“La teoría económica nos dice que las economías emergentes deben crecer más rápido que las economías avanzadas… menos ésta” (la de México), dice el premio Nobel de Economía.

 

El 27 de marzo, en el marco de la Convención Nacional de Industriales organizada por Canacintra, se presentó un invitado muy especial, el célebre Premio Nobel de Economía Paul Krugman.

El profesor Krugman asistió para dar una conferencia magistral sobre algunos aspectos de la economía mundial y en particular en torno de economías emergentes. Durante el evento tuve la oportunidad de tener una larga conversación con él sobre muchos temas desde música hasta literatura de ciencia ficción. Y uno de tantos temas fue la economía mexicana. Este texto es una breve recopilación de lo que platicamos sobre México.

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El profesor me contaba:

PK: La primera vez que yo realmente le presté atención a México fue en 1983, cuando formaba parte del staff de asesores económicos en la Casa Blanca. En ese entonces mirábamos a México con mucha atención; siempre esperábamos cómo una nueva crisis aparecería.

En esos tiempos, hace 30 años, la economía mexicana pasaba por serias dificultades. Los años del llamado milagro mexicano se agotaron, el modelo de industrialización por sustitución de importaciones responsable de la rápida industrialización del pasado ya no funcionaba. Los problemas de deuda rápidamente plagaban a México y a todas las otras economías de América Latina. Comenzaba un cambio en la forma de conducir la política económica en estos países. Iniciaba la época de los llamados programas de ajuste estructural (las políticas del infame Consenso de Washington), que a la larga producirían la década perdida para el desarrollo en toda la región.

Mientras repasábamos algunos de estos sucesos en las terribles crisis de deuda en la región, el profesor me decía:

PK: Diego, ¿recuerdas la ley de Dornsbusch? (Nombrada así por el gran economista Rudiger Dornsbusch.) Cuando Rudy (Dornsbusch) era mi profesor, nos la recordaba (la ley). Las crisis financieras toman mucho más tiempo en llegar de lo que uno imagina, y luego pasan más rápido de lo que pensabas; así tienes la oportunidad de equivocarte dos veces.

Vaya que en el México de los años ochenta se presentó la oportunidad de equivocarnos en múltiples ocasiones. Éramos el país donde la ley de Dornsbusch siempre encontraba formas de manifestarse.

Recordando a Dornsbusch y su fantástico libro de texto de macroeconomía, le preguntaba: profesor Krugman, Rudiger Dornsbusch y Alejandro Werner fueron los primeros en anticipar la crisis de 1995, ¿no es así?

PK: Sí, ellos anticiparon cómo el tipo de cambio fijo y la elevada especulación financiera que atrajeron eventualmente podría conducir a una crisis monetaria y de balanza de pagos, y acertaron. Verás: en los ochenta y los noventa, México realmente era un caso de estudio muy interesante. Lo que aprendimos de su crisis en 1995 fue de gran ayuda para entender la crisis asiática de 1997 y otras crisis monetarias de la época.

En retrospectiva, viendo lo recurrente que eran las crisis económicas severas en México, es imposible negar que el país ha cambiado: la apertura comercial se ha consolidado; la integración de las cadenas productivas en el norte con la economía de Estados Unidos es más fuerte que nunca; tenemos un sistema financiero que, aunque deficiente en su tarea principal (dar crédito), al menos no es propenso a las crisis como la de 1995.

Con esta reflexión en mente le preguntaba al profesor: ¿Por qué la economía mexicana no crece? Le insistía en que quizá se deba a la tremenda desigualdad que tiene el país a su concentración de poder monopólico en muchos sectores, a lo cual contestó:

PK: El mal desempeño de México en términos de crecimiento sí es preocupante. Todos hubiéramos esperado que fueran un caso como el de Corea del sur; sin embargo, parece que durante los últimos 30 años han encontrado formas de hacer cosas positivas en el peor momento posible, cuando el viento sopla en contra. Respecto a la desigualdad, hay evidencias que señalan cierta relación entre ésta y el bajo crecimiento, pero lo que me preocuparía más de la desigualdad es la inestabilidad política y financiera que trae consigo. No deberíamos ser egoístas y pensar en la redistribución sólo porque pueda favorecer al crecimiento; deberíamos hacerlo porque es buena para las personas en situación de pobreza: ésa es la razón más fuerte.

Pero, entonces ¿sólo hemos tenido mala suerte? A lo que él respondió:

PK: Hay algo de eso, pero definitivamente pudieron tomar mejores decisiones durante los últimos años. Mi amigo Larry Summers la llama “secular stagnation” (la mejor traducción en español sería estancamiento permanente). Pareciera que la economía simplemente no logra generar la suficiente demanda interna, y eso involucra muchos factores, muchos de los cuales quizá realmente no entendemos aun.

Lo que Larry Summers trata de explicar con el término que acuñó y al que Paul Krugman hace referencia, es que las economías a veces quedan atrapadas en ciclos de bajo crecimiento por largos periodos. La política monetaria, y en cierta medida la política fiscal, parecen no tener gran efecto en generar tracción. Viendo la tendencia de la economía mexicana desde los años ochenta, el término sí aplica para lo que observamos.

Después de todo, la insistencia en un modelo económico que tiene como único motor de crecimiento el sector externo omite gravemente el rol de un mercado interno fuerte y del desarrollo de una política industrial que le ayude a escapar el embrujo del estancamiento.

Para cerrar el tema de México en nuestra conversación, le pregunté: ¿No valdría, entonces, la pena hacer un cambio en el modelo económico? Después de todo, si por tantos años no responde quizás es tiempo de aceptar que simplemente no funciona. Usted siempre ha sido muy enfático sobre cómo los modelos son simples metáforas y que tomarlos como la realidad y forzarlos en la sociedad a la luz de la evidencia de su no funcionamiento es francamente tonto.

PK: Es cierto: es tonto insistir en políticas que claramente no funcionan. Robert Solow decía que cuando no entendemos algo realmente, cuando nos cuestionamos seriamente el funcionamiento de un modelo hasta sus mínimos detalles, bien podríamos terminar haciendo sociología; simplemente hay mucho que no entendemos. Sin embargo, sí entendemos algunas cosas sobre el crecimiento, y es claro que son una guía útil para tratar políticas nuevas. Seguramente eso es mejor alternativa que tratar lo que no funciona.

Respecto a la economía mexicana es claro que Krugman ve cosas distintas en el ayer y en el ahora; hemos cambiado como país para bien o para mal, en un gran número de temas, quizás el más obvio es que las crisis mundiales ya no inician aquí. Después de hablar un poco sobre México hace 30 años y la actualidad es imposible no reflexionar que después de tres décadas la economía mexicana es ahora muy distinta y al mismo tiempo sigue siendo un tanto igual. Aún sigue en lo general un mismo modelo de crecimiento, blandiendo como gran y única ventaja su cercanía con Estados Unidos. Sigue haciendo cosas aparentemente positivas en los peores momentos del clima internacional. Es como avanzar y al mismo tiempo quedarse estático.

Cuando le comento esta reflexión, el profesor Krugman se detiene un momento, sonríe y hace un pequeño chiste:

PK: La teoría económica nos dice que las economías emergentes deben crecer más rápido que las economías avanzadas… menos ésta…

La teoría económica le llama a este fenómeno convergencia. Todos queremos que la economía mexicana despegue y que genere el suficiente crecimiento para comenzar a aliviar algunos de sus problemas más severos como la pobreza, la informalidad, el desempleo y, el más fuerte quizá, la desigualdad, todos relacionados entre sí. Ojalá ese momento llegue pronto, pero no lo hará sin un cambio de rumbo en la política económica y la aceptación de las fallas de un modelo que tiene 30 años sin funcionar.

 

Nota: Un agradecimiento al presidente nacional de Canacintra, Rodrigo Alpízar, y al presidente de Jóvenes Industriales, Miguel Céspedes, por las facilidades para poder tener esta larga conversación con Paul Krugman durante la celebración de la CNI 2015.

 

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