Cuando las decisiones urgen, normalmente cometemos errores, ya que la desesperación apaga la racionalidad y potencializa la irracionalidad. Si no podemos pensar bien, seguramente no podremos planear, considerar las mejores variables y tomar una decisión ideal.

 

 

Cuando sentimos hambre, nuestro cerebro nos pone en alerta para buscar algo de alimento; si dejamos pasar una o dos horas, la alerta aumentará de nivel y nuestro cuerpo comenzará a sentir urgencia. Más tarde, en un modo de desesperación por asegurar la supervivencia, motivará al cuerpo a hacer lo que sea con tal de conseguir alimento, aún cuando éste sea de mala calidad e incluso dañino para la salud a largo plazo. En estado de urgencia, no nos importa si lo que ingerimos nos perjudica a la larga, ya que lo importante es llenar el estómago y tranquilizarnos en el corto plazo.

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Cuando las decisiones urgen, normalmente cometemos errores, ya que la desesperación apaga la racionalidad y potencializa la irracionalidad. Si no podemos pensar bien, seguramente no podremos planear, considerar las mejores variables y tomar una decisión ideal.

La Línea 12 del Metro en la Ciudad de México fue ejecutada bajo esta manera de pensar y ya conocemos las consecuencias. El segundo piso del Periférico, en la misma Ciudad de México, fue ejecutado también bajo modo de urgencia y desesperación, y por ello no cumple con las normas nacionales e internacionales, no sólo estéticas sino también técnicas.

Si te ha tocado vivir un terremoto sabrás que tu pensamiento no puede operar correctamente; entras en estado de pánico y cometes muchas irracionalidades mientras intentas salvarte, pero al pasar el peligro te percatas que no estás parado en una zona segura, que dejaste atrás a tu esposa, que tomaste el elevador en lugar de las escaleras y que rompiste el jarrón que tanto querías, herencia de tu abuela.

Durante los últimos dos sexenios, los fondos aplicados por la Secretaría de Economía en proyectos para las Pymes y los emprendedores se entregaban a los organismos intermedios en noviembre, mismos que tenían que repartirlos a los “beneficiarios” de manera urgente; estos, a su vez, debían aplicarlos en sus operaciones de manera muy urgente, y reportar a la misma Secretaría los resultados de manera ultra urgente, antes de finalizar el año. Hoy es muy difícil encontrar Pymes o emprendedores que, habiendo recibido el apoyo, cuenten su caso de éxito.

En nuestra genética como mexicanos está tomar decisiones por urgencia, tanto en el terreno personal como en el gubernamental. En contraste, en nuestra genética no está el planear, anticipar, prevenir y considerar todas las variables a la hora de decidir. Hoy es impensable que las primarias y secundarias eduquen a los niños a ahorrar para la vejez; aun parece iluso que los padres preparen a sus hijos para entrar a la universidad, y no es posible hablar de un adulto que al construir su casa piense en rampas para la silla de ruedas que habrá de usar cuando sea viejo. ¿Para qué?

Bueno, la mayoría de las empresas no desarrolla estrategias para cinco años, pues se cree que es mucho tiempo y, planear para seis, podría parecer fuera de contexto.

En nuestra genética sí se encuentra grabada con cincel la resistencia; sí, resistimos hasta que las cosas aguantan para entonces tomar decisiones y, cuando llega ese momento, presionamos, gritamos y criticamos. Nos preocupamos por nuestra salud hasta que la enfermedad ya escaló a niveles insostenibles y arreglamos el carro ya que se desvieló.

No educamos a nuestros hijos para planear y anticipar, sino para tomar decisiones bajo el modo de desesperación y urgencia. Por eso, cuando estos niños se convierten en adultos, toman malas decisiones bajo un modo mental de urgencia. Y las escuelas no educan a los niños a tomar decisiones de manera anticipada y bien planeadas, ya que ven que los adultos deciden todo de manera urgente y siempre de última hora.

Durante 2013 se hicieron al menos seis reformas constitucionales de gran importancia, pero todas se hicieron a una velocidad impresionante. En estos momentos se discuten las reformas a leyes secundarias derivadas de estos cambios constitucionales. Espero que no sean ejecutadas con urgencia y presión. Hemos llegado a un punto en la vida del país que urgen cambios de reglas y condiciones de operación, pero no podemos permitirnos hacer esos cambios bajo modo de desesperación porque normalmente bajo éste las decisiones no son las óptimas.

Si acaso los legisladores están legislando bajo presión, también es responsabilidad de la sociedad civil que ha exigido decisiones urgentes; claro, resistimos por mucho tiempo, hasta que tuvimos que exigir.

 

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(*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.)

 

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