Para Angus Deaton, reconocido por su análisis sobre “consumo, pobreza y bienestar”, el dinero ayuda al bienestar o incluso a la felicidad, pero sólo hasta cierto grado; arriba de cierto nivel de ingreso, la felicidad no crece a la par.

 

Angus Deaton, un maestro de la Universidad de Princeton, recibió el Premio Nobel de Economía el 12 de octubre (de 2015). Este escocés, pero ya con muchos años viviendo en Estados Unidos, fue reconocido por su análisis sobre “consumo, pobreza y bienestar”. Su principal planteamiento es comprender el papel del consumo como elemento fundamental de la medición del bienestar y la pobreza.

Deaton no sólo participó en el diseño de encuestas minuciosas de consumo, sino que ha profundizado, como nadie, en cómo se distribuye el gasto entre bienes, cómo cambia el gasto ante cambios en el ingreso, cómo detectar patrones de discriminación usando datos de consumo, y cómo el ingreso se relaciona con la felicidad. Demostró que los datos macroeconómicos no son suficientes para entender el bienestar de una sociedad, ya que esconden la heterogeneidad que enfrentan diferentes hogares.

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Las políticas macroeconómicas deben tomar en cuenta los efectos distributivos que tienen, y esto sólo puede entenderse a través de datos microeconómicos. Esta parte me parece fascinante, ya que Deaton ha fomentado el estudio de datos de consumo de los hogares, en especial en países en desarrollo, para entender los estándares de vida y pobreza. Es decir, pasó del análisis que estaba enfocado en el precio del crudo a un trabajo de campo empírico basado en micro-data de alta calidad. Mostró el valor de usar el consumo y el gasto para analizar el bienestar de la población (en especial de los más humildes).

Lo interesante de sus trabajos y estudios es que Deaton ha sido un precursor de data empírica para sacar sus conclusiones, por lo que ha impulsado y desarrollado fuentes de información relevantes para validar sus hipótesis y conclusiones. Busca también que todo lo analizado tenga una clara aplicación en los mercados.

Un ejemplo de ello está asociado a uno de sus primeros trabajos (tiene cerca de 35 años que lo desarrolló), el Sistema Casi Ideal de Demanda, que sirve para estimar la dependencia de la demanda de un bien en los precios de todos los bienes y los ingresos individuales. Es una herramienta que se utiliza en varias partes del mundo para evaluar políticas o reformas impositivas dependiendo de diferentes grupos de la población.

Angus Deaton nos enseña que a veces las estadísticas agregadas son engañosas, ya que esconden gran heterogeneidad del comportamiento individual y, por lo tanto, el impacto en lo macro de simples cambios impositivos o estructurales importantes en el gasto de los hogares. Un ejemplo de esto en México lo vivimos desde el año pasado con la reforma hacendaria, que dentro de varios temas implicó un importante incremento de precios en un set amplio de categorías afectando el poder adquisitivo de los hogares. Esta iniciativa afectó el desarrollo de varias categorías de productos, y especialmente los niveles socioeconómicos más bajos, que tienen menores opciones de reemplazo de productos y son más dependientes de una canasta básica de consumo. Vimos, entonces, cómo una medida puntual afectó el desarrollo del mercado de consumo masivo, a nivel prácticamente de todo el mercado (no sólo las categorías impactadas en la reforma).

Según Angus, el dinero ayuda al bienestar o incluso a la felicidad, pero sólo hasta cierto grado; arriba de cierto nivel de ingreso, la felicidad no crece a la par. Pienso, entonces, que una iniciativa que afecte el poder adquisitivo –no por una pérdida de ingreso sino por un incremento fuerte de precios en los productos– debería afectar de manera importante el nivel de felicidad de la gente, y los hace también más pobres en términos relativos. Seguramente algo de esto sucedió el año pasado, y probablemente parte de estos efectos persisten hoy.

 

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