Wikipedia tiene definido el término de consumidor más o menos de la siguiente manera: “El consumidor es la persona u organización a la que el marketing dirige sus acciones para orientar e incitar a la compra, estudiando el proceso de toma de decisiones del comprador.” Cabe hacer hincapié en las sutiles palabras “incitar” y “orientar”.

Vivimos actualmente momentos en que reinan la competencia y la falta de tiempo, y aunque algunos expertos del marketing insistan en que cada vez es más costoso impactar el nicho deseado en el mercado, resulta más fácil incitar, orientar y hasta llegar al punto de manipular.

Neuroconsumidor: Dícese del consumidor educado, conocedor y practicante de la ciencia del bienestar integral. Es el consumidor que está atento y consciente de las nuevas y renovadas herramientas del marketing y la manipulación, como por ejemplo el neuromarketing o, en otras palabras, la nueva manera de incitar y orientar que está enfocada en el estudio de la atención visual y su relación con las neuroconexiones cerebrales que estas mismas ocasionan en el consumidor.

Aunque la ciencia avanza cada vez más en el conocimiento del complejo órgano que es el cerebro, todavía no se conoce tanto como para asegurar o comprobar la efectividad del neuromarketing. Lo que sí es sabido es que herramientas como el priming son frecuentemente usadas para atraer la atención del competido, escaso de tiempo y cada vez más vulnerable consumidor promedio.

Y así, en un constante acoso de anuncios diarios, que según los expertos van de 50 a 100,000 por día, empezamos a crear nuevos deseos y adoptar ciertas necesidades.

Pero, ¿cuántas veces te has puesto a pensar antes de comprar algo, si de verdad ese algo que unos días, semanas o meses vienes deseando, es algo que de verdad necesitas?

El neuroconsumidor es un celoso guardián de su propio derecho por elegir. Está consciente de su entorno y se caracteriza por tomar decisiones de compra basadas en sus propias necesidades y preferencias. Es un consumidor que expresa sus emociones y sus miedos y que procura no dejarse influenciar por la masa. Es una persona que conoce y respeta su estructura fisiológica y que está en contacto con su mente plena.

El neuroconsumidor utiliza la ciencia del bienestar integral para responder a la presión externa y mediática de esos 50 millones de anuncios de los que nos hablan expertos como Martin Lindstrom en su libro Verdades y mentiras de por qué compramos.

El neuroconsumidor de la actualidad necesita estar alerta, ya que sabe que su poder de decisión está siendo retado diariamente por las empresas que cuentan con los medios para acceder a costosas y sofisticadas herramientas de vanguardia que las ayudan a estructurar estrategias capaces de perforar la coraza consciente más gruesa y la fuerza de voluntad más decidida.

Si es que tiene algo de razón el viejo refrán que reza: “el que pega primero pega dos veces”, entonces ya nos madrugaron, y para cuando nos demos cuenta del golpe, es muy probable que estemos tirados sobre la lona, con el problema encima o con el producto en casa.

La verdad es que hemos evolucionado en nuestros generadores de estrés desde la época más primitiva, en que reinaba el asecho de los dinosaurios con un mensaje que era bastante objetivo: corre y sálvate, por el asecho de la publicidad, el dinosaurio actual, con un mensaje que es mucho más subjetivo: desea y consume.

Resulta que, hoy en día, darnos el tiempo para pensar y cuestionar nuestras vidas es un lujo que cada vez menos gente se puede permitir. Tendemos a dejar ese momento para cuando tomamos vacaciones una o dos veces por año, pero muchas veces regresamos de esas mismas vacaciones más cansados que cuando partimos, porque una linda vista al horizonte oceánico o un piscinazo con agua templada no van a ser suficientes para reprogramar nuestro proceso de pensamiento.

Es muy romántico y muy de estilo hollywoodense el esperar a estar lejos para tomar unos minutos, horas o días a fin de meditar sobre la vida y recapacitar sobre dónde estamos, hacía dónde vamos y qué es lo que queremos. Ése debería ser un ritual sagrado de todos los días, para que aprendamos a cultivar el hábito de darnos tiempo para pensar y luego decidir.

Es necesario tomar conciencia de que si quieres buenos resultados, necesitas tomar buenas decisiones o, como decía mi maestro Tal Ben Shahar: a mayor materia gris, mayor inteligencia emocional y, por lo tanto, mayor cantidad de buenas decisiones. ¿Acaso no es eso lo que al final del día queremos individuos y empresas?

Según el psicólogo e investigador Dan Gilbert, la gente tiene una conexión emocional más profunda con su pasado que con su futuro. Esas conexiones neuronales definen lo que interpretas por futuro. Es por eso que para una persona de clase media promedio es más fácil aspirar a una clase más elevada, mientras que para una persona pobre es más fácil seguir siendo pobre.

Mucho está en la conexión que desarrollamos con la realidad que aceptamos. Con esto quiero enfatizar la importancia de las experiencias y las emociones, porque si quieres que tu vida sea una vida que te mantenga pleno y en bienestar debes empezar a convivir con tus emociones sin pretender manipularlas.


Fuente: Las trampas de la felicidad, Eduardo Massé, Ed. Penguin Random House, 2016.

 

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