La noticia que tanto estábamos esperando por fin llegó. El presidente de los Estados Unidos declaró el fin de la pandemia por Covid-19. En la fantasía, imaginamos que, al terminar la emergencia, la Humanidad tendría un respiro de felicidad y nos topamos con una realidad muy dura. Pensar creativamente sobre el futuro resulta difícil, requiere sensibilidad frente a un mundo complejo y en rápido movimiento. La capacidad de anticipar irrupciones inesperadas y la voluntad de reevaluar constantemente creencias y suposiciones más básicas.  Frente a la desesperanza pensar creativamente sobre el futuro es una alternativa si y sólo si se hace bien. El pensamiento creativo se aplica tanto en lo personal como en la vida de las organizaciones, pero para que surta efecto se requiere hacer tres cosas:

Entender cómo piensa la gente.

La conformación del pensamiento dentro del cerebro podría estarnos llevando a aferrarnos a suposiciones cansadas y percepciones erróneas. Las personas tenemos un sesgo natural hacia las ideas y conceptos que confirman, en lugar de contradecir, las ideas en las que ya creemos.  Tales sesgos pueden sabotear nuestra capacidad de tener un pensamiento fresco. Un ejemplo clásico: Henry Ford insistió en que el Modelo T totalmente negro siempre seguiría siendo preferible para los consumidores a pesar de que otros fabricantes de automóviles crearon nuevos modelos y colores de automóviles. Incluso cuando sus colegas lo instaron a considerar seguir nuevas formas, Ford se negó a ceder. Después de años de innovaciones fantásticas que ayudaron a llevar el automóvil a las masas, Ford cayó presa del sesgo de anclaje que lleva a las personas a tomar —o no tomar— nuevas decisiones haciendo referencia a sus experiencias anteriores.

Liberar la mente para generar nuevas ideas nos lleva a darnos cuenta de cómo estos y otros patrones cognitivos pueden estar dando forma a suposiciones clave que impide pensar de manera más creativas. 

Segundo, pensar creativamente mediante el desarrollo de nuevos modelos mentales; auditar, y luego cuestionar, las creencias y suposiciones fundamentales de su organización.

Pensar creativamente es cambiar la forma en   que ves algo.

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Se trata de actualizar uno o más de nuestros modelos mentales.   Es un proceso que requiere una mirada profunda, de sumergirse en algunos de los modelos mentales más importantes que estamos utilizando actualmente. Podríamos empezar con una “auditoría de creencias”. Sondear sus pensamientos sobre la situación actual de su organización:

¿Cuáles son algunas suposiciones clave inherentes a sus actividades diarias?   ¿Las “reglas” establecidas bajo las cuales usted o su organización generalmente operan?  ¿Qué valores fundamentales se “dan”?

¿Cuáles son algunas de sus propias creencias personales sobre su organización y qué hace que funcione de manera efectiva en la actualidad?  ¿En qué áreas dedica su organización demasiado, o muy poco, tiempo y recursos?

¿Cuál es el espacio competitivo de su organización y hay formas en que podría redefinirse?

Si usted o su organización no existieran, ¿qué diferencia haría para el mundo?   ¿Qué faltaría?

Cuestionar su situación actual puede abrir caminos al pensamiento creativo.  Por ejemplo, la aspiración original de Google era construir el mejor motor de búsqueda de la historia; podría decirse que  la organización lo logró.  Pero para entrar en una nueva era de crecimiento, los líderes de Google necesitaban percibir su empresa de manera diferente. Solo cuando desafiaron su suposición de que “Somos una empresa de motores de búsqueda” pudieron llegar a la noción de “Queremos saberlo todo” que provocó proyectos como Google Earth, Google Book Search y Google Labs, junto con nuevas mejoras en su legendario motor  de búsqueda. 

En tercer lugar, pensar creativamente sobre el futuro es hacer uso del “pensamiento prospectivo”.

Es necesario considerar las tendencias e interrupciones clave que nos lleven a adoptar una visión expansiva a largo plazo, abierta a todas las posibilidades y plenamente consciente de lo que está sucediendo tanto dentro como fuera de su organización o su entorno inmediato.

Las megatendencias, los grandes cambios sociales, económicos, políticos, ambientales o tecnológicos que probablemente tengan un  gran impacto en una  amplia gama de áreas, pueden ser una herramienta muy útil para ayudar a  encender nuevas posibilidades. Ejemplos hay muchos, como pensar en el aumento de las fuentes de  energía alternativas,  en los mercados emergentes en rápido desarrollo, y el aumento de la conectividad  móvil.  Las megatendencias afectarán sí o sí a nuestro entorno, a las empresas, a los clientes, a la competencia, así como a la familia y comunidad.

Desarrollar una lista de problemas que probablemente se desarrollarán en el largo plazo y que podrían tener un impacto fuerte y de amplio alcance. Al hacerlo podemos prever y planear o estar listos para dar una mejor batalla. Hay que abrir  una gama de respuestas estratégicas.  Es necesario refinar la lista preguntando: ¿Qué tendencias serán los vectores clave para dar forma al futuro de mi organización? ¿Cuáles son algunas de las tendencias aparentemente irrelevantes que podrían terminar siendo sorprendentemente críticas?

El pensamiento crítico es un ejercicio de atención y reflexión. Se trata de enfocarnos en las múltiples formas en qué podríamos hacer que estas megatendencias —o cualquier otra tendencia— jueguen a nuestro favor para crear nuevas oportunidades.  Se trata de ampliar la visión y alargar el pensamiento considerando cuál  de estas directrices nos toma más desprotegidos y estaríamos menos preparados para lidiar.

Pregúntate cómo estas tendencias potenciales podrían influir en las nuevas ideas que quieres generar para el futuro.  

Pero cuidado, pensar creativamente sobre el futuro no se trata sólo de recopilar los datos de tendencias ni de llenarnos de datos sino de ampliar la visión y hacer más grandes nuestras perspectivas. Esto se logra al mantener un grado razonable de atmósfera de duda cultivada. Se trata de cuestionar lo que estamos haciendo con el propósito de entender cómo piensa la gente. Esto le da un giro positivo a la duda, en vez de dudar y frenar, permitirá observar los datos, ya sean tendencias, investigación de clientes o inteligencia competitiva, de nuevas maneras, para estar mejor preparado para un futuro incierto.  

De hecho, pensar creativamente sobre el futuro significa abrazar la incertidumbre, en lugar de la respuesta más predecible de tratar de eliminarla. Por años hemos convivido mal con el riesgo y con la falta de certeza, nos hemos quejado de la perplejidad y lo complejo que se vuelve la toma de decisiones. El pensamiento creativo nos lleva a disfrutar el proceso y hacer del riesgo y la incertidumbre el elemento que impulse la mejora continua y que nos aleje de nuestra zona de confort. 

La complejidad que nos plantea la realidad que vivimos es justamente el combustible que lleva a las personas a salir de la tibieza que genera mediocridad. El pensamiento creativo busca ver algo donde los demás no ven nada. Pero, no se da por generación espontánea ni es fruto de la inspiración que nos susurran las musas. Hay que poner manos a la obra y estar dispuestos a probar nuevas alternativas. Hace falta valor, no hay duda, Pero es una alternativa que nos lleva por el camino de la excelencia y la innovación.

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