El nuevo aeropuerto sería construido en la ciudad arrecife, la enorme periferia de la megalópolis, y por lo mismo tendría enormes implicaciones económicas y urbanas.

 

 

Cuando anuncian la construcción de un aeropuerto, se siente algo similar a como cuando uno ve a alguien acudir al servicio de clientes de Telmex: uno sólo les puede dar una pequeña bendición y esperar que en algún momento, sin saber cuándo, el asunto se compondrá.

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Este blogger no tiene calificaciones para decir, como Juan Pardinas, del Instituto Mexicano para la Competitividad, que “la Ciudad de México necesita un aeropuerto”. Las implicaciones económicas y urbanas son enormes. Sin embargo, este aeropuerto sería construido en la ciudad arrecife, la enorme periferia que rodea la megalópolis y, por lo mismo, es un tema de interés para este blog. Por lo mismo me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el anuncio del proyecto.

Hoy en día las colonias aledañas al aeropuerto tienen muchos problemas sociales. Cuando recorrí a pie la orilla de la mancha urbana, hace cinco años, hubo dos advertencias que lo afirmaron. En la colonia Cuchilla del Tesoro me encontré con un policía que exigía que me desviara de mi ruta para caminar sobre el eje vial, al otro lado de la colonia. Me dijo: “Ésta es una colonia muy peligrosa. Y usted está en la parte más peligrosa de esta colonia. Si alguien lo ve por esta cancha de básquet, y lo pica y roba sus cosas, ¿a quién van a culpar cuando encuentren su cuerpo? A mí, entonces usted camine hacia el eje y siga ahí. Si no, lo llevo a la delegación.” En la colonia El Sol, en Neza, un vecino me aseguró que si seguía por mi camino me iban a asaltar. Me negué, y por cierto un par de cuadras más adelante dos jóvenes me dieron a entender, por sus miradas y gestos, que se estaban preparando para asaltarme, pero finalmente no lograron aprovechar el momento. Y la colonia más típica del aeropuerto, Peñón de los Baños, también tiene muy mala fama, aunque siempre la he pasado bien allí. Entonces se debe estar muy consciente de que la creación de grandes espacios que impiden el tránsito puede crear zonas de estancamiento económico e inseguridad en las zonas habitacionales aledañas a la gran obra.

En términos generales, la Ciudad de México tiene dos ejes, uno de pobreza relativa en el oriente, que va del sur al norte de Iztapalapa a Tecámac, y otro de riqueza relativa en el occidente, que va de Tlalpan a Tepotzotlán. El todavía hipotético nuevo aeropuerto debe estar planeado como un motor para combatir la pobreza en esta zona oriente. Esto implica acceso rápido y barato, y esquemas de contratación privilegiados para trabajadores de las delegaciones y municipios del oriente como Chicoloapan, Iztapaluca, Valle de Chalco, Ecatepec y Tecámac.

Aunque un aeropuerto puede ser necesario para la Ciudad de México, en la lista de prioridades del municipio de Texcoco, una terminal aérea es la penúltima, apenas arriba de la construcción de un campo para la prueba de bombas atómicas. Las dinámicas de urbanización de la zona conurbada habrían sido muy distintas si alguien se hubiera preocupado por la preservación de la identidad geográfica y cultural de los poblados alrededor de la ciudad. Si los campos agrícolas alrededor de San Ángel, Coyoacán, Xochimilco y los pueblos de Iztapalapa se hubieran conservado el siglo pasado, la Ciudad de México se habría desarrollado en una forma distinta y supuestamente mejor. Texcoco es una ciudad provinciana con su propia cultura rural, rodeada por un campo hermoso. Sería muy triste si se llega a convertir en otro ejemplo fallido de desarrollo urbano y conurbación.

Finalmente, el lago de Texcoco es una triste sombra de lo que fue. El sueño de usarlo como espacio para recuperar el balance hídrico y el carácter lacustre del Valle de México me parece políticamente inalcanzable. Mientras, pese a su valor como hábitat de algunas aves y punto para la recarga de agua en los mantos acuíferos, es una zona muerta, oficialmente está cerrado al público. Sin embargo, si se van a gastar 169,000 millones de pesos para dar el tiro de gracia al lago de Texcoco –en algún momento pieza central de uno de los paisajes lacustres más bellos del mundo– se debe invertir una cantidad significativa en rescatar y poner a salvo los lagos de Xochimilco y Chalco, en el sur de la ciudad, para compensar la pérdida.

En la opinión de este blog, la destrucción del patrimonio lacustre de la ciudad en Texcoco debe ligarse al rescate integral del patrimonio lacustre, sobre todo de Xochimilco. Cabe mencionar que en esta delegación se encuentran aproximadamente 300 especies de pájaros, contra las 600 que conjuntamente tienen Estados Unidos y Canadá. Esta cuenca merece más que un aeropuerto para recordar a las generaciones futuras que éste era un sitio natural único.

La integración de un megaproyecto de esta envergadura tendrá un impacto importante en el tejido urbano, e implica un tremendo reto por su complejidad. Por lo mismo es casi imposible anticipar lo que realmente se va hacer, ni hablar. Pero si va a ser una obra que beneficie al pueblo mexicano en el largo plazo, se tendrán que considerar detalles de esta naturaleza.

 

 

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