Si bien el gobierno de Chile no hace un claro mea culpa por su débil actuación económica y de gestión, asume que el país está en un mal pie económico. Aquí un análisis del escenario en que esto ocurre.

 

Comienza el segundo tiempo del gobierno de Bachelet con la designación del nuevo gabinete de ministros, la definición de nuevas medidas anticorrupción sugeridas por la Comisión Engel y una sentida invitación a “recuperar las confianzas”. La propia presidenta de la República de Chile ha titulado a esta etapa “realismo sin renuncia”, lo cual supone un reconocimiento de la situación de escaso crecimiento del país y el poco apoyo ciudadano a las iniciativas reformistas, por las que, sin embargo, sigue abogando la presidenta.

“Tenemos que abordar nuestro segundo tiempo asumiendo, entonces, el efecto de estas dificultades (económicas, de gestión, sociales y políticas), pero sin que ello signifique olvidar nuestro compromiso con la ciudadanía… Si pudiera sintetizarlo, esto es realismo sin renuncia”, señaló Bachelet.

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Con un prólogo que comenzó a escribirse durante mayo –producto de la designación del nuevo gabinete de ministros; una tibia cuenta pública en que la presidenta abordó, muy por encima, los grandes temas del país (crecimiento, corrupción, reformas, proceso constituyente), y una sentida invitación de la presidenta a “recuperar las confianzas”– comienza el segundo tiempo del gobierno de Bachelet.

Esta etapa ha sido titulada por la propia presidenta como de “realismo sin renuncia”, frase que grafica de cierta manera un reconocimiento del gobierno a una realidad de escaso crecimiento, de poco apoyo ciudadano a las iniciativas reformistas, y, sin embargo, con la convicción de no renunciar a las reformas.

Si bien el gobierno no hace un claro mea culpa a su débil performance económica y de gestión, el hecho que asuma que el país está en un mal pie económico grafica el matiz que los nuevos ministros, del Interior y Hacienda, han estampado a esta segunda etapa de gobierno. Pese a ello, las encuestas aún no son benévolas con la presidenta.

La llegada de Rodrigo Valdés, nuevo ministro de Hacienda, y su voluntad para mejorar el contexto económico, es el ejemplo empírico de cómo un liderazgo tecnocrático puede tener problemas si es que no es acompañado de un buen manejo político. Prueba de ello han sido algunas intervenciones públicas en que el ministro ha dicho lo que todos hemos querido escuchar y, sin embargo, ha tenido que corregir sus declaraciones por temas de convivencia política. Es así como la mano del ministro del Interior, el demócrata cristiano Jorge Burgos, se ha presentado como el complemento ideal para el personero de Hacienda.

Rodrigo Valdés, personaje ampliamente respetado por todos los sectores políticos consecuencia de una brillante trayectoria en la banca privada, estatal, Banco Central y FMI, fue la primera voz de gobierno que dio luces de que las cosas (reformas) se pudieron haber hecho mejor. Ya sea por ingenuidad o por sinceridad, el ministro Valdés no se guardó mucho y admitió la necesidad de “priorizar” la agenda legislativa.

Este informe, elaborado por la oficina de Chile de LLORENTE & CUENCA, realiza un análisis del escenario político económico para el segundo año de gobierno de Michelle Bachelet.


Presentación del informe “Realismo sin Renuncia” Segunda Etapa del Gobierno de Bachelet, elaborado por Rodrigo Ramírez, director de Asuntos Públicos en LLORENTE & CUENCA Chile. Puedes leer el informe completo aquí.

 

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