El ruido de la ciudad apenas alcanza a traspasar el umbral del Taller Panóptico, una búsqueda tanto personal como estética, un espacio dedicado a la investigación y experimentación de los procesos fotográficos alternativos o históricos, desde sus orígenes, y su aplicación en la actualidad.

 

Es un hecho: los procesos fotográficos alternativos, también llamados históricos, no sólo han sido recuperados en las últimas dos décadas (por lo menos); en este mismo lapso, y tras ir ganando adeptos, han tenido, además, un repunte y un auge. Dicho de otro modo, y más claro: han llegado para quedarse.

En cierto sentido, parece broma de la posmodernidad. Pero no es así. Basta echar un vistazo alrededor —con Internet a la cabeza, pasando por galerías, y museos, y el mercado del arte—, para darse cuenta de ello.

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Para algunos protagonistas, este rescate, repunte y auge ha surgido de la rebeldía de los fotógrafos contemporáneos contra el advenimiento de la tecnología digital.

Otros, en cambio, señalan que esto es sólo una moda pasajera, propia de lo kitsch o de la burbuja especulativa en que se ha convertido el mercado del arte actual.

La mayoría de los protagonistas, sin embargo, no intenta ir más allá de la original motivación que ha llevado a recuperarlos y explorarlos: que es solamente tratar de encontrar nuevas maneras estéticas y artísticas de expresión.

Lo que es un hecho, en todo caso, es que esta recuperación y —por decirlo de una forma— actualización de los procesos históricos es prácticamente mundial.

Ambrotipo de Arturo Talavera. De la serie “Los malditos”.

Ambrotipo de Arturo Talavera. De la serie “Los malditos”.

Apenas hace unas semanas, el Dutch Alternative Photography —uno de los blogs más enterados y respetados sobre el tema— daba un ejemplo de esto, cuando dio a conocer su encuesta de 2014. Si les hacemos caso, fueron 66 países —de todo el globo terráqueo— los que estuvieron representados en los casi mil fotógrafos que invitaron a participar en ella; había amateurs, profesionales e investigadores.

Además de proporcionar datos relevantes (por ejemplo: casi un 60% está explorando también diversas técnicas y procesos para hacer cine), la encuesta da cuenta de algo ya irrefutable: se están practicando todos los procesos fotográficos alternativos o históricos que hay; algunos de ellos desde lo digital, o apoyados en esto, como clara muestra de que pueden convivir y mezclarse ambas maneras; es decir, la tecnología digital con la analógica.

Hablamos de procesos que van desde el daguerrotipo, pasando por el ambrotipo, la albúmina, el ferrotipo, el platino-paladio, el cianotipo, el papel salado, la goma bricromatada, el heliograbado, el fotograbado, el van dyke. Además del carbón, el colodión, el “transfer” y, desde luego, la fotografía estenopeica, por sólo nombrar algunos de éstos.

Se trata de técnicas y procesos que datan, casi, de 180 años atrás, y que permiten experimentar, hoy, un sinfín de posibilidades.

México, en ese sentido, no se ha quedado rezagado; por el contrario, son muchos y variados los fotógrafos, artistas y procesos que actualmente están en la palestra. Y lo están desde hace algún tiempo, ya que, además, si en algo coinciden todos es en señalar al principal impulsor: el maestro Carlos Jurado, quien viene, desde los años setenta en Xalapa, experimentando con todo esto.

Desde entonces se ha ido extendiendo poco a poco —y pasito a pasito— por todo el país, entre artistas visuales y fotógrafos (ya amateurs, ya profesionales), todos interesados en experimentar nuevas vías de expresión.

¿Nombres? Con el consabido riesgo de dejar fuera a muchos de la lista, aquí sólo algunos —provenientes, todos, de los cuatro puntos cardinales de México—: Julio Galindo, Byron Brauchli —aunque estadounidense, vive en nuestro país desde los años ochenta—, Adrián Mendieta, Ángela Arziniaga, Rubén Pax, Arturo Fuentes, María de la Luz Medina, Waldemaro Concha, Pía Elizondo o Saraí Ojeda. Además están Erasto Carranza, Rafael Galván, Daniel Mendoza, Everardo Rivera, Sergio Mayorga, Carlos Segura, Jorge Camarillo y, desde luego, Patricia Banda y Arturo Talavera (desde su Taller Panóptico). Y es con ellos, con estos dos últimos, donde me detengo.

 

Curiosidad, búsqueda y emoción

—No hay duda: esto ya se ha vuelto un movimiento estético muy importante. La práctica de los procesos alternativos está creciendo tanto que, en este momento, ya existe una sociedad nueva de daguerrotipista, que es internacional, y también una sociedad de colodionistas, al igual que gente que está realizando ambrotipo o ferrotipo…

…Sí, así de contundente habla el fotógrafo Arturo Talavera. Y continúa:

—En el panorama internacional, si uno monitoriza las redes sociales, Internet, se dará cuenta que los procesos fotográficos alternativos están en crecimiento. Y no son sólo fotógrafos, también hay artistas visuales. En Europa, en los Países Bajos (Ucrania, Rusia, Hungría, Polonia), hay mucha fuerza. Igual en Estados Unidos. En fin, hay fuerza y muchos talleres que se dedican especialmente a esto.

Fotografía estenopeica de Arturo Talavera. De la serie “A la sombra del narval”.

Fotografía estenopeica de Arturo Talavera. De la serie “A la sombra del narval”.

Es una fría tarde de invierno, y en la accesoria número 45 del edificio del Antiguo Colegio de las Vizcaínas —en el Centro Histórico de la Ciudad de México— reina una paz absoluta. El ajetreo ha disminuido (casi) en su totalidad en estos días, lo que resulta normal por las fiestas decembrinas pasadas, y el lento retorno de las actividades cotidianas (ahora que ya se ha puesto en marcha el nuevo año).

El ruido de la ciudad apenas alcanza a traspasar el umbral de este lugar, sede del Taller Panóptico: un espacio dedicado a la investigación y experimentación de los procesos fotográficos alternativos o históricos, desde sus orígenes, y su aplicación en la actualidad.

Fundado por Arturo Talavera y Patricia Banda —así como por Iván Piñón, quien, casi de forma inmediata, decidió emprender otros caminos—, el Taller Panóptico se ha ido consolidando poco a poco, en esta manera de hacer fotografía, a lo largo de su existencia (de poco más de un lustro).

Ya sea para solicitar los servicios fotográficos que se ofrecen, o para cursar algún taller de los que se imparten, por aquí han pasado artistas visuales renombrados, fotógrafos reconocidos, incluso cineastas ya experimentados.

También, de un tiempo a la fecha, han atendido a interesados de otros territorios nacionales. Aquí ha llegado gente de Colombia, Perú, Costa Rica o Argentina, que viene especialmente por los talleres que se ofrecen, que va desde el daguerrotipo, pasando por la cianotipia, el van dyke, el papel salado, la albúmina, la calitipia, el platino-paladio, el colodión húmedo, el fotograbado en polímero, la transferencia de emulsión (fuji y polaroid), hasta el cine experimental (de 16 mm) o la hechura de cámaras estenopeicas…

—Mira este nuevo modelo —me dice Arturo Talavera, y pone precisamente en mi mano una de estas cámaras artesanales—. Ya está lista para su venta…

Mientras miro la cámara, la palpo y manipulo, no dejo de pensar en lo fascinante que resulta ahora recuperar y experimentar todas estas técnicas y procesos —que mucha gente ya creía olvidados y desaparecidos—, ¡en estos justos momentos del auge digital!

Y así se lo comento al propio Arturo Talavera. De hecho le pregunto cómo surgió la idea de este taller de procesos alternativos, cuando prácticamente la tendencia —tanto hace cinco años, que iniciaron, como ahora, que se han consolidado— no ha cambiado, sigue siendo lo digital.

Él no lo piensa mucho:

—Mira, como tú bien sabes, esto ya lo veníamos realizando desde antes de que nos instaláramos aquí en la ciudad. Cuando nos surgió la idea, realmente pensamos y repensamos esto, o sea, trabajar lo análogo, y creer en los procesos alternativos o históricos, como se les llama… Aunque a esto, en realidad, aún le falta mucho. Me refiero a que sigue creciendo no sólo como una manera de expresión, también en términos de demanda, de mercado. Si lo pensamos y repensamos fue justamente por lo que dices: la tendencia sigue siendo lo digital y el avance tecnológico, que a veces parece imparable. Sin embargo, nosotros nos quisimos detener un poco en experimentar otro tipo de opciones, ver otros caminos. Sabíamos que la gente iba a voltear a esto, como lo está haciendo ahora y como lo va seguir haciendo, ya que se dieron cuenta, como nosotros lo hicimos en su momento, que la solución no es sólo lo digital, que había, que hay, otro tipo de alternativas…

Fotografía estenopeica de Patricia Banda. De la serie “Otredad silente”.

Fotografía estenopeica de Patricia Banda. De la serie “Otredad silente”.

Mejor aquí aclaro: si bien es cierto que varias de estas ideas las había platicado con el propio Arturo en ocasiones anteriores, incluso cuando aún radicaba en el puerto de Veracruz —hará ya unos 11 años—, creo que nunca lo había hecho con una grabadora de por medio.

Con un mezcal artesanal oaxaqueño acompañándonos (como testigo y partícipe), hemos querido hacer más formal esta charla. Es sí: tratando, ambos, de no perder el hilo de la misma y de la realidad a nuestro alrededor…

—El taller tiene poco más de cinco años en activo. ¿Cómo ha sido la recepción en este lapso?

—Por supuesto, la idea de emprender un taller de este tipo no fue solamente para experimentar con los procesos fotográficos alternativos; también que fuera, en la medida de lo posible, sustentable, que le dejara a uno dinero para poder dedicarte completamente a esto. Era apostarle… Sabíamos que los primeros años no iban a llegar legiones de gente al taller. De hecho, lo primero que pusimos en la mira fue optimizar los procesos que estábamos ofertando, y las alternativas que teníamos para ofrecer…

—Perdón, ¿a qué se refiere con eso?

—A optimizar materiales, a optimizar los procesos, para que se dieran resultados y que esto no fuera nada más un rollo anecdótico… Desde el inicio sabíamos que también sería una cuestión casi pedagógica, pues, en realidad, la gente de pronto no tiene idea de lo que le estás hablando… Mira… ¿cómo lo puedo explicar..? Hay procesos que la gente no conoce, no porque no existan, sino que no los conoce ya que no los han visto. ¿Me explico?

—Sí, por supuesto…

—Entonces, era apostarle un poco al tiempo… Teníamos la seguridad de que iba a funcionar… Y, en realidad, tuvimos muy buena respuesta desde el principio. Creo que se debió al modelo que implantamos. Es decir: partamos de que mucha gente desarrolla y hace estos procesos; sin embargo, una persona hace un proceso, otra persona hace otro, y así… Nosotros, en cambio, juntamos varios y los empezamos a ofertar. Comenzamos a buscar materiales, a buscar soluciones y a buscar que la gente aprendiera el proceso, que se fuera con algo tangible y de calidad óptima.

—Es indudable que al emprender un proyecto como éste se busca poder vivir, en primer lugar, de él; una retribución. Pero, y esto yo lo supongo, hay algo más. Es decir, un gusto, una curiosidad, el hecho mismo de experimentar con todos estos procesos antiguos, que hoy, paradójicamente, resultan ser muy nuevos…

—Estoy de acuerdo contigo. Mira, mucho tiene que ver con una actitud. Actitud a la capacidad de asombrarte, sí… pero, también, a la capacidad de sentir el fracaso cuando no lo haces bien. Debes tener en cuenta que estos procesos, en un 90%, son muy técnicos, así que vas a obtener resultados si desde el origen haces las cosas bien. Sin embargo, y esto es importante resaltar, aun cuando domines (o creas dominar) alguno de los procesos, éstos siempre terminan por sorprenderte. Y eso es lo fascinante.

—Para usar una frase trillada: hay que vivirlo…

—Pues sí, es eso. Aquí siempre repetimos algo en cada taller: que estos procesos son presenciales, porque los entiendes cuando los ves. ¿Sí me explico?

—Sí, totalmente. De lo que se trata es de meter las manitas…

—¡Exacto! —exclama, Talavera, riendo—. Y eso es lo que se ha estado perdiendo. En esta era digital, todo lo ves en los monitores, en pantallas, en los teléfonos, en las computadoras. El observar estos procesos en persona, o sea, directos, pues es cuando entiendes su belleza. Sí, cada proceso te da una sensación completamente diferente. Es más: una imagen la puedes hacer en 20 procesos o más fotográficos diferentes, y cada uno de ellos, te lo aseguro, te provocará una gran satisfacción… Porque, además, está todo lo que conlleva cada uno. O sea, hay una riqueza en el hacer, en trabajar físicamente con los materiales y esperar los tiempos correctos, pues hay procesos que no los puedes acelerar… Eso te lleva a una reflexión, lleva a un tratamiento de los materiales, a un ritmo completamente diferente de lo que uno está acostumbrado.

Arturo Talavera, s/t. Daguerrotipo por el método de Becquerel.

Arturo Talavera, s/t. Daguerrotipo por el método de Becquerel.

—¿Qué sabe hoy que no sabía cuando comenzaba en esta aventura?

—¡Uf! —exclama Arturo Talavera, y mira de reojo a Patricia Banda, quien sólo se ha mantenido como oyente, mientras actualiza las redes sociales del taller.

Antes de responder, le da un sorbo a su vaso con mezcal. Yo no me quedo atrás.

—Hemos aprendido muchas cosas en este largo trayecto —comienza a explicar—. Primero, el manejo de los materiales, el sustituir materiales por otros. Pronto nos dimos cuenta (claro, a partir de experimentar) que existen nuevos materiales que están saliendo para hacer estos procesos fotográficos; no estamos negados a ellos, los mezclamos… Aprendimos a apreciar más, a tenerle respeto a los químicos… A final de cuentas, éstos son esenciales para tu búsqueda. Me refiero a que el gusto es, siempre, las estéticas que te den, el lenguaje visual que te dé cada proceso. Así que ahora los empiezas a apreciar mucho más que cuando uno comenzaba. Antes nada más sabías que ahí había algo que te gustaba, y no sabías qué. ¡Ahora sabes ya qué es, y cómo lograrlo!

—Supongo que las posibilidades se amplían…

—Desde luego. También hemos aprendido eso, que hay más aristas, que hay más maneras de hacer un mismo proceso. O sea, hay muchas variaciones en esto. Sin embargo, al final es la misma emoción: el saber que estar manipulando todo esto para lograr una atmósfera, una estética que en realidad tú sólo la logras haciendo estos procesos.

—Esto que dice es interesante…

—Mira, lo que hemos ganado con toda esta experiencia es, primero, certificar que las estéticas funcionan, que estos procesos no van a morir, y que acercarte a ellos enriquece el trabajo que tienes, te dediques a cualquier estilo fotográfico; incluso aunque sólo seas aficionado y nada más te guste tomar fotografías. Lo que quiero decir es que la propia curiosidad, el propio interés de ir más allá, la búsqueda de una nueva experiencia en torno de la foto, te llevará a estas estéticas. El fotógrafo que tenga una evolución (insisto: sea amateur o el profesional) tarde o temprano llegará a los procesos fotográficos alternativos, porque son maneras de expresión de enriquecer tu trabajo.

—Mucha gente sigue insistiendo que lo digital es la moda, y que los procesos son más bien anticuados…

—Pues sí, pero tampoco hay problema. Tú lo has dicho bien: es moda. Y aparte… Mira, creo que se están limitando mucho. Ahora, aquí quiero aclarar algo: no es el proceso lo que hará una mejor fotografía, o sea, si al final la imagen es mala, mala será. No hay más. Lo que es un hecho es que a los propios fotógrafos reconocidos o profesionales, actualmente, ya les están pidiendo estas estéticas. Coleccionistas o compradores de arte se ven obligados a regresar a estas técnicas; les piden, por ejemplo, un platino-paladio, un heliograbado o una calitipia. Las razones pueden ser varias: porque son procesos estables, o porque así lo requiere el mercado y lo que quieren es vender. Ahora, también hay un poco de ignorancia. No se acercan a los procesos porque se desesperan, piensan que la foto digital les ahorra tiempo, y está bien. Si así lo quiere el fotógrafo, y así le ha funcionado, también es válido.

—Pero, como dice: tarde o temprano llegarán a estos procesos.

—Es que, en realidad, así es. Podría decir que esto tiene que ver con la edad, pero yo no lo creo… Más bien tiene que ver con la curiosidad y hasta dónde quieres tú explorar, hasta dónde quieres llegar como fotógrafo o como artista. Los jóvenes, por naturaleza, están en la búsqueda de nuevas maneras de expresión; incluso, a veces recuperando el pasado. Y, que quede claro: no tiene nada que ver el equipo con el que trabajes; puede ser cámara análoga o digital: con ambas puedes hacer esto. Aquí estamos hablando ya de madurez de estéticas y de propuestas visuales. Quien esté metido en la imagen, llegará en algún momento a estos procesos… Es más: si digo que no tiene que ver la edad, es porque casi todos los talleristas que se inscriben son jóvenes. Desde que ven de qué va esto, y ven de qué va eso de los procesos, se quedan alucinando. A muchos les encanta.

Al final, señala Paty Banda —quien se suma a la conversación—, de lo que se trata es de compartir los conocimientos. Y añade algo más:

—Yo creo que aquí es un espacio efectivamente alternativo. Las personas quieren llamar a los procesos antiguos o históricos, pero, más bien, éstos son alternativos. El Taller Panóptico es un taller alternativo, como los procesos que maneja. Y algo más: me parece que, como bien decías al principio, el taller ya está consolidado… Ya la gente lo identifica. Se ha vuelto un referente en cuanto se habla de procesos fotográficos alternativos o históricos. Está bien. Sin embargo, nosotros seguimos experimentando. Nunca se termina de aprender.

Arturo Talavera (Foto: Patricia Banda).

Arturo Talavera (Foto: Patricia Banda).

Eso es cierto, finaliza Talavera: “Al principio, los hicimos primero para nosotros. Pero tanto nos gustó que, en realidad, no queríamos dedicarnos a otra cosa sino a seguir haciéndolo y que pudiéramos vivir de ello. No que nos fuera a hacer ricos, pero al menos que nos permitiera dedicarnos las 24 horas a eso. Mira, nosotros no hacemos otra cosa más que dar los talleres y seguir experimentando con estos procesos y con la construcción de las cámaras, haciendo cosas con el cine. O sea, seguimos en una búsqueda tanto personal como estética.”

Para más información del Taller Panóptico: Facebook / Twitter / Blog

 

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