Por: Edmar Ariel Lezama*

 

El domingo 5 de abril, el presidente de México en un mensaje a la nación, explicó el camino a seguir para enfrentar la crisis económica que ocasionará la pandemia de COVID-19, lo cual resultó ser una repetición de lo que ya se ha dicho en el primer año de gobierno, es decir, continuar con la construcción de un aeropuerto, una refinería y un tren, sumado a transferencias monetarias para grupos vulnerables, sin considerar exenciones de pagos de servicios públicos (electricidad y agua) e impuestos.

La rigidez en la postura presidencial debe estar sustentada en la idea de que el gasto público volverá a reactivar la demanda de los consumidores y, por ende, una gran generación de empleos que facilite la recuperación económica.

Aunque diferentes corrientes teóricas consideran que el gasto público es un buen mecanismo del Estado para poner en el camino correcto a un país, se debe ser cuidadoso en qué se está gastando, ya que la misma teoría parte de escenarios de normalidad sanitaria y de interacción para poder funcionar de acuerdo a sus modelos, por lo que resulta difícil suponer que una teoría económica implementada sin modificaciones resultará exitosa, ya que el paro en el cual el mundo se encuentra, hará que los resultados finales sean muy distintos a los que el modelo plantea.

Hoy los consumidores y productores no actuarán como dicta la teoría económica; los consumidores no están en condiciones de viajar y no están pensando hacerlo, no desean usar créditos a pagar en un largo plazo (hipotecas y financiamiento automotriz), ya que, la principal preocupación es lo que ocurrirá con el mercado laboral y satisfacer necesidades básicas como el alimento y vivienda (no hay certeza sobre la educación, vestido y el ocio).

Una refinería no será la solución al desarrollo mexicano, ya que no se puede suponer que la industria manufacturera (principal industria de exportación en el país) será el gran demandante interno o que el mundo seguirá buscando ese bien, pues los planes de reconversión energética están enfocados a dejar la gasolina de lado gradualmente.

En lo que se refiere al Tren Maya, se siguen teniendo la incertidumbre sobre si podrá ser finalizado en la ruta planteada originalmente, ya que el estudio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) sobre ese proyecto muestra una realidad muy diferente a la que el Gobierno Federal plantea, sumado al inevitable aumento de costos en la obra no sólo por una muy mala planificación, sino por la devaluación que la moneda ha tenido en lo que va del año.

En el aeropuerto ocurre algo similar, ya que, de momento, el problema no sólo está enfocado en la fecha de finalización y los permisos correspondientes para aterrizar y despegar desde ahí, sino en el hecho de que varias aerolíneas quebrarán y en algunos casos, varias rutas serán suprimidas por no existir interés económico para mantenerlas. El tráfico aéreo planeado para los próximos diez años será menor al proyectado.

Por el discurso presidencial y la inflexibilidad para modificar planes económicos, todo parece indicar que la construcción de esas tres obras continuará bajo el argumento de que es gasto público y estimulará la demanda y generación de empleos.

La realidad, es que se tiene poca certeza sobre si algún día podrán ser finalizados los proyectos, lo cual implica un gasto inútil en un país que hoy necesita ser flexible en la toma de decisiones, pues con la cifra de decrecimiento económico del 2020, la recaudación impositiva será muy difícil de hacer y los recortes a ciertos programas de Gobierno se mantendrán varios años.

Si el plan no funciona, Andrés Manuel aseguró ya que se podrán buscar alternativas para enfrentar el problema, lo cual puede resultar inútil también, ya que la acción llegará tan tarde, que estaremos ante un sexenio perdido en casi todos los sentidos.

 

Contacto:

 

*El autor es Coordinador del Programa Único de Especializaciones en Economía, tiene un Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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