Los sistemas complejos oscilan cuando van a cambiar, están en un punto de inflexión, saturados, y cualquier evento menor puede ocasionar un cambio profundo, una avalancha, un cisne negro, un evento inesperado. Así está el mundo. 

El fin de la guerra fría, el contagio de la democracia como forma de gobierno, el incremento en el comercio internacional y la emergencia de una nueva forma de comunicarnos a través de internet prometían un mejor mundo. La promesa no está rota, pero aún no termina el proceso y vivimos una noche oscura. 

Los sistemas se auto-ordenan en nuevos niveles de mayor complejidad, así funciona el Universo, y lo logran con información. La información es el factor que permite el autoordenamiento. 

Sin embargo, con más información disponible, el mundo político parecería que va rumbo al caos y no en la dirección correcta hacia una sociedad más pacífica y racional. 

Insisto, el proceso aún no termina, estamos en una oscilación y hoy toca un viraje hacia el descontento y la violencia. La nueva información es informal y no respeta jerarquías ni estructuras establecidas. Ya no hay filtros formales, ni secretos seguros, aunque sí formas de manipular e influenciar con las nuevas tecnologías. 

Macario Schettino lo insiste, el modelo mental de la realidad ya no funciona y esta disonancia cognitiva crea inestabilidad emocional e irracionalidad. Así lo hemos vivido en el pasado y, mientras el nuevo orden lógico aún no emerge, son tiempos de caos y de zozobra. Un episodio más en la larga historia del hombre en sociedad. 

Cada región y cada país lo vive a su manera. Asia sigue buscando el futuro con ingenio y pragmatismo, con el gran reto de mantener la estabilidad política a pesar de las expectativas de libertad y desarrollo individual. China da enormes brincos tecnológicos para mantenerse inmóvil políticamente.  ¿Lo logrará así, con mayores controles gubernamentales basados en la tecnología o logrará avanzar políticamente?

Latinoamérica, por el contrario, se deslumbra una vez más con pasado idílico, lleno de ideas románticas obsoletas e imprácticas. Nadie está a salvo. Chile es el último ejemplo.  México se estanca económicamente y retrocede políticamente con una “nueva” élite política de siglo pasado. El populismo se aprovecha del descontento y engaña a la población temerosa e iracunda, azuzando rencores añejos, promoviendo utopías infantiles, cancelando libertades. 

Europa y Estados Unidos sufren el otro tipo de populismo, el que aviva el temor del desempleo, la inmigración, la apertura comercial y la pérdida de identidad nacional. 

Todos están descontentos con el sistema de gobierno y con los partidos tradicionales, y en sentido más amplio, con la estructura política, social y económica. Toda esta oscilación del sistema hizo ebullición en el 2008. En México pegó no tanto en lo económico como en la violencia desatada por el Plan Mérida, impuesto por la DEA a nuestro país. Culiacán es su último episodio. Inseguridad y corrupción fueron los dos reclamos de la última elección. 

En el 2024 viene otro cambio arquetípico. ¿Será el principio del nuevo orden? ¿El inicio de un nuevo modelo mental-emocional que derive en sociedades y sistemas políticos con mejor nivel de consciencia? 

No hay que olvidar que la información y la comunicación siguen presionando hacia la emergencia de un nuevo orden. Tiendo a ser optimista en el largo plazo, muy a pesar del pesimismo presente. Creo que finalmente entenderemos que regular drogas es menos dañino que prohibirlas, que Estados Unidos reforzará su alianza comercial con México en su lucha contra China y eso puede ser un factor de negociación para nosotros, y que el populismo mexicano difícilmente podrá mantenerse en el poder con tanta ineficacia, escasez de recursos y franco engaño a su población. 

Todo ello es viable en la medida de que muchos entendamos lo que sucede y trabajemos racional, honesta y conscientemente a favor de un nuevo orden. Gran parte de la población mexicana sigue hechizada con la nueva administración, pero la ineptitud del régimen seguirá pegando fuerte con inseguridad, desempleo, corrupción y desinversión. Aún no cae la máscara, pero la información sigue tocando la puerta y la teoría se entiende muy claramente cuando quema carne propia. 

¡Tanto qué mejorar en México y tanta distracción ante el neo-populismo!

Bien, pues lo primero que debemos entender es que el populismo no es la causa, sino el parásito que invade cuando el organismo está débil. De otra manera, corremos el riesgo de oscilar hacia el populismo de derecha, que tampoco augura nada bueno o de botar a los que están para que todo siga igual. 

 

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Twitter: @semaforodelito

 

*El autor es Director y fundador de Semáforo Delictivo, herramienta de rendición de cuentas, evaluación y análisis del comportamiento de la delincuencia y violencia en México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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