A finales de 2011, Wikileaks obtuvo más de 5 millones de correos electrónicos internos de la firma de inteligencia global Stratfor. Alrededor de 200,000 están relacionados con su operación en México. Entre reportes de informantes, discusiones de análisis, negociaciones con clientes y conversaciones administrativas, los documentos dibujan a una empresa que ha sabido aprovechar la formidable demanda de información que la guerra contra el narco ha generado. Con una red de informantes que va desde empresarios de narcoplazas hasta altos funcionarios federales, Stratfor entrega información “imparcial” a clientes corporativos y de gobierno, a la vez que rescata sus propias conclusiones: el país, dice, no tiene compostura.

 

“No se sorprendan si aumentan los asesinatos de mujeres en Guerrero y Chihuahua. En agosto, el gobierno federal tuvo una campaña que buscaba reclutar a mujeres informantes. Fue moderadamente exitosa. Los narcos se enteraron, y parece que se están poniendo un poco paranoicos.”

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Así lo reportaba, a manera de comentario adicional, uno de los informantes de Stratfor mejor posicionados en el aparato estatal mexicano a finales de 2009. La información era, desde luego, valiosísima para un grupo de expertos que vive de recolectar fragmentos de inteligencia, noticias y rumores, analizarlos y empaquetar sus opiniones en reportes periódicos para clientes empresariales (preocupados por sus inversiones en territorio mexicano), y corporaciones policiacas estadounidenses (preocupadas por evitar que la violencia cruce la frontera).

Según se observa en los correos electrónicos obtenidos por Wikileaks a principios de este año, y que datan desde julio de 2004 hasta finales de diciembre de 2011, este negocio de la información ha sido particularmente redituable desde el estallido de la llamada guerra contra el narco.

Prueba de ello es que Strategic Forecasting Inc. (Stratfor), fundada en 1996, no comenzó a desarrollar un reporte semanal de la situación de seguridad de México sino hasta mayo de 2007, pocos meses después de que el presidente Calderón arrojara a las Fuerzas Armadas a su violenta lucha contra los cárteles de la droga.

A consideración de que el país ya estaba dando lo suficiente de qué hablar, los analistas lanzaron la nueva publicación en su portal, en julio de ese mismo año. Stephen Meiners, que recientemente había terminado su periodo de prueba como becario de la firma, estaría a cargo de recolectar la “inteligencia”, que en ese momento se limitaría a lo que publicaran los medios de comunicación mexicanos. Una vez compiladas las noticias, se enviarían a los analistas para agregar algunos comentarios, y entregar el borrador final a los editores y administradores del sitio de internet.

A un costo de 99 dólares por reporte, los suscriptores del programa Protective Intelligence podían recibir entre una y dos cuartillas semanales, donde se les explicaba, si bien de manera superficial, de qué se trató la última balacera o por qué fue importante el más reciente despliegue de soldados a tal o cual narcoplaza.

“Por ahora, sólo necesitamos que esto despegue, necesita ser corto, sencillo y eficiente”, advertía el analista Dan Burges, a cargo de la operación. “Si empieza a ser trabajoso y a devorar horas hombre, entonces pierde su efectividad, así que no dejen que la ambición o el hada de las ideas conviertan esta cosa en un monstruo.”

 

Violencia ‘rutinaria’

Para principios de 2011, el equipo que supervisaba la situación de seguridad en México consistía de tres analistas experimentados, entre ellos Meiners, y cuatro colaboradores junior que se encargaban de recoger y administrar la información. Otros dos veteranos también participaban en las discusiones, y no faltaba el comentario ocasional del mismo fundador, George Friedman.

La firma, además, ya no producía únicamente el reporte semanal, sino que estaba en posibilidades de ofrecer documentos enfocados a hot spots de la guerra. En una propuesta de enero de ese año, Stratfor cotiza a la llantera Bridgestone un reporte semanal de seguridad para la ciudad de Monterrey, a un precio de 48,000 dólares por seis meses, calculando que el proyecto requeriría un total de 10 horas hombre a la semana.

Mientras tanto, los estrategas de mercadotecnia se ocupaban de que ningún producto se perdiera entre el caudal de información, y lanzaban los análisis más completos en conjunto cada trimestre o cuatrimestre, para atraer la atención de los suscriptores. “Así lo hacen las automotrices con sus modelos, los paquetes de software con nuevos lanzamientos o las publicaciones que introducen nuevas secciones en vez de sólo una nueva columna”, argumentaba su vicepresidente Editorial, Aaric S. Eisenstein.

Y sí que había información para distribuir. A estas alturas, Stratfor ya tenía en su nómina a un funcionario de alto nivel de la Secretaría de Relaciones Exteriores (el mismo que los alertó sobre la tragedia de las informantes, y al que llaman MX1), así como al encargado de inteligencia de la frontera norte del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), el MX31, además de empresarios, periodistas y analistas económicos y de seguridad.

Desde luego, no siempre era posible ni recomendable compartir toda la información con todos los clientes. En primer lugar, la empresa considera importante ser percibida como una “voz neutral” y procura mantenerse al margen de temas delicados, como el calentamiento global o el debate en torno a la posesión de armas de fuego en Estados Unidos. Por otra parte, hacer del dominio público cada documento obtenido, cada reunión infiltrada o las opiniones off-the-record de sus informantes pondría en riesgo la operación y atraería la ira del gobierno federal.

Tras la captura de Abel “El Tigre” Flores Treviño, en Matamoros, por ejemplo, una fuente confidencial de Meiners filtró la crónica de la batalla campal que se desató cuando el Cártel del Golfo intentó rescatarlo. Al compartir la inteligencia con su equipo, el analista enfatizó que era únicamente para uso interno, lo que le mereció una reprimenda por parte del CEO, Friedman. “¿Cómo podemos usar esto, Steve? Es importante y somos una publicación. ¿Hay alguna manera de hacerlo sin comprometer a nuestras fuentes?”, le reclamó.

El argumento de Meiners era que, además de que el asunto pondría en riesgo a su informante, el incidente en sí no era algo fuera de lo común.

“Tal vez no, pero eso no significa que nuestros lectores lo sepan. Yo no lo sabía. El criterio no es lo que conoces como rutinario. Es darle a nuestros lectores una consciencia de la situación para que sepan que es rutinario”, fue la respuesta del fundador.

“Siempre ponte en el lugar de una persona inteligente y culta, que quizá no ve como tú lo que es común y corriente.”

Así, más allá de lo que sus fuentes revelen y sus analistas deduzcan, la elección estratégica de la información a publicar es un factor clave para la rentabilidad de su operación, y es parte vital del expertise de los profesionales de esta industria. Afortunadamente, quizá al igual que muchos otros clientes, Bridgestone sólo necesitaba suficiente información para mantener a sus ejecutivos al día, “pero no tanta que les dé miedo reubicarse”, señalaron en su solicitud.

 

Cárteles que lo infiltran todo

Ese mismo miedo es lo que disparó la demanda del commodity que vende Startfor. Que la firma entiende perfectamente esta dinámica, se refleja en buena parte de sus comunicaciones, incluso en el encabezado que acompañaba a su reporte semanal desde 2007:

“La violencia relacionada al tráfico de drogas se ha generalizado en México, y se registran asesinatos constantemente en todo el país. Los miembros de cárteles rivales se matan unos a otros, así como a policías y funcionarios que no cooperan –o que son corruptos–, y los sicarios tienen toda la brutalidad de los escuadrones de la muerte en Iraq. También parece preocuparles poco ser capturados. A continuación se presenta un resumen de la violencia de los cárteles en México durante la semana del…”

En otras ocasiones, la mercadotecnia era mucho más directa:

“Estos incidentes subrayan el falso sentido de seguridad que los servicios de protección tradicionales proveen, y acentúan la necesidad de programas integrales de seguridad que incluyan la inteligencia de protección.”

Pero detrás de esta manipulación frívola de las preocupaciones de empresarios y funcionarios, se encuentra un grupo de individuos a los que en verdad inquieta el “colapso de la ley y el orden” que, aseguran, vive México.

Por una parte, no deja de asombrarles el nivel de violencia alcanzado en el país, donde “toda acción tiene una reacción igual y opuesta… usualmente en forma de decapitación”.

“¿Por qué no se han rebelado los policías? No me viene a la mente un periodo, en cualquier parte del mundo, con un volumen similar de policías asesinados”, señalaba a finales de 2007 el vicepresidente de Inteligencia, Fred Burton.

Además, desde la privilegiada perspectiva de estos analistas, los cárteles del narcotráfico no se reducen en absoluto a las pandillas de bárbaros que acaparan los encabezados cada día. Todo, dicen, desde la administración de sus diferentes líneas de negocio (extorsión, secuestro, falsificación de documentos…), hasta su participación estratégica en los procesos políticos del país y su casi total infiltración del aparato estatal, está perfectamente calculado.

“Tarde o temprano, los cárteles van a tratar de infiltrarnos a nosotros, si no es que ya lo hicieron”, aseguraba el mismo Burton en 2009.

Asimismo, los analistas consideran que el narco ha demostrado “un profundo entendimiento del poder que la opinión pública tiene en el país”. Es por ello, en su opinión, que procura evitar los ataques injustificados a civiles, y se esfuerza por difundir y adornar las historias de las violaciones de derechos humanos cometidas por las fuerzas del orden.

También en ese sentido, dicen, la actividad de los cárteles se ve limitada por la necesidad estratégica de que Estados Unidos no intervenga directamente en la guerra. Éste es el caso, por ejemplo, del uso esporádico de explosivos:

“…los cárteles no pueden arriesgarse a una intervención directa y de lleno por parte del gobierno estadounidense, con miras a su completo desmantelamiento”, señalaban a finales de 2011. El uso de grandes y poderosos explosivos improvisados llevaría al gobierno mexicano a designar a los cárteles como organizaciones terroristas. Esta designación permitiría a las fuerzas del orden estadounidenses un acceso más fácil a sus finanzas y operación, cosa que los cárteles quieren evitar a toda costa.”

Y más allá de la crisis de violencia y la sofisticación de los narcotraficantes, las conversaciones y reportes de Stratfor evidencian que a los expertos también les alarmaba la posición del gobierno ante todo lo anterior. En 2007, estimaban que las fuerzas policiacas “se ven superadas tanto en número como en fuerza, y no hay manera de que se sobrepongan a los mejor equipados -y mejor informados- cárteles”.

Una vez movilizado el ejército, si bien se reconoció su capacidad para realizar incautaciones importantes, desmantelar algunas organizaciones, y regresar cierto grado de paz a las zonas en que se acuartelaba, el tema recurrente de los análisis se vuelve la imposibilidad de que las fuerzas armadas patrullen todo el país permanentemente. Reportando en 2009 sobre la más reciente movilización a Ciudad Juárez, decían:

“Este movimiento inevitablemente requiere retirar tropas de otras áreas que podrían parecer menos críticas en este momento, pero donde la violencia o la actividad del crimen organizado podrían escalar rápidamente”.

Y, por encima de todo, a los analistas de Stratfor les asombraban los niveles “masivos” de corrupción. Debido a sus efectos, se lamentaban, no era posible siquiera recolectar cifras sobre la situación del país, “principalmente porque no confiamos ni en su veracidad ni en su integridad”.

En los documentos, estiman que el problema de la corrupción no puede ser resuelto en el corto plazo, y lo señalan como una debilidad esencial del Estado mexicano. En 2009, valorando la posibilidad de una réplica del ‘granadazo’ de Morelia para el Día de la Independencia, comentaban:

“…los altos niveles de corrupción entre las autoridades mexicanas, y sus limitados éxitos en la guerra contra los cárteles, los vuelven esencialmente incapaces de detener cualquier atentado […], dejando así al país, en última instancia, a la merced de los narcotraficantes, que deciden los niveles de violencia”.

De manera similar, al ser alertados por MX1 sobre la inminente ola de feminicidios, señalaron:

“La magnitud del crimen es mucho peor de lo que se reporta públicamente y la cultura de corrupción es horrenda. El país no tiene compostura.”

Todas estas perspectivas, en fin, encuentran su forma más sintetizada, y quizá la más reveladora, en los nombres con que en ocasiones los analistas de Stratfor se refieren al país: “Shit Creek”, “a big bowl of corrupt guiso”, “a Petri dish of humanity”, “a fucked-up place”.

 

 

 

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