Un ex funcionario del Departamento del Tesoro en EU alerta del peligro de la escalada de tensiones geopolíticas alentadas por el gobierno de Obama.

 

Hace unos días, el ex subsecretario del Tesoro de EE.UU., Paul Craig Roberts (PCR), publicó un artículo que vale la pena relatar. En él, criticó por una parte el discurso de Obama ante Naciones Unidas, y por otra, la complaciente actitud de Rusia y China ante el avance americano.

Sobre el discurso, dice que es la cosa más absurda que ha escuchado en su vida, y que le sorprende que el presidente estadounidense sea capaz de pararse frente a todo el mundo para mentir de forma tan abierta, pero más aún, que la audiencia no se hubiese levantado para abandonar la Asamblea. “Los diplomáticos del mundo en realidad se sentaron ahí y escucharon descaradas mentiras del peor terrorista del mundo. Incluso aplaudieron su aprobación”, señaló con dureza.

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Indica por ejemplo que cualquiera sabe que EE.UU. primero defenestró al gobierno ucraniano legítimamente electo para imponer uno afín a sus intereses, que se resiste a revelar imágenes satelitales de la destrucción del avión de Malaysia Airlines en territorio ucranio; que Kiev se niega a sacar a la luz las instrucciones del control de tráfico aéreo que se le dieron al avión y que Washington ha impedido una verdadera investigación del incidente. En este sentido, afirma que los expertos europeos han testificado que ambos lados de la nave mostraban evidencias de fuego de ametralladora, lo que indica que habría sido derribado por los jets ucranianos que lo perseguían.

Esto, recuerda Roberts, ocurre mientras EE.UU. considera que “no es agresión cuando bombardea e invade siete países en 13 años sin una declaración de guerra”, pero sí cuando Moscú acepta la petición de los habitantes de Crimea que en un 97 por ciento, votaron a favor de unirse a la Federación rusa.

No por nada se pregunta si el “cáncer del extremismo violento” es del llamado “Estado Islámico” (ISIS por sus siglas en inglés), o el de Washington, que ha asesinado a cientos de miles de civiles y desplazado a millones de sus hogares en el siglo XXI. Lo anterior, bajo la “Doctrina Wolfowitz” que declara la hegemonía estadounidense como el objetivo dominante para el gobierno americano.

Roberts recuerda que ISIS fue creado por el régimen Obama, y que sus “yihadistas” fueron los mismos que usó para derrocar a Muammar Gadafi en Libia.

Asimismo, acusa, Barack Obama nunca dijo en la ONU que el problema central del mundo es la incapacidad de Washington para aceptar la existencia de fuertes países independientes de su influencia política, como Rusia y China.

Pero Roberts reprocha además la complacencia rusa-china frente a la amenaza de Washington. Asegura que ni Moscú ni Beijing entienden el peligro real que les representa, y que por eso no han respondido de una manera en la que se evite la necesidad de una guerra. Por ejemplo, el gobierno de Vladimir Putin podría “probablemente destruir a la OTAN” negándose a vender gas a sus miembros europeos, en respuesta a las sanciones que le han impuesto. En cambio, Rusia ha permitido que acumulen provisiones para el invierno, y continúa aceptando dólares como pago, no rublos, cuando mucho del poder enemigo americano se basa en el uso de su moneda como divisa de reserva.

China y Rusia, reclama Roberts, han sido negligentes en defender sus soberanías. Gracias a esa actitud, Obama sabe que puede mentir todo lo que quiera a placer.

Los chinos tampoco han tenido un papel digno en opinión del subsecretario del Tesoro, pues no han aprovechado la manipulación del precio del oro a través de ventas masivas de “naked shorts” en el mercado, para comprarlos y demandar la entrega física del metal, lo que haría que el colapso del sistema financiero occidental pudiera ser “catastrófico”. China tampoco ha optado por vender sus tenencias de bonos del Tesoro americano que suman más de un billón de dólares, con lo que podrían devaluar al dólar hasta el punto de quebrarlo y destruir su carácter de reserva.

Dado que ni Moscú ni Beijing están haciendo nada de esto, ambas capitales están trabajando “para proteger el control de Washington sobre el Medio Oriente y el petrodólar”.

Roberts revela que académicos chinos le informan que la Fundación Rockefeller está creando agentes americanos en universidades chinas, y que firmas americanas están incorporando a sus consejos de administración a familiares de funcionarios partidistas locales y regionales. Todo ello, “cambia la lealtad del gobierno central hacia el dinero americano”, sin contar que muchos economistas chinos son formados en las ideas y teorías que favorecen los intereses de EE.UU.

La incapacidad de ambos países, nos dice Roberts, “hace que la guerra nuclear sea más probable”, pues no hay en la práctica posibilidad alguna de que la OTAN invada u ocupe territorios rusos o chinos. La guerra sería a la distancia. Lo malo es que una conflagración así terminaría con la vida en la Tierra. En ello reside la importancia de que Moscú y Beijing comprendan la gravedad de la “maldad” que ha convertido a EE.UU. en “el peor estado terrorista del mundo”.

PCR concluye que es posible que el planeta entero sea salvado por otra vía: el colapso económico estadounidense. “El castillo de naipes americano se sigue sosteniendo sólo como resultado de la tolerancia del mundo hacia la vasta corrupción y desinformación, y porque la ambición se satisface con el dinero obtenido a partir de un sistema manipulado”, sentenció. Un liderazgo ruso o chino fuerte, podría derrumbar ese castillo.

En coincidencia con Roberts, aquí hemos alertado del peligro de la escalada de tensiones geopolíticas alentadas por el gobierno de Obama. El “Premio Nobel de la Paz” parece ansioso por ir a una guerra a gran escala que, por supuesto, no podemos permitir.

 

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