Reuters.- El hombre que probablemente será el próximo presidente de Cuba pertenece a una generación más joven de líderes que ha abogado por la modernización de la isla, pero también es un fiel funcionario del Partido Comunista que no alimenta demasiadas esperanzas de generar un cambio político profundo.

Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente cubano, sería nombrado el jueves por la Asamblea Nacional (parlamento) como sucesor de Raúl Castro, de 86 años, para convertirse en el primer líder que nació después de la revolución cubana de 1959.

El ingeniero electrónico de 57 años se ha mostrado más en sintonía con los tiempos que corren, a diferencia de sus predecesores Raúl y Fidel Castro, quienes gobernaron la isla por casi seis décadas enfundados en uniformes militares verde oliva.

Como joven jefe del Partido en una provincia, Díaz-Canel rechazó la ortodoxia y respaldó un centro cultural LGBT en la ciudad de Santa Clara, en el centro de la isla, donde -según reportes- escuchaba rock luciendo cabello largo.

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A nivel nacional, solicitó una cobertura más crítica en los medios estatales y abogó por un mayor acceso a Internet en una de las sociedades menos conectadas a la web del mundo. Con frecuencia llega a las reuniones con una tableta en la mano.

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Sin embargo, Díaz-Canel parece ser un candidato de consenso designado por el propio Castro, de quien ganó la confianza al abrirse camino en las filas por más de tres décadas y seguir la línea partidaria en temas políticos y económicos clave, según analistas.

Sus recientes declaraciones públicas se han enfocado en la necesidad de continuar la lucha contra el imperialismo, un mensaje desafiante y desgastado, mientras Cuba enfrenta renovadas tensiones con Estados Unidos desde que el presidente Donald Trump llegó a la Casa Blanca.

“Hay razones para esperar que sea más flexible, más moderno”, dijo Arturo López-Levy, un exanalista del gobierno cubano que creció en Santa Clara, la ciudad natal de Díaz-Canel, y que ahora imparte clases en la Universidad de Texas.

“Pero no hay evidencia a favor de que sea reformista y asuma que abandonará el sistema de partido único o dejará de favorecer al sector estatal por sobre el sector no estatal”, agregó.

En tanto, las opiniones de Díaz-Canel siguen siendo, en gran parte, un enigma. Las campañas políticas están prohibidas en Cuba y el dirigente se ha mantenido fuera del centro de la escena, evitando una situación que acabó con la carrera de otros a lo largo de los años.

Muchos cubanos, frustrados por el lento ritmo de la mejora económica con Raúl Castro, esperan que Díaz-Canel esté aguardando a que llegue su momento para tomar las decisiones.

Sin embargo, su margen de maniobra sería limitado debido a que el Partido Comunista sigue siendo la fuerza política motriz de la isla y continuará siendo encabezado por Castro hasta 2021. En la dirección del Partido, junto al presidente, hay otro veterano revolucionario: José Ramón Machado Ventura, de 87 años.

Algunos miembros de la pequeña disidencia en Cuba, que el gobierno comunista considera que trabaja para desestabilizar al país con apoyo de Estados Unidos, han criticado a Díaz-Canel antes de su nombramiento, al decir que será más de lo mismo.

“Para mí ahora Díaz-Canel es un Don Nadie”, dijo el opositor Hidebrando Chaviano, quien apuntó que los años de Fidel Castro en el poder engendraron una generación de seguidores, no de líderes. Castro entregó formalmente el poder a su hermano en 2008 y falleció en 2016.

 

Un hombre de Raúl

Pese a que se conoce poco de la personalidad de Díaz-Canel, los residentes en su provincia natal, Villa Clara, dicen que es una persona amable y sostienen que es un “hombre de pueblo”.

Según un antiguo profesor, era un alumno brillante y dio clases en la universidad antes de que su carrera política despegara para convertirse en jefe del Partido en Villa Clara durante la crisis económica en la década de 1990 tras el colapso de la Unión Soviética.

“Su cercanía con los ciudadanos fue su marca registrada”, dijo Ramón Silveiro, de 69 años y propietario del centro cultural El Mejunje de Santa Clara que organiza noches gays, bisexuales y transexuales, quien lo elogió por apoyar a la entidad en una época en que la homofobia era muy común.

En 2003, Díaz-Canel se trasladó a Holguín, donde fue nombrado jefe del Partido a nivel provincial. En 2009 fue convocado para ser ministro de Educación Superior y cuatro años después Castro lo convirtió en su mano derecha, al elogiarlo por su “sólida fuerza ideológica”.

“Es un hombre en quien Raúl ha confiado y esto le da crédito entre los militares y la vieja guardia revolucionaria”, dijo Carlos Alzugaray, un jubilado diplomático cubano.

Un video filtrado el año pasado de una reunión del Partido a puertas cerradas mostró que Díaz-Canel apoyó opiniones de línea dura contra los medios independientes, disidentes y embajadas occidentales, decepcionando a muchos cubanos que esperaban que fuera un reformista.

Sin embargo, analistas sostienen que esto era una prueba más de la destreza política de Díaz-Canel, quien necesitaba tranquilizar a los partidarios de línea dura asustados por la muerte de Fidel Castro y la elección de Trump.

“El nuevo presidente tendrá que crear un nuevo consenso político, no heredará uno”, dijo Rafael Hernández, editor de la revista Temas, afiliada al Ministerio de Cultura pero que adopta una postura reformista. “En dos o tres meses, la gente se preguntará por qué sus vidas no han mejorado”.

 

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