¿Quién no ha estado tentado a desdibujar las arrugas en su rostro? ¿O a aumentar su energía? La industria de los suplementos alimenticios generó más de 52,000 mdd en 2014 en todo el mundo. Los mexicanos los consumen, y mucho, pero, sorpresa, muchos de estos productos parecen recetas de cocina.

 

Por Jennifer Juárez

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Los Ángeles, Ca­lifornia.- “Hay algo de arte en construir un sabor en tu mente y aplicar los ingredientes que tienes para reconstruirlo, y así obtener lo que deseas”, dice John Smythe, cuyo trabajo, después de graduarse en la universidad como químico, se centra en construir perfiles de sabores en una empresa de suplementos alimenticios.

En este momento está ideando el sabor de un producto que fortalecería al sistema inmunitario. La base de ese producto se ve amarillenta; al comerla se siente te­rrosa y sabe agria. Ya que está con­formada por vitaminas, minerales y fibra, no sabe a comida. Así que la labor de Smythe y su equipo es crear una fórmula que le dé a esta “irreconocible” base características análogas a las de un alimento.

En una industria con un valor global de 52,128 millones de dólares (mdd) en 2014, según un análisis de mercado de Euromoni­tor International, los fabricantes tienen que ir un paso más allá de lo nutritivo hacia lo sabroso e, incluso, apelar a un regreso a lo básico: lo natural. Para ello, las características otorgadas por los expertos en sabor muchas veces “visten de naturale­za” a las bases.

Director de Investigación y Desarrollo Sensorial es el cargo que Smythe ostenta. Además de la licenciatura en Química, tiene estudios de posgrado en Ciencias Sensoriales de los Alimentos por las universidades de California en Davis y Cornell.

Pero, ¿cómo puede ser ciencia algo tan subjetivo como el sabor y las preferencias? Smythe despacha en un laboratorio organoléptico (donde “todo puede percibirse por los sentidos”). Allí, para evaluar y predecir el éxito de un nuevo producto, realiza análisis a través de los cuales da a probar muestras a cientos de usuarios para predecir si el “producto” tendrá o no éxito en el mercado. Además, tiene un equipo entrenado en análisis sen­sorial para asegurarse de que sus líneas de productos siempre tengan los mismos sabores y olores, año con año.

Aunque la tendencia es utilizar los ingredientes que se anuncian en el nombre o en las imágenes (eti­queta y publicidad) del producto, el uso de algunos alimentos puede re­sultar conflictivo para la industria. Por ejemplo, las nueces o el huevo son alérgenos comunes y si se uti­lizan en una planta de producción todo lo que se procese en la misma podría resultar contaminado, lo cual lo haría incomestible para una parte de la población.

Mediante una técnica llamada WONF (siglas en inglés para “con otros sabores naturales”) puede “fabricarse” el sabor de la nuez con ingredientes como el sésa­mo. Smythe explica: “Piensa en la almendra. El sabor más común para recrear el gusto de almendra es el benzaldehído, que se encuentra en el amareto y también en las cerezas en alta concentración. Puedes ais­lar las fracciones activas del sabor de tu material inicial y encontrar materiales idénticos en otros ingredientes naturales, para crear un perfil de sabor que sea com­parable a tu objetivo, sin utilizar ningún material de ese objetivo”.

Ahora, tal vez te preguntes: ¿cómo se recrea el sabor a fresa? “Con la fresa nunca tendrás éxito, porque es un sabor tan complejo que tiene como 400 componentes activos de sabor. Es financiera­mente inviable intentar hacerlo con otros sabores naturales”, apunta Smythe.

A pesar de su formación cientí­fica, el laboratorista insiste en que su trabajo “es un poco un arte, no es totalmente una ciencia”.

Gato por liebre

A pesar de los grandes recursos que las empresas de suplementos alimenticios invierten en los gustos del público, una industria que actualmente en México genera 892 mdd, según datos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), no se sostiene sólo de buenos sabores. La gente espera, a cambio de su gasto en suplementos alimenticios, un beneficio en su salud.

En farmacias y tiendas natu­ristas es posible encontrar una enorme variedad de opciones…, pero pocas garantías. Esto genera desconfianza en el consumidor al detalle y fomenta la venta directa. “Menos de 1% de las ventas de su­plementos alimenticios en México son por Internet, porque hay dudas sobre la calidad y la seguridad del producto. Cuando la gente compra de una persona que ya conoce, tiene más confianza en el producto”, explica Amanda Bourlier, analista de mercados en Euromonitor.

Esta desconfianza no carece de fundamento, ya que en México el mercado informal de productos milagro disfrazados de suplemen­tos alimenticios está valuado en 29.6 mdd, equivalente a 3% de la industria de suplementos, según Cofepris. De acuerdo con los espe­cialistas, no hay forma infalible de verificar la legitimidad o eficacia de un producto antes de comprarlo.

“El suplemento alimenticio no requiere de un registro sanitario para su venta, por eso no van a encontrar un aval de la Cofepris”, explica Álvaro Pérez Vega, comi­sionado de Operación Sanitaria de la Cofepris. La regulación sanitaria indica que el control de los suple­mentos alimenticios en México es posterior a su venta. “Para que el producto esté en el mercado, el par­ticular debe presentar un aviso de funcionamiento de la planta o del establecimiento donde se produzca el suplemento alimenticio. Con eso ya, en términos regulatorios, puede empezar a producir”.

Entonces, ¿cómo elegir un producto? “Hay suplementos que dicen que son mejores que cualquier medicamento. El que te dice que te va a curar, que va a prevenir, es obviamente un producto ‘milagro’ que no ha pasado por ninguna regulación y en cualquier momento se va a asegurar”, dice Pérez.

Y los legítimos, ¿funcionan?

Más allá del riesgo de fraude y daños orgánicos que se han docu­mentado en revistas médicas, el uso de estas sustancias es cuestionado por la comunidad científica: “Al­gunas de estas empresas tienen un sistema muy bueno de marketing y de propaganda, y mucha gente confía en estos compuestos. La gen­te tiene muchas veces conceptos muy distorsionados sobre aspectos científicos. Es parte del signo de los tiempos. Algunas industrias utilizan una mezcla de aspectos científicos y no científicos para comercializar sus productos y, a veces, con termi­nología científica, están promocio­nando compuestos carentes de base científica”, dice el doctor Eliseo Guallar, investigador y profesor de Epidemiología y Medicina en el Centro Welch para la Prevención, Epidemiología e Investigación Clínica de la Escuela de Medicina Johns Hopkins.

Guallar publicó el artículo “Ya es suficiente: Dejen de desperdiciar dinero en suplementos de vitami­nas y minerales”, en diciembre de 2013 en la revista médica académi­ca Anales de Medicina Interna, del Colegio Americano de Médicos. En dicho artículo, el epidemiólogo se apoya en tres estudios científicos para argumentar que, en los países donde no se registran altos niveles de desnutrición, el consumo de su­plementos de betacaroteno, vitami­na E y posiblemente altas dosis de vitamina A puede resultar dañino; mientras que los antioxidantes, el ácido fólico, las vitaminas B y los multivitamínicos y suplementos con minerales son inefectivos para prevenir la mortandad o las enfer­medades crónicas.

El artículo de Guallar revivió un viejo debate y provocó múltiples re­acciones de la comunidad científica y profesionales de la salud, tanto a favor como en contra.

Guallar aclara que no está en contra de los nutrientes, sino de la forma como pretendemos obtener­los: “Obviamente las vitaminas y los minerales son importantes, esen­ciales y los necesitamos todos. La idea es que tenemos que consu­mirlos con la dieta y no está claro por qué tendríamos que tomar pastillas adicionales”.

“Si nos faltaran nutrientes, sería relativamente fácil hacer estudios y experimentos donde se viera que con una cierta suplementación se corrige algún tipo de defecto fisiológico u orgánico que a falta de estos nutrientes se está produ­ciendo y esos datos simplemente no existen”, argumenta Guallar.

El presidente del Colegio Mexi­cano de Bariatría, David Montalvo, coincide en que, si bien los suple­mentos pueden generar beneficios en la salud, no todas las personas necesitan tomarlos y su consumo incluso puede resultar dañino para algunos. Por ejemplo, “el Omega 3 puede tener una acción para reducir el colesterol, pero también tiene una acción anticoagulante y si me someto a una cirugía puede re­presentar un riesgo. Además, tiene el efecto de bajar la presión arterial, por lo que puede provocar hipoten­sión arterial; también inflamación intestinal y colitis”.

El Bariatra explica que en ocasiones prescribe suplementos a sus pacientes, pero si la persona no tiene problemas médicos lo mejor es buscar una alimentación bien balanceada y lo más natural posible, sin tomar muchas sustan­cias industrializadas.

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