Desde México, el Partido del Té quizá parezca lejano y ajeno, pero no hay que perderlo de vista por la influencia que tiene en EU, nuestro principal socio comercial.

 

 

Se dice que de la fauna política estadounidense, los ejemplares en peligro de extinción son los elefantes moderados; es decir, los republicanos centristas. Y es que el Grand Old Party ha sido secuestrado –al menos en el plano del posicionamiento ideológico– por el Tea Party o Partido del Té, su facción más conservadora y radical. ¿Por qué viene a cuento? Tres razones:

  • La reciente derrota en las elecciones primarias de Eric Cantor, líder del Partido Republicano en la Cámara de Representantes.
  • El 2014 es año electoral en Estados Unidos, y definirá los últimos dos años de la administración Obama.
  • Más allá de este ciclo electoral, la influencia del Partido del Té tiene consecuencias de largo plazo, no sólo para el Partido Republicano, sino para la dinámica política del país vecino y su relación con México.

¿Por qué en Estados Unidos fue noticia nacional una elección primaria en el Distrito 7 de Virginia? Como en muchos países, antes de la elección general cada partido realiza una primaria para definir a su candidato. En un distrito donde el dominio de un partido es muy claro, la elección primaria suele tener más importancia que la general. Pero más allá de ello, la noticia fue que el perdedor fuera el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, y que el ganador fuera un oscuro profesor universitario apoyado por el Partido del Té, David Brat.

Desde la creación del puesto de líder de la mayoría en 1899, nadie con esa posición había perdido una elección primaria. Además, la derrota de Cantor se da en un contexto en el que la mayoría de los contendientes del Partido del Té habían sido fácilmente derrotados en las primarias republicanas por los Representantes y Senadores en funciones.

Mucho se ha escrito sobre que Cantor cometió muchos errores, como alejarse de sus electores y no estar en su distrito el día de la elección. Sin embargo, el mensaje de fondo es que el Partido del Té no ha perdido su capacidad de alterar el panorama político y que hay lugares donde el descontento con la forma en que se hace política en Washington, DC, sigue vigente.

Más allá de lo sucedido en el Distrito 7, es importante echar un vistazo general a las primarias republicanas, que se dan en un contexto favorable para dicho partido en 2014 por dos motivos:

Uno. La forma en que están conformados los distritos tiende a favorecer a los republicanos, ya que existen algunos distritos con una desproporcionada concentración demócrata y una gran cantidad de distritos con clara ventaja republicana. En otras palabras, hay una tendencia a que cada vez haya menos distritos competitivos (donde cualquiera de los dos partidos pueda ganar) y una mayor propensión a distritos seguros (ver el artículo de Nate Silver). Ello hace que en los distritos con fuerte tendencia partidista las elecciones primarias pesen más que las generales.

Dos. En las elecciones intermedias el partido en el poder suele perder escaños en el Congreso; se paga un costo político por gobernar (los datos puedes verlos en este sitio de la Universidad de California en Santa Bárbara.

Derivado de lo anterior, muchos analistas coinciden en que los republicanos fácilmente conservarán el control de la Cámara de Representantes y podrían arrebatarle el Senado a los demócratas.

Ante panorama tan favorable, las primarias republicanas cobran importancia, pues en buena medida definen a los posibles ganadores. Y lo que se ha visto en este ciclo electoral, fuera de la notoria derrota de Cantor, es que los contendientes radicales del Partido de Té no han tenido el éxito de la última intermedia; al contrario, los representantes y senadores en funciones han conservado la nominación republicana, facilitando con ello su reelección.

Sin embargo, para hacerlo han tenido que mostrar que son lo suficientemente conservadores para merecer el respaldo de sus bases más derechistas. Han tenido que ceñirse a ciertas directrices ideológicas como reducir el tamaño del gobierno lo más posible, negarse a mayores impuestos, estar en contra de la nueva Ley de Salud (conocida como Obamacare), de una posible reforma migratoria (a la cual rápidamente tachan de “amnistía”) y del matrimonio entre parejas del mismo sexo, entre otros.

En resumidas cuentas, para ganar distritos de mayoría republicana han tenido que correrse a la derecha, y así evitar ataques de las bases del Partido del Té y conservar su escaño. Ello, a nivel amplio, ha tenido el efecto de despoblar el centro del espectro político, reduciendo las posibilidades de acuerdos bipartidistas y favoreciendo el bloqueo legislativo. De ahí que digan que los republicanos moderados están en peligro de extinción.

Quizá el Partido del Té no tenga ahora un impacto tan directo como en 2010, cuando logró que muchos de sus candidatos llegaran al Congreso, pero su influencia ha permeado a casi la totalidad del Partido Republicano, que ha asumido muchas de sus posturas en su afán de mantenerse vigente entre los votantes conservadores.

Ahora, el que haya un Partido Republicano más conservador y, por ende, menos diálogo y propuestas bipartidistas tiene implicaciones de política interna. Que los republicanos conserven la Cámara de Representantes plantea más de lo que se ha visto en los últimos cuatro años: un gobierno dividido, con acuerdos mínimos y la posibilidad latente de conflictos y parálisis en temas como el aumento de deuda, los impuestos e incluso la aprobación del presupuesto –apenas en 2013 vimos el cierre del gobierno por unos días).

Si llegaran a ganar también la mayoría en el Senado, las cosas se complicarían aún más para la administración Obama. Un Congreso Republicano aprobaría leyes con las que probablemente no estaría de acuerdo el presidente demócrata. Y seguramente buscarían revertir la Ley de Salud, algo que se ha vuelto una obsesión republicana y que al mismo tiempo es quizás el mayor logro legislativo de Obama. Por lo pronto, con la derrota de Cantor varios grupos dieron por muerta la reforma migratoria, que en sus términos actuales tendría ínfimas posibilidades en un Congreso republicano.

Así que el Partido del Té no ha muerto. Se apropió del micrófono y rebasó al Partido Republicano por la derecha. Y éste, en su afán de supervivencia, adoptó muchas ideas del primero, pero al hacerlo se volvió más conservador, dejando un hueco en el centro político y limitando su capacidad para alcanzar acuerdos bipartidistas.

Tal alejamiento ha propiciado la parálisis y en ocasiones ha dificultado hasta el propio funcionamiento del gobierno federal de Estados Unidos.

Desde México, el Partido del Té quizá parezca un fenómeno lejano y ajeno, pero no hay que perderlo de vista, ya que tiene influencia en el país que es nuestro principal socio comercial y donde vive el mayor número de mexicanos en el exterior, y su visión sobre ellos no siempre nos es favorable.

 

 

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