Regatear es un hábito cultural arraigado, pero abusar de esta acción es como el karma: tarde o temprano regresará a nosotros con la forma de un servicio malo o injusto.

 

No importa en qué hotel estemos, puede ser uno de cinco diamantes en Europa o un motel en la carretera, el minibar nunca es barato, ni con precios normales; las personas que se sorprenden al adquirir algo del esta fuente, están fingiendo. Inclusive usted, lector, si alguna vez se ha enojado por el excesivo cobro, o por una supuesta ignorancia del precio de los productos del minibar, siento decirle que usted no estaba adquiriendo un refrigerio, sino un servicio, es decir, el costo de no levantarse de la cama, no salir de la habitación y tener ahí mismo una variedad de botanas y bebidas para disfrutar sólo o acompañado. Y si este blog regularmente trata de señalar las omisiones en el servicio, hoy trataré de enfocarme en las posiciones ventajosas del consumidor.

Y es un tema importante porque la gente que se queja del precio generalmente lo hace con el servicio, lo cual es una paradoja: Quien ofrece un precio bajo, está reduciendo gastos en el esfuerzo para servir a sus clientes. El ser bien atendido tiene un costo y es necesario no escatimar en las atenciones que demandamos.

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Sin embargo, debe quedar la línea bien definida: lo caro tampoco garantiza nada, aunque nos da el poder de exigirlo.

Les comparto un ejemplo que tal vez sólo suceda en mi familia, pero a mi abuelita le cuesta mucho ir a comer a un buen restaurante: puede disfrutar de la comida, pero cuando se le ocurre ver los precios, comienza a desglosar en su mente el precio de los ingredientes, y evidentemente no se acerca para nada al banquete que ella podría preparar con la misma cantidad.

Y es que ella pertenece a una generación donde muchos procesos de servicio e industrias eran locales. Hoy en día, detrás de cada objeto en nuestras manos, hay una larga cadena, muchas veces internacional, de personas trabajando para nosotros.

Y esto no es un tema superficial: Aquél empresario que escatima en gastos de servicio, también ha escatimado con los productores, con sus empleados y con otras personas que se benefician de un empleo. Es muy probable que un producto que sea “barato hasta los sospechoso”, tenga detrás alguna situación injusta: productores mal pagados o esclavizados, empleados descontentos y manipulados, materia prima de mala calidad o personal inadecuado.

Es por esto que tengo que explicarle a mi abuelita que al pagar una cantidad superior, estamos probablemente beneficiando a más personas y garantizando que tendremos una buena experiencia en su comida de cumpleaños.

Regatear es probablemente un hábito cultural arraigado, pero abusar de esta acción es como el karma: tarde o temprano regresará a nosotros con la forma de un servicio malo o injusto. ¿Cómo atraer experiencias únicas y de calidad si no estamos dispuestos a valorarlas?

Lo caro y lo barato no son sinónimos de calidad, pero invertir en nuestro beneplácito es el origen de una vida alejada de tratos que no merecemos.

 

 

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