El año 2016 será recor­dado por una serie de acontecimientos de orden político y económico que marcarán la transición, quizá dramáti­ca, de un enfoque neoliberal a otro de un comercio más proteccionista, donde renacen temores e incertidumbres respecto a la globalización, lo que genera menores expectativas de crecimiento.

Los mercados financieros han sido los primeros en reaccionar ante la incertidum­bre; el dólar se fortalece y las monedas de países emergentes se debilitan; las bolsas de valores fluc­túan con velocidad entre números rojos y negros; y las tasas de interés ele­van el costo del dinero.

En México, el Banco Central ha incrementado los tipos de interés en cuatro ocasiones durante 2016 y, a partir del 17 de noviembre, la tasa objeti­vo de interés se ubicó en 5.25%, mientras que, al inicio del año, su nivel era de 3.25%. Ade­más, previo al resultado de las elecciones en Estados Unidos, el dólar se vendió en 18.42 pesos, en tanto que el 28 de noviem­bre su precio fue de 20.62 pesos.

Los temores provocan reacciones negativas en los mercados; transitamos hacia un mundo de cautela, luego de años de bajas tasas de interés, desequilibrios fiscales y excesiva contratación y emisión de deuda, originados por los incentivos de los principales bancos centrales del mundo para impulsar la economía.

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Pero México ya cuenta con un blinda­je, que esperamos sea suficiente ante los choques del exterior y que no afecte su estabilidad macroeconómica, su planta productiva y la continuidad de crecimiento del mercado interno.

El cambio de gobierno del país más poderoso del mundo, con el cual tenemos la máxima interdependencia, ha provocado un clima de preocupación y de incertidum­bre, considerando que durante la campaña del ahora presidente electo Donald Trump, se dirigieron ofensas a México y mensajes con posibles acciones que replantean algunos puntos críticos de nues­tra vecindad.

Por lo tanto, tenemos que prepararnos para lo más complejo. Esto no es para pusilánimes ni cobardes y mucho menos para aquellos que no entiendan que en la unión está la fuerza. Es un gran momento para hacer a un lado las diferencias y unirnos en lo esencial.

Hay que reconocer que, independien­temente del resultado de las elecciones en Estados Unidos, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) era inminente, y la mejor manera de anticiparse a los hechos era contar con una planeación prospectiva y convertir las amenazas en fortalezas.

A su vez, podríamos ubicar como punto central al comercio y creer, de una manera superficial, que por renegociar el TLCAN se terminarán las relaciones económicas y comerciales; pero eso es absurdo. México, en tiempos de Porfirio Díaz, tenía una re­lación del 72% de su comercio con Estados Unidos. Pasaron muchos acontecimientos desde la Revolución y las guerras y siempre hemos estado conectados económicamen­te. El problema es que hoy nuestra depen­dencia es del 82%.

Hay muchos otros aspectos extremada­mente importantes y sería un error hacer un juicio de valor sólo por un proceso electoral que será transitorio. Reabrir viejas heridas nos dañaría a todos, así que ahora hay que encontrar coincidencias y mejorar la capaci­dad que nuestros países tienen para benefi­ciarse en el campo bilateral y multilateral.

Además, México cuenta con instru­mentos para hacer frente a los choques externos: las reservas internacionales, que acumulan 175,268 millones de dólares (mdd), y la línea de crédito emergente con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por 86,200 mdd. Así, es el momento de que el mercado interno retome su papel como motor de crecimiento.

También consideramos que las nuevas negociaciones del TLCAN deberán conte­ner aspectos que determinen el escenario que queremos, como mínimo al año 2050. Lo anterior provoca que construir el pro­yecto de nación de largo plazo se vuelva una tarea prioritaria.

Para nuestro país, 2017 será un año de retos que nos obligan a preparar un plan de mediano y largo plazos, generar estrategias que rompan paradigmas y llevarlas a cabo. Los cambios nos ayudan a salir de nuestra zona de confort, a tener mayor crecimiento y a generar nuevas oportunidades.

Los mexicanos tenemos la responsabili­dad de mostrar nuestras fortalezas hacia el exterior… pero también, y principalmente, hacia el interior.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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