Gotham, Dumb and Dumber, Flash, Dallas… la lista podría seguir por horas. ¿Por qué los estudios de TV recurren al refrito con tanto ahínco?

 

Por Dorothy Pomerantz

 

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Cuando Showtime anunció el lunes que traerá de vuelta la aclamada serie de televisión de culto Twin Peaks, los aplausos y la reacción fueron casi instantáneos. Los fans de la serie de misterio original, que se transmitió de 1990 a 1992 por la cadena ABC, se alegraron de que el director David Lynch y el escritor Mark Frost anunciaran su regreso a la dirección de nueve episodios, pero muchos asumen inmediatamente que no serán tan buenos como los originales.

La reacción registrada es algo con que los estudios de cine han lidiado desde hace años. No hay nada que Hollywood no rehaga o a lo que no añada secuelas. Basta con mirar la lista de grandes producciones que llegarán a los cines este otoño: una secuela de Dumb and Dumber, la próxima película de El Hobbit, un remake de Annie y una nueva versión de Los Diez Mandamientos. La expectativa es alta para Intersteller, de Christopher Nolan, porque por lo menos es una idea original y no se sabe lo que va a suceder.

Recientemente hemos vivido una época dorada de la televisión debido a la calidad y originalidad de muchos programas nuevos. Game of Thrones, Breaking Bad y True Detective encajan cada uno en sus propios géneros pero siguen siendo increíblemente únicos y emocionantes, e hicieron que los espectadores volvieran semana tras semana.

Con tantas cadenas (y servicios en streaming) creando nuevos programas de televisión, hay muchísimo espacio para la experimentación. El mayor éxito de AMC, The Walking Dead, ha sido demasiado espantoso para llegar a una cadena televisiva. El nuevo programa animado de Amazon, Transparent, habría tenido dificultades para encontrar una salida más tradicional debido a la franqueza con que habla sobre el tema de los travestis.

Sin embargo, también hay un creciente gusto en la televisión por temas conocidos, en espectáculos basados ​​en cómics o en viejos conceptos. Flash, Gotham y Arrow, todos se basan en cómics. Dallas e Ironside, todos han resucitado en los últimos años.

Pero sólo porque una historia sea conocida (y aún amada con fervor) no significa que una nueva versión será un éxito. Dallas fue cancelada recientemente. Nunca sabremos cuántas personas en realidad vieron Arrested Development, ya que Netflix no informa sus números, pero hubo más ruido antes de que el show fuera lanzado que después. Ironside vino y se fue antes de que nadie supiera que estaba al aire.

Así que si traer de vuelta programas muertos no garantiza un éxito, ¿por qué los estudios lo siguen haciendo?

Por la misma razón que lo hacen los estudios de cine. Por cada luz verde hay millones de dólares en ganancias y pueden ser difíciles de conseguir. El mercado de los DVD no es lo que solía ser, y aun con nuevos servicios de streaming peleando por los derechos de transmisión, hay menos dinero en la sindicación.

Estas realidades económicas significan que los estudios son cada vez más reacios al riesgo. Una manera segura de reducir el riesgo es apostar por las historias que las personas ya conocen y aman. Todos los que vieron religiosamente Twin Peaks, y la siguiente generación que la consumió en DVD, por lo menos desearán checar la nueva serie cuando salga al aire en 2016 (todavía no sabemos si el reparto original volverá también).

Lo que es un hecho es que ya le ha dado a Showtime muchísima publicidad gratuita. Es mucho más fácil entrar a Internet y hablar de un programa que ya conocemos y amamos, que de uno del que no sabemos absolutamente nada.

Esperen ver más versiones nuevas televisivas en el futuro. Un remake de The Odd Couple, protagonizada por Matthew Perry, se está filmando y se dice que el regreso del éxito de los noventa, Charmed, está en progreso.

 

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