La estrategia de la dirigencia del PRI es la de ganar tiempo antes de que inicie la ruta de aprobación o de rechazo a la Reforma Eléctrica que propuso el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Quizá actuaron de buena fe, para no dar un no rotundo de inicio, pero es esa candidez se están jugando su supervivencia misma. 

Esta dilación no ha generado un espacio para la discusión e inclusive para el acuerdo, sino para la polarización. Es más, pueden terminar electrocutados porque confundieron las señales. En la 4T no los quieren de aliados, sino de subordinados a su proyecto.

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Las ambigüedades en el discurso, se van llenando por quienes sí tienen planteamientos claros, como cuatro ex presidentes del PRI, Manlio Fabio Beltrones, Dulce María Sauri, Enrique Ochoa y Pedro Joaquín Coldwell.

En una conversación colectiva con el diario Reforma, todos ellos coincidieron en que respaldar la iniciativa presidencial, sería dar un paso definitivo en la extinción del priismo como referente, para convertirlo en un residuo satelital del Morena.  

Los espacios y el margen de acción para Alejandro Moreno, el líder del PRI, se irán reduciendo al paso de los días. Entró en ese callejón y al parecer la única salida que quedará será la de la definición, la de la claridad.

En Palacio Nacional no quieren cambios a su proyecto, porque lo que en el fondo les interesa es el daño político que le pueden causar al priismo y de paso a sus aliados del PAN y el PRD. 

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Lo que está en disputa es político y tiene que ver con el modelo de país para los próximos años. Lo que está en juego es la viabilidad misma de la oposición en 2024. 

Todo lo que tiene de descuido la iniciativa en sus aspectos financieros y técnicos, lo tiene en claridad respecto a la fuerza destructiva que puede generar en la alianza Va por México. 

Por ello Manuel Bartlett, el director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) amenazó sin empacho a las compañías privadas, anunciando que cuando se cancelen sus contratos, no recibirán compensación alguna. 

A una propuesta regresiva, Bartlett le añadió el fantasma confiscatorio. Nada produce más miedo en el sector empresarial que ello.  

Es poco probable que los amagos de Bartlett surtan efecto, ya que existen entramados legales que lo impedirían, en México y en el extranjero, pero la utilidad de la amenaza radica en disminuir las criticas y elevar los costos en otros, en quienes estén dispuestos a traicionar el voto ciudadano, que fue muy claro respecto a la defensa de la Constitución y los órganos reguladores. 

El PRI al final votará en contra de la Reforma Energética, pero es increíble que buena parte del costo político lo vaya a pagar por intentar flotar, cuando lo indicado es nadar con velocidad para evitar la tormenta. 

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