Un nuevo estudio realizado por PwC revela que menos de la mitad de los dueños de un dispositivo vestible lo usa todos los días. ¿Qué necesitan esos nuevos dispositivos para ser realmente funcionales?

 

Por Sarah Hedgecock

 

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¿Vale la pena todo el bombo que rodea últimamente a esos dispositivos digitales portátiles llamados wearables? Un nuevo informe publicado por PricewaterhouseCoopers examina el estado de los wearables en este momento y revela que menos de la mitad de las personas que poseen un aparato de este tipo lo utiliza todos los días.

De hecho, todo el optimismo mostrado por productores y usuarios habituales de dispositivos portátiles —cosas como smartbands, Google Glass y otras herramientas digitales vestibles— no tiene mucho fundamento. Alrededor de 21% de los consumidores en Estados Unidos posee uno, según el informe, pero alrededor de 52% de ellos no los utilizan todos los días —ese número incluye a aproximadamente 10% de los encuestados que tienen uno pero no lo usan en absoluto.

Esos números se contraponen a la incesante popularidad que rodea a los wearables de compañías como Jawbone, Fitbit, Nike, y ahora Apple. “Tratamos de que este reporte estuviera muy aterrizado en la realidad”, dijo por teléfono Ceci Connolly, directora general del Instituto de Investigación de la Salud en PwC. A la gente le gusta la idea de estos dispositivos, pero simplemente no quiere preocuparse por ellos

El informe, que obtuvo sus datos a partir de una encuesta realizada a 1,000 personas, así como focus groups y entrevistas, afirma que 56% de los encuestados cree que el promedio de vida se incrementará en una década gracias a la capacidad de los wearables para monitorear los signos vitales. El 42% cree que mejorarán dramáticamente la capacidad atlética de la persona promedio, pero no deja de llamar la atención que esa cifra sea dos veces más alta que el porcentaje de personas que dijo poseer un aparato, para empezar.

Connolly y Vaughn Kauffman, directores de práctica de Industrias de Salud de PwC, atribuyen esto al hecho de que la tecnología de los wearables aún se encuentra en sus primeros días. Actualmente los usuarios gastan una buena cantidad de dinero en dispositivos que tienen funciones bastante limitadas

Sin embargo, los inversionistas están poniendo su dinero en este sector. A mediados de este año, las startups de salud digital habían levantado colectivamente 2,300 millones de dólares en financiamiento, con 200 millones de dólares enfocados a dispositivos como los incluidos en el informe. Una posible solución para reducir la brecha entre el costo y el consumidor es hacer que los dispositivos sean una prestación del empleador o un beneficio otorgado por las aseguradoras.

En este punto en el ciclo de adopción tecnológica, la mayoría de los consumidores está claramente dispuesta a gastar dinero en un wearable por su propio bien. (De hecho, sólo 38% de los encuestados estaba muy o bastante dispuesto a comprar uno, incluso por 100 dólares.) Pero si el dispositivo se proporciona como un beneficio para la salud y se asocia con el proveedor de cuidado de la salud del usuario, el número podría aumentar, de acuerdo con el informe, hasta 68%.

“Los médicos están en el círculo de confianza de los pacientes”, dijo Kauffman, “y en la medida en que las empresas traten de entrar en ese círculo de confianza tienen que dejar claro que la información que registren será usada para beneficio del paciente”. Si tu empresa de salud digital quiere más usuarios, la mejor manera de lograrlo es entablar primero una relación con sus médicos.

Y todavía hay más obstáculos: la tecnología para dar sentido a todos los datos recogidos por un wearable aún necesita ajustes finos. Los usuarios están preocupados por la privacidad y quieren saber quién puede tener acceso a sus datos de salud. Los wearables, en este momento, simplemente no justifican su popularidad, así que no te sientas demasiado mal por ese Fitbit que descansa en el cajón de tu buró. Estás lejos de ser el único.

 

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