El proceso de extracción del gas de esquisto requiere la reinyección de arena en el subsuelo, algo en lo que la minería está presta a ayudar, pero muchos se oponen a los daños a la salud de esa industria.

 

Por Christopher Helman

 

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Los opositores al fracking no han tenido éxito suficiente en la fabricación de temores infundados sobre la contaminación de aguas subterráneas para provocar una desaceleración significativa de la perforación y fracturamiento hidráulico en pos del gas shale. Así que han encontrado un nuevo objetivo para su antagonismo: polvo de arena.

El fracking, por supuesto, requiere de cientos de toneladas de arena, suficientes para llenar decenas de vagones de ferrocarril, para cada pozo. Esa arena tiene que venir de alguna parte, y en los últimos años incluso las compañías petroleras como EOG Resources ha comprado y construido sus propias minas de arena, muchas de ellas en Wisconsin y Minnesota. Esos estados han sido bendecidos con una abundancia de arena fina ideal para inyectar en las formaciones de esquisto. En los últimos tres años se ha reportado el surgimiento de más de 100 minas. Las USGS estima que la extracción de arena ha aumentado 60% en dos años, a casi 50 millones de toneladas anuales.

Ciudades como Winona, Minnesota, se enfrentan actualmente a llamadas para el control de polvo de sílice y gases de diesel emitidos por las minas de arena. Hay una preocupación real de que cuando las pequeñas partículas de sílice en el aire se inhalen y lleguen a los pulmones pudieran causar silicosis.

Esta misma semana Trempealeau County, Wisconsin, hogar de más nuevas minas de arena que cualquier otro lugar en Estados Unidos, ha impuesto un año de moratoria sobre la emisión de nuevos permisos mineros mientras estudia los impactos en la salud.

Incluso en Texas, el estado amigable con el petróleo y el gas, los residentes cerca de la frontera del río Rojo con Oklahoma (donde EOG planea construir una mina) se oponen al tránsito de camiones pesados ​​y el impacto en los suministros de agua ganaderos (la arena se lava y seca antes del envío).

Es difícil ofrecer un argumento legítimo sobre el tráfico de camiones, que es para lo que son las carreteras. ¿Pero la calidad del aire en los alrededores de las minas podría ser un problema real? Las compañías petroleras no lo creen así. EOG Resources ha informado que ha comenzado a monitorear las condiciones en sus minas y ha encontrado que el polvo no supera los estándares estatales.

Eso no satisface a algunos residentes en lugares como Chippewa Falls, donde un crítico de la minería asegura que una brisa fuerte puede levantar la arena de una mina de EOG allí.

Los grupos ambientalistas ya están aprovechando el tema de la arena como una herramienta más en su lucha contra el fracking. En junio se celebró una conferencia en contra de la extracción de arena en Black River Falls, Wisconsin. Incluso hay una página de Facebook “Frac Sand Industry Awareness in Wisconsin”.

Los inversionistas tienen tienen la esperanza de que un monitoreo más cercano alivie las preocupaciones sanitarias. Empresas como US Silica Holdings han visto cómo sus ventas aumentan un 25% en un año y el precio de sus acciones casi se duplica. Silica es el segundo mayor jugador de fracking de arena en Estados Unidos en estos momentos. La minera líder es Unimin Corp, una división privada del Grupo Sibelco.

EOG también ha estado tratando de responder a los residentes que se oponen a camiones ruidosos desgarrando sus caminos. La empresa habría ofrecido a una familia de agricultores 100,000 dólares para que se mudaran lejos de una transitada ruta de camiones. Otros residentes simplemente están contentos con el crecimiento de los puestos de trabajo que pueden pagar más de 20 dólares por hora. Un impasse se ha abierto: la gente pro arena contra la gente anti arena.

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