Durante 28 años, Martin Scor­sese intentó filmar Silen­ce, un drama que narra la persecución del cristianismo en el Japón del siglo XVII. En 2014, la película tenía cualquier cantidad de problemas, desde gente que exigía una indemnización hasta la salida de los productores en turno.

Nadie quería retomar el proyecto, pero Gastón Pavlovich, director de la empresa Fábrica de Cine, echando mano de la experiencia para cabil­dear y hacer contactos que adquirió en Petróleos Mexicanos (Pemex) y las secretarías de Gobernación (Se­gob) y de Agricultura (Sagarpa), se acercó a la gente del actor y director estadounidense para hacerse del proyecto, con el argumento de que bajando costos lograría sacarlo ade­lante. Entre otras acciones propuso un presupuesto de 50 millones de dólares (mdd), en lugar de los 80 mdd que estaban previstos.

Hoy, cuando Silence está a punto de estrenarse, el mexicano piensa que ya es el momento de escalar su empresa, que en la actualidad tiene un valor de 15 mdd, pero a finales de este año se llevará a cabo una valoración más detallada, donde se ponderarán las nuevas inversiones de lo que resta de 2016 y los proyec­tos que vendrán en 2017.

Fábrica de Cine tiene en su portafolio películas como El estu­diante (2009), con Jorge Lavat como estelar; Un holograma para el rey (2015), bajo la actuación, dirección y producción de Tom Hanks, y Max Rose (2015), con la actuación de Jerry Lewis.

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Dentro de la estructura de la empresa, Pavlovich cuenta con 55% de las acciones, mientras que el resto está repartido en cuatro socios. Dice que le gusta ese modelo, pues le permite tener el control de la operación, lo que implica una ventaja competitiva contra el resto de la industria en Hollywood, pues cualquier talento o productor que se sienta a negociar con él tiene la seguridad de que está hablando con el presidente de la compañía.

Al platicar su estrategia de cre­cimiento, deja claro que no planea competir contra los seis grandes estudios mundiales (Disney, NBCU­niversal, 21st Century Fox, Warner Bros, Sony y Paramount), pero sí contra productoras como Lionsgate (creadora de las pelí­culas Precious y Juno), Regency Enterprises (The Revenant, Birdman y Mr. & Mrs. Smith), Annapurna Pictures (Her y Joy) y The Weinstein Company (Apolo 18, Django y Hannibal Rising), cuyo valor Pavlovich estima en 1,000 mdd.

“Primero están los estudios, que son seis, los grandotes, y abajo están los independientes grandes y los independiente chiquitos. Yo quiero estar entre los independientes grandes, que empezaron como yo, poco a poco, construyendo una biblioteca, teniendo películas, vendiendo año tras año. De hecho, por las películas que ya traigo ya estoy ahí, compitiendo contra ellos, y ya les he ganado proyectos”, reflexiona Pavlo­vich, quien se considera más empresario que cineasta.

Para dimensionar el salto que pretende dar con Fábrica de Cine, los largometrajes de la productora Lionsgate han recaudado más de 7,000 mdd en taquillas a nivel mundial durante los últimos cuatro años. Además, el portal de la firma indica que, junto con sus compañías predecesoras, ha obtenido 90 nominaciones y 20 premios Oscar.

“Muy probablemente lo haga, solamente le va a tomar tiempo, porque es un salto enorme, no sé cuántas películas tiene Weinstein, pero tienen como 60 Oscares. Regency ha de tener unas seis u ocho películas ganadoras de la mejor película y para llegar a esos números no sólo tienes que trabajar mucho, sino que tiene que pasar el tiempo”, calcula Alberto Müffelman, director de producción de Panorama Global.

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Foto: Michelle Burgos. 

Rescate de leyendas

El modelo de negocios de Fábrica de Cine consiste en encontrar una historia univer­sal que permita acceder a una audiencia amplia, pero también en ‘amarrar’ alto talento (acto­res y directores) que le permita prevender el proyecto a lo largo del mundo.

De este modo, “el equity (capital) y la inversión de riesgo rondarán siempre entre 30, máximo 40% de una película nuestra, lo cual la hace más rentable, sabiendo que todo lo demás lo conseguimos de muchos otros medios, incluyen­do incentivos fiscales y demás”, explica Pavlovich.

Así lo ha hecho en otras ocasiones, como en El estudian­te, que trata de un hombre de edad avanzada que regresa a la escuela y significó el retorno de Jorge Labat, un primer actor mexicano, quien no había hecho cine desde hace 37 años, debido a que los productores lo descar­taron en múltiples ocasiones.

Esta cinta dio un gran apren­dizaje a Pavlovich, que le sirvió años más tarde en su entrada en ‘las grandes ligas’, pues en esta película en un par de ocasiones no tuvo recursos para pagar la totalidad de la nómina semanal de las aproximadamente 100 personas que integraban el crew (equipo).

“Filmábamos unos días y yo tomaba las escenas, me arrancaba a México, a Guada­lajara, a Monterrey a tocar puertas y a ir enseñando lo que estábamos haciendo y a tratar de convencer a inversionistas”, recuerda el cineasta nacido en Sonora.

Para sacar adelante la película, que tuvo un valor de 17 millones de pesos (mdp) y recaudó casi 50 mdp, recurrió a aportaciones de amigos y a Eficine, un programa de estímulos fiscales del gobierno federal. Pero la mayor parte fue financiada por Lo­renzo Servitje, fundador de Grupo Bimbo, a quien Pavlovich conoció cuando trabajó en la planeación de lo que sería el ‘nuevo’ Pemex, du­rante el gobierno del ex presidente Vicente Fox. En el proyecto de con­vertir a la paraestatal en algo similar a Petrobras, de Brasil, el ejecutivo de la industria panificadora fungía como el enlace con los empresarios.

En Max Rose, cuyo estreno está previsto para agosto o septiembre, también utilizó la estrategia de rescatar a un primer actor. Esta cinta llegó a sus manos durante una visita al Festival de Cine Latino de Chica­go, en 2009, en el cual El estudiante ganó The Audience Choice Award. Ahí se le acercaron unos estadouni­denses para contarle que tenían una película muy similar y que querían que los ayudara a sacarla adelante. Tenían muy poco presupuesto, sólo 3 mdd, por lo que decidieron apoyar­se en un buen talento. El elegido fue Jerry Lewis, un mítico actor cómico estadounidense de 90 años, quien ya estaba en el retiro.

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“Es un tema interesante, porque agarras actores con mucha expe­riencia que en algún momento fueron grandes estrellas y la gente sigue recordándolos. Le ha funcio­nado a Quentin Tarantino, con John Travolta, en Pulp Fiction”, analiza Müffelmann, de Panorama Global.

Con Max Rosse en mano, en 2013 Pavlovich llegó al Festival de Cannes para presentarla en la categoría Un Certain Regard, la cual no compi­te, pero honra a grandes talentos, en este caso a Jerry Lewis. “Fui afortunado de acompañarlo, Jerry Lewis en Francia es increíblemente adorado, igual o más que en Estados Unidos, en verdad es un gran mito”, afirma.

Eso le abrió las puertas y le permitió sentarse con gente de la in­dustria, entre los que estuvieron los agentes de Tom Hanks, quienes al ver el resultado de Max Rose le con­taron que el actor y director traía un proyecto junto con el guionista Tom Tykwer, que por su tamaño no sería atractiva para los grandes estudios, pues sólo requería de 30 mdd.

Así, Fábrica de Cine se convirtió en parte de la triada de productores que haría rentable Un holograma para el rey, que trata de un ejecutivo que va a vender tecnología holo­gráfica (tridimensional) a un rey de Arabia Saudita. Como no les per­mitieron filmar en el país de Medio Oriente lo hicieron en Marruecos y una parte en Alemania, países que dieron incentivos fiscales, lo que permitió bajar los costos.

Con el modelo de preventa y los apoyos gubernamentales, en el que iba por delante la historia y la actua­ción de Tom Hanks, los productores sólo contribuyeron con 9 mdd de capital, dividido en partes iguales.

Se parece mucho al desarro­llo inmobiliario, “donde tienes el terreno, que son los derechos que compraste desde el principio, haces el diseño del edificio y sales a pre­venderlo sin construirlo. Entonces lo que prevendes con tu propuesta de edificio mínimo te permite construir el cascarón mínimo para construir la mayoría del edificio, ya lo demás es equity u otras ventas”, destaca Pavlovich.

“Que te suelten dinero de antemano no es algo común” en la industria, lo más normal es que los productores reúnan parte del capital para echar a andar la película, co­menzar a filmar y con las primeras escenas salir a buscar inversionistas para llevar a cabo la posproducción, explica Ray Sinatra, productor eje­cutivo de Habanero Films.

 

El rescate de Scorsese

La eficiencia es la clave en el modelo con el que el productor mexicano quiere escalar el tamaño de su em­presa. Lionsgate, Regency Enter­prises, Annapurna Pictures y The Weinstein Company tienen gastos “desorbitantemente mayores” en comparación con los de Fábrica de Cine, por el simple hecho de estar basadas en sitios como Los Ángeles, California, en “un superedificio”, detalla Pavlovich. En cambio, la pro­ductora mexicana opera desde una casa ubicada en la colonia Nápoles de la Ciudad de México, con un equipo integrado por una veintena de mexicanos y cuatro personas en Los Ángeles, que evidentemente tienen un menor costo.

El empresario hace énfasis en que en estas compañías independientes la toma de decisiones es muy buro­crática, debido a la gran cantidad de proyectos que tienen sobre la mesa, a pesar de que en algunas intervie­nen directamente los dueños, como en Annapurna, dirigida por Megan Ellison, hija de Larry Elison, el líder de Oracle, o The Weinstein Com­pany, comandada por Bob y Harvey Weinstein.

Pavlovich dice que en su caso sólo basta con que él se reúna con su equipo financiero, mida los riesgos del filme y determine si entra o no.

Dentro de su estructura finan­ciera es crucial la optimización de recursos, por lo que está en contra de los excesivos gastos que hay en los grandes estudios.

Esto le ha servido para dar viabi­lidad a los proyectos que otros ven imposibles, como en Silence. En esta cinta, que todavía tiene algunos liti­gios por resolver, eliminó los viajes en primera clase y recortó el sueldo a toda la nómina, incluido a Scor­sese. Pavlovich narra que les decía: “si tú quieres hacer la película más importante en la vida de Scorsese vas a tener que cobrarme el mínimo de ley posible”.

“Me gritaron, lloraron, me amenazaron, pero les dije ‘no hay de otra, si quieres vete a quejar con Scorsese’, y si se quejaban con él, Scorsese les respondía: ‘mi produc­tor es Gastón Pavlovich y negócialo con él’”, abunda el director de Fábrica de Cine.

En cierto modo, Woody Allen también ocupa esta fórmula para bajar los costos de sus largometrajes, pues paga a los actores de acuerdo con las tarifas de los sindicatos, detalla Ray Sinatra, de Ha­banero Films.

“Entonces sus pelícu­las (del actor y director estadounidense) cuestan muchísimo menos de lo que le cuestan a cualquier otro, pero claro, en Hollywood no hay una estrella valiosa que diga no a hacer una película con Woody Allen”, enfatiza.

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En el caso de los actores principales de Silence, del director, de los inversionis­tas y de las casas de coproducción, la estrategia de Fábrica de Cine consistió en compartir las ganancias durante seis años, que es la vida útil de una película.

El pago fue el de una cinta independiente, e incluso hubo una reducción en el número de cámaras, de 700 a 350, y prohibió que trajeran equipos desde Estados Unidos a Taiwán, lugar de la locación, debido a que era mucho más barato hacerlo desde Japón o incluso desde Australia.

Tras los resultados, Scorsese lo invitó a producir su siguiente película: The Irishman, que reunirá a Robert de Niro y Al Pacino en una historia que tratará de la mafia.

Pero el camino sigue. “Para que funciones como entidad productora no pue­des dar bandazos, no puedes producir de chile, de mole y de manteca, debes buscar, no puedes incidir en el mercado que ya está copado, en los temas que ya todo el mundo está haciendo, tienes que buscar tu originalidad”, argumenta Raúl Miranda López, subdirector del Cen­tro de Documentación de la Cineteca Nacional.

Si Pavlovich ya vio la oportu­nidad de negocio en el rescate de actores semirretirados, ahora la ve en contar la historia de un ex presidente que difícilmente está en la memoria de los jóvenes: Mijaíl Gorbachov, quien gobernó la extinta Unión Soviética.

El ex líder, de 85 años, había tomado la decisión, junto con sus allegados, de permitir que alguien contara su historia en cine, motivo por el que su gente buscó al mexi­cano al enterarse de lo que había hecho con Silence.

Platicaron con varios producto­res, pero un hecho ocurrido a prin­cipios de los 90 inclinó la balanza hacia Pavlovich, quien fue parte de una organización llamada Gene­ración Empresarial Mexicana, que reunía a jóvenes recién egresados de las universidades. Como parte de las actividades, en 1993 trajeron al país a Ronald Reaggan y al mismo Gorbachov para que dieran una conferencia. El gobernante aceptó inmediatamente cuando se enteró de que Pavlovich había sido quien lo trajo aquella vez.

Por ahora están en intercambio de correos y ya tiene una cita para platicar personalmente con el ex mandatario. La idea es hacer una película con alto talento, incentivos fiscales y un crew de bajo costo, por lo que lo más viable será realizarla en Europa, donde hay muchos estí­mulos para las filmaciones.

 

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