El negocio azucarero de Cultiba había estado en un segundo plano, pero la privatización de nueve ingenios, la cogeneración de energía eléctrica y nuevos proyectos en Estados Unidos la ponen en el centro de atención. Juan Cortina Gallardo está detrás de este reacomodo.

 

Era un día de mayo de 2012 en un departamento frente a Central Park, en Nueva York. Se trataba del primer encuentro preparatorio para la salida a bolsa de Cultiba, la empresa de la que Juan Gallardo Thurlow es CEO y que funge como controladora de la embotelladora de PepsiCo en todo México y que opera ingenios azucareros.

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Desde esa primera cita, Gallardo Thurlow y los directivos que le acompañaban se proponían convencer a los analistas de Credit Suisse, Bancomer, Ixe y otras casas de bolsa de que Cultiba tenía la fórmula para recuperar la cuota de participación en el mercado de bebidas mexicano que le había arrebatado la competencia. Finalmente la compañía hizo una emisión de acciones en la bolsa mexicana en enero de 2013. Lo que vino después no fue precisamente lo que Gallardo Thurlow y su equipo esperaban: la acción de Cultiba, que salió al mercado con un precio de 38 pesos, hoy vale menos de 20.50 pesos.

Uno de los más discretos en la reunión en Nueva York fue Juan Cortina Gallardo, sobrino de Gallardo Thurlow y director general de Grupo Azucarero México (GAM), la subsidiaria de Cultiba que opera los ingenios —el negocio original de la familia y que llevó a su tío a los primeros planos del empresariado mexicano y a la lista de millonarios de Forbes.

Los 2,300 millones de pesos (mdp) que ingresa GAM al año equivalen a sólo 7% de las ventas de Cultiba. Pero desde aquel encuentro en Nueva York a esta filial le han pasado mejores cosas que a la controladora.

El 12 de junio pasado fue la ultima fecha para recibir ofertas para los ingenios azucareros que el gobierno tenía a la venta: nueve fábricas que producen 22% del azúcar del país. La adjudicación sólo se aplicó a cuatro de los nueve ingenios por un monto de 3,282 millones de pesos (213 millones de dólares). Aunque el interés de GAM era doble: le llenaban el ojo tanto los ingenios con vías de acceso logístico para exportar a Estados Unidos como los ubicados en el noreste, donde la compañía no tiene planta. Sin embargo, la empresa no compró ningún ingenio.

Sin contar los nueve ingenios que aún opera el gobierno, GAM es la tercera mayor productora de azúcar en México, obtiene 30% de sus ingresos en Estados Unidos, según Cortina, y varios de sus planes apuntan a ese país. Este año, se propone montar dos pequeñas plantas en Estados Unidos para transformar azúcar granulado en azúcar líquido y ya está en pláticas con un distribuidor para que lleve el endulzante a fábricas de chocolates, galletas y confitería a los estados fronterizos con México y a algunos de la costa este.

En tanto que commoditie, el azúcar tiene precios y mercados internacionales volátiles, pero la opción de generar energéticos a partir de los materiales de desecho de los ingenios es una dosis de estabilidad. La electricidad que genera GAM le provee 6% de sus ingresos, a la vez que permite a Cultiba disponer de electricidad 10% más barata que la de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), según Cortina. “El azúcar revive con los proyectos de energía”, dice el directivo.

Cortina también quiere tener una respuesta para los consumidores industriales que tienen la presión de bajar los índices calóricos en bebidas, pastelillos, golosinas y múltiples productos.

Tras años de investigaciones, GAM planea construir una planta en Jalisco para procesar Stevia, un endulzante natural sin calorías —y aprovechar la experiencia acumulada en Chile, donde tiene una planta y desde la cual exporta a Europa y otros mercados—. En México, la compañía ya tiene plantaciones del endulzante en Sinaloa y Michoacán y es el proveedor exclusivo de Bimbo.

Pese a todo, Cortina y su tío Gallardo Thurlow no han dado la gran campanada: el refuerzo de la gama de bebidas de GEPP con una línea de jugos que eleve el volumen de negocio de la embotelladora y la demanda de azúcar de GAM. La candidata natural es Jumex, con la cual GAM ya tiene un contrato para distribuir Jumex Fresh.

Cortina no ignora que Jumex es una empresa familiar en la que no hay un claro sucesor en el mando del negocio, no tiene una gama de bebidas que se necesita para competir, Coca-Cola y sus embotelladores no la pueden comprar por razones de competencia y, para colmo, el año pasado pudo haberse devaluado debido a la caída de las ventas en todo el sector por los impuestos especiales a los productos con altas concentraciones de azúcar. “No está descartada una compra”, dice Fernando Chico Pardo, accionista y consejero de Cultiba y quien destaca la ventaja de que GEPP sea la única empresa con una red de distribución de bebidas propia y que cubre todo el país.

Cortina niega que haya negociaciones en curso. “No hay nada en este momento”, responde a la pregunta sobre presuntas pláticas con la familia López, dueños de Jumex.

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¿Problemas en casa?

Cortina se sumó como consejero de Cultiba en abril de 2000. Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y con una maestría administración de empresas por Harvard, Cortina fue director de Finanzas de GAM antes de llegar a la dirección general.

Desde hace ocho años, es a la vez presidente del organismo que aglutina a las empresas azucareras, por tanto fue parte de los acuerdos entre cañeros e industria, que iniciaron a raíz de la crisis del sector de 2008 y concluyeron el año pasado con la nueva fórmula para establecer los precios de la caña. “(Cortina) Es un director de empresa y que ha liderado bien a su sector”, comenta Carlos Blackaller, contraparte de Cortina en tanto que presidente de la Unión Nacional de Cañeros y quien es visto como una de las personas que maneja el mercado azucarero en México.

En la primera mitad de la década de 1990 Cortina trabajaba en el sector financiero para Scotiabank. En esos mismos años, su tío Gallardo Thurlow iniciaba la relación de negocios entre PepsiCo a través de GEUSA, la embotelladora de refrescos que el empresario había creado cinco años antes y que más tarde daría origen a GEPP.

Los Cortina llegaron al negocio azucarero en 1989 con la compra de ingenios que, como hoy, eran privatizados por el gobierno. A finales de esa década, el derrumbe de los precios del azúcar condujo a la joven compañía a una crisis de liquidez y a la suspensión de pagos, al grado que sus fábricas entraron en el paquete de 27 ingenios rescatados por el gobierno; dos años después GAM recuperó tres mediante un juicio.

A diferencia de su acérrimo competidor Coca-Cola, que deja la elaboración y embotellado de sus fórmulas en varias empresas, la estadounidense PepsiCo eligió un solo embotellador en el país y se alió con él: Gallardo Thurlow, quien había robustecido su embotelladora mediante adquisiciones y había fusionado en gam dos negocios de producción de azúcar.

Así nació Cultiba en 2011. Esta empresa actúa como controladora y tiene 51% de las acciones de GEPP, que embotella y distribuye las bebidas de PepsiCo en el país, así como cierto número de productos de terceros; la venezolana Empresas Polar tiene otro lote de acciones (29%) y PepsiCo el 20% restante. Cultiba tiene 100% de las acciones de GAM, excepto que en un ingenio de nombre Benito Juárez la mayoría accionaria (51%) y la operación la tiene la colombiana INCAUCA.

Esa composición podría cambiar el año que entra. Una cláusula indica que en octubre de 2016 se abre la posibilidad para que Polar o PepsiCo compren a Gallardo Thurlow 11% de las acciones en GEPP —o ambas en la proporción que ellas mismas acuerden.

La cláusula se estableció desde el inicio de la sociedad y es con la idea de que GEPP se beneficie (con entrada de recursos) del valor generado por las sinergias de la alianza y Polar pueda, si ejerce la opción, igualar la participación de Cultiba (quedarían con 40% cada una), dice Cortina. Si no ejerce la opción ningún socio, el porcentaje lo conservará Cultiba, no se ofrece a terceros, y si lo ejercen el control y manejo administrativo no cambiaría, asegura el directivo.

En efecto, otra cláusula aclara que para que Gallardo Thurlow y familia pierdan el control de Cultiba, las acciones con derecho a voto en su poder tendrían que reducirse a menos de 35% —hoy tienen 62%.

Pero eso no significa que la toma de 11% en GEPP no tenga implicaciones. Si los socios toman la opción y Cultiba se queda con 40% de las acciones de control, además de que disminuiría el flujo de dividendos para los socios mexicanos de la controladora, ésta dejaría de consolidar a GEPP, si bien fortalecería su liquidez, dice un reporte de Fitch, en el que se califica el asunto como “factor clave de la calificación” (doble A).

Sin consolidar a GEPP, Cultiba se reduciría notablemente y se convertiría en una empresa azucarera.

Algunos efectos serían positivos. Con el monto que Cultiba pudiera recibir por ese 11% (1,482 mdp, si el precio actual de la acción no cambiara), GAM recibiría una inyección de dinero fresco para la cartera de proyectos de Cortina o bien para participar en el reacomodo que se espera iniciará en la industria. La venta de los ingenios del gobierno —el valor conjunto asciende a 8,142 mdp— no sólo implica una inyección de recursos a la industria, también podría dar pie a más adquisiciones.

Por un sentido de eficiencia y control de costos, tiene sentido una consolidación en el sector, dice Cortina. En México operan 54 ingenios, de los cuales siete son independientes y contribuyen con más de 10% de la producción nacional, según datos a 2011 del Banco de México. “No es sólo la venta de ingenios del gobierno —agrega Cortina—. El sector tiene que consolidarse”. De hecho, los precios de los ingenios públicos le han puesto precio a ingenios privados y han ayudado a definir precios en todo el mercado, dice Molano.

Con 2,000 mdp, por ejemplo, un interesado puede iniciar la puja por el paquete con más producción: un ingenio en Puebla, cercano a la Ciudad de México, y uno en Veracruz, el estado con más producción de azúcar, y hacerse de entrada con una producción de casi 500,000 toneladas.

Aunque una vez ganada la subasta, tendría que invertir en ponerlos al día. Por estar en control del estado, no tenían permitido comprar tierra ni rentarla para cultivar su propia caña, por tanto tienen altos costos y son viejos, si bien han tenido mantenimiento, dice Molano.

GAM tomaría parte en la consolidación, al menos con la compra de ingenios al gobierno. Uno que podría cumplir con el requisito de ubicación que quiere gam es Plan de San Luis, en San Luis Potosí, de donde sale 2.3% de la producción de azúcar del país. Con Plan de San Luis en su cartera, gam aumentaría su cuota de producción a 9.3%, sólo detrás del mayor productor, Beta San Miguel —sin considerar las compras que puedan hacer sus competidores.

Plan de San Luis está cerca tanto de la ruta terrestre más utilizada hacia Estados Unidos como de Tamaulipas y sus puertos, pero es el único ingenio que se vende sólo en un paquete y el precio base es de 1,472 mdp.

 

2014, un dolor de cabeza

La caja de Cultiba no está en su mejor forma. Terminó el año pasado con sólo 404 mdp en efectivo, muy por debajo de los más de 1,000 mdp de un año antes, y este 2015 enfrenta vencimientos de deuda por 1,000 mdp, indica Marisol Huerta, analista de Banorte.

Sin embargo, las inversiones podrían mejorar con respecto del año pasado y alcanzar los 2,100 mdp, agrega la analista. Muchos de los proyectos son autofinanciables, como los de cogeneración eléctrica y los de etanol, pues funcionan con contratos de largo plazo, dice Cortina. “Tenemos apalancamiento bajo y estas cosas (proyectos energéticos) nos gusta hacerlas con flujo interno”, añade el empresario.

La razón del deterioro de los números de Cultiba estuvo en los impuestos. El aplicado a bebidas azucaradas, combinado con la devaluación del peso, fuero demoledor. Cultiba terminó con más de 1,842 mdp de pérdida neta, debido a una baja en las ventas de bebidas a causa del impuesto especial y a las inversiones hechas en un programa de baja de costos para ajustarse al nuevo escenario fiscal.

En vista de que el impuesto consiste en un peso por litro de bebida, los productos de menor precio terminaron más afectados, y ese fue el caso de PepsiCo. Los productos de Coca-Cola tiene precios más altos que los de PepsiCo, así que el peso de impuesto infló sus precios 10%, pero en el caso de PepsiCo los aumentó 16% y no pudo repercutirlo consumidor, y eso dañó su flujo de efectivo, indica Cortina. Por si fuera poco, la pérdida de valor del peso encareció sus importaciones de resinas, alta fructosa y algunos de sus concentrados, entre los que se encuentra el de bebidas de cola.

Cumplir los pronósticos hechos hace tres años en la reunión de Nueva York no ha sido fácil. El optimismo era creíble en vista de las consolidaciones que había hecho Cultiba antes de llegar a su negociación con PepsiCo y Polar y convertirse en uno de los grupos más integrados.

Pero los analistas también pensaban en los errores. Uno de ellos había sido tratar de competir por precio contra Coca-Cola, pues lo único que habían conseguido era colocar sus productos en el segmento de bebidas secundarias, al lado de la peruana Big Cola, con el consabido detrimento de la marca.

Pese a todo, tenía una cuota de 23% en el mercado de bebidas carbonatadas (refrescos con gas), según analistas, que en 2011 estaba valuado en 12,600 mdd. Hoy su participación es de 16%, de un mercado que ya vale 15,935.7 mdd, según datos de Euromonitor.

Este año, Cultiba tiene varias iniciativas para recuperarse, como un acuerdo con las cadenas de conveniencia Oxxo para llegar a 9,000 de sus tiendas, nuevas presentaciones de Jarritos y Barrilitos, renovación de la marca Gatorade y lanzamientos en bebidas infantiles. Y resultado de su programa de costos aplicado el año pasado (que incluyó recortes de personal), algunos de sus envases ahora están más ligeros, hizo consolidaciones en su red de centros de distribución y una reingeniería de rutas. “Soy optimista respecto de que volveremos a recuperar el precio de la acción”, comenta Chico Pardo.

GAM y su nuevo papel en el campo energético podría ayudar en eso. Pemex quiere que se produzca etanol en el país para comprarlo y mezclarlo con sus gasolinas por motivos ambientales, y el cultivo más viable para hacerlo es la caña de azúcar. Pero Pemex lo paga conforme con los precios internacionales y a la industria azucarera no le salen cuentas porque sus costos de producción son más altos que en los países formadores de precio.

El precio internacional fluctúa entre 40 y 77 centavos de dólar por litro (de 6 a 11.50 pesos con el tipo de cambio actual), mientras que en México los costos de producir un litro de etanol van de 6.5 a 10.87 pesos. “No es rentable vender etanol como combustible en México, es el volumen a entregar a Pemex lo que lo hace atractivo”, señala Isabel Gómez, directora de la Fundación Emisión.

No hay apoyos fiscales para zanjar la diferencia de cifras, ni para los productores ni para los consumidores —en Brasil, el gobierno rebajó los impuestos a los autos que usan etanol—, y se ve difícil que los haya en la actual coyuntura financiera del sector energético.

Se estima que 30 ingenios tienen cierta cercanía a alguna de las 19 TAR (Terminales de Almacenamiento y Reparto) y cuatro proyectos independientes, que en total podrían producir entre 721 y 967 millones de litros anuales con usar menos de 17% de su capacidad de molienda y 20% de las mieles. Pero para ello necesitan transformar sus plantas en biorefinerías, a un costo de entre 30 y 40 mdd —sólo dos ingenios en el país producen etanol, pero lo venden a la industria farmacéutica.

Pese a todo, en marzo pasado Pemex realizó la tercera licitación de contratos de etanol, a 10 años, y hay seis empresas participantes.

La gran noticia es la cogeneración, y es también una de las razones por la que los ingenios que vende el gobierno lucen más atractivos, pues son fábricas en marcha y que ya tienen proveeduría de caña a su alrededor. Al cierre de esta edición, al menos ocho de las 12 empresas interesadas ya habían comprado las bases de licitación para entrar a la puja: Piasa (en la que tienen participación las embotelladoras de Coca Cola Arca Continental y Femsa), Grupo Sáenz, Florida Crystals, gam y Zucarmex, entre otras.

Seis ingenios, incluido Tala, de GAM, ya están interconectados a las redes de transmisión de CFE, la mitad bajo el esquema de cogeneración con socios y los otros con entrega de energía sobrante a cfe. Otros nueves ingenios tienen permisos de cogeneración de energía eléctrica, según la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

GAM vende 20 MW a CFE y obtiene de ello entre 5 y 10% de sus ingresos, pero su plan de mediano plazo es llegar a 110 MW. “La energía eléctrica es una realidad”, concluye Cortina. Igual de real es que Cortina ha dejado de estar en un discreto segundo plano.

 

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