La directora general y presidenta del Consejo Administrativo del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco) nos habla del poder femenino en el ámbito de la cultura.

 

Por Mercedes Martínez Cossío

 

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Alejandrina Zambrano Treviño —o Nina, como le gusta que la llamen—, es nieta de Ángela Madero, hermana de don Francisco I. Madero, iniciador de la Revolución mexicana y también llamado Apóstol de la Democracia. La hija de don Lorenzo H. Zambrano Hellión y Alejandrina Treviño es la única mujer entre cinco hermanos. Diseñadora de profesión y autora del libro Más alla de las palabras (Grijalbo, 2003), actualmente funge como directora general y presidenta del Consejo Administrativo del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, AC  (Marco).

El museo se inauguró en 1991 y a su entrada nos da la bienvenida La Paloma, una enorme escultura de Juan Soriano. Desde que nuestra entrevistada tomó su cargo, marco ha logrado que el arte forme parte de la ciudad. No cabe duda que Nina ha destacado por su entrega y dedicación. “Se requiere apoyar las expresiones culturales y artísticas para que los jóvenes tengan opciones sanas de distracción”, asegura.

 

─¿Cuáles han sido tus mayores éxitos?

─Llegar a públicos muy diversos a través de distintas estrategias, haciendo de Marco un museo incluyente, muy vinculado con su comunidad, en el que encontrarán siempre experiencias significativas y nuevas ventanas para ver el mundo, erradicando así la percepción elitista del arte y de los museos.

 

─¿De qué manera has fomentado la cultura?

─He procurado hacerlo a través de mi trabajo. Son casi 18 años en el museo estableciendo alianzas y creando sinergias, así como también apoyando otras iniciativas e instituciones.

 

─¿Podrías definir qué es el arte para ti?

─Partiendo de que no hay una definición establecida de arte, ésta será siempre subjetiva: el arte para mí es una creación que expresa ideas y emociones. Es una visión del mundo a través de distintos lenguajes con una finalidad estética. Como espectador debe hacerte sentir algo.

 

─¿Consideras que tu formación como diseñadora te ha servido en el museo?

─Todo conocimiento es útil si, como dijo Steve Jobs en su famoso discurso, sabemos unir los puntos. En mi caso, la formación y el gusto por el arte encontraron afinidad con la vocación del museo. Pero en la gestión de un museo confluyen muchos aspectos más allá del conocimiento del arte, lo que me ha exigido un aprendizaje continuo que ha supuesto un reto apasionante y muy estimulante.

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Foto: Mauricio Alanis/Citrique Photo.

 

─¿Consideras importante la intervención de la iniciativa privada para obtener financiamiento en las áreas culturales?

─Desde luego es necesaria. Un museo como marco la requiere por la envergadura de los proyectos que acomete, siempre muy ambiciosos. Por otra parte, el apoyo al arte y la cultura debe ser un punto importante en la agenda de responsabilidad social de las empresas. No olvidemos que también reporta beneficios, por tanto son colaboraciones en las que todos ganamos. El impacto positivo más importante se da en el público, en la sociedad.

 

─¿Son importantes las aportaciones gubernamentales?

─Sí, toda aportación lo es. Si bien los tres niveles de gobierno tienen sus propios programas e instituciones culturales, el apoyo del gobierno debe llegar a la gestión privada, tanto con recursos como con colaboraciones interinstitucionales, que son muy enriquecedoras.

 

─¿Cómo eligen a los pintores, escultores y artistas para exponer? ¿Qué cualidades deben concurrir en ellos?

─Primero, el museo tiene una línea discursiva que, aunque va modificándose en el tiempo, es siempre muy clara. Las muestras que generamos van de acuerdo a esos criterios. Los artistas cuya obra se exhibe en marco deben tener una propuesta muy sólida, tanto conceptual como formalmente, y una trayectoria que los avale.

 

─¿Toman en cuenta a los artistas jóvenes?

─Sí, la profesionalización del creador ha hecho posible que artistas relativamente jóvenes puedan desarrollar esa solidez de la que hablaba antes y, por tanto, estar en un museo que presenta las manifestaciones de arte contemporáneo más relevantes.

 

─¿El museo es autosuficiente?

─¡Muy pocos museos en el mundo lo son! Pero lograrlo está en nuestra visión. Hemos trabajado mucho en ampliar nuestra capacidad de autosuficiencia; creo que hemos sido muy creativos, hemos avanzado bastante y seguiremos haciéndolo.

 

─¿Consideras que la asistencia al museo debiera ser obligada para los visitantes de Monterrey?

─Sí, la calidad de la oferta expositiva de Marco le ha hecho ganar gran prestigio en el circuito internacional del arte. Está a la par de los museos de las grandes capitales, y se ha convertido en uno de los emblemas de Monterrey.

 

─¿Alguna anécdota que te reafirme que tu trabajo ha valido la pena?

─Muchas veces, estando en el elevador o caminando por las salas del museo, se han acercado personas que no conozco pero que sí me identifican. Me dicen que en marco han encontrado cosas que han cambiado para bien su visión de la vida, o que les hace felices visitar marco.

Esos comentarios me confirman que el esfuerzo ha valido la pena y me animan a seguir.

 

─Has escrito varios libros, ¿qué reflexiones puedes hacer sobre la situación de nuestro país?

─Mi mirada es siempre de optimismo, encontrando el “cómo sí” a pesar de cualquier circunstancia. Los cambios de paradigmas en todos los órdenes de las últimas décadas ofrecen un amplio panorama para los jóvenes. Tener una visión de lo que queremos ser, valores que nos orienten y un compromiso personal de contribución a la sociedad pueden ser la guía para lograr la mejor versión de nosotros mismos.

 

─¿Qué consideras imprescindible?

─Convicción y pasión en todo lo que hago. Y el amor de mi familia.

 

─¿Crees que ser una mujer líder y destacada tiene como responsabilidad dar ejemplo diariamente?

─Busco siempre ser congruente; es el mejor ejemplo que puedo dar, si es que hay que darlo.

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