las ciudades mexicanas es la falta de planeación. Y eso también es un problema de metodología en la planeación. Los mormones han logrado un modelo que aparenta funcionar. Imaginen un sistema de esta naturaleza para la construcción de escuelas o clínicas en las periferias.

Hay muy pocos casos de éxito en la periferia. Aunque uno podría criticar la uniformidad de las capillas mormonas y el hecho que tienen poco que ver con la cultura local, eso realmente tiene poco que ver con uno. Creo que este modelo nos da indicios de cómo enfrentar los retos de planeación implícitos en las zonas periféricas sumamente dinámicas. Primera regla para una mejor urbanización en México, ¡planear como Netzahualcóyotl Salinas!

 

 

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