Son días grandes para México, pues, tras meses de duras, así como muy tensas, negociaciones entre las tres principales economías del continente americano, el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá ya es una realidad.

El T-MEC, el cual viene a sustituir el antiguo TLCAN, se consolida, dando inicio a una nueva, y mejorada, relación comercial que pretende ser, en base a las declaraciones de los distintos mandatarios, un acuerdo muy provechoso, el cual incrementará notablemente los flujos de comercio entre los países miembros.

Así, un acuerdo en el que México tiene puestas todas sus esperanzas, tras unos años en los que su economía se ha mostrado prácticamente inoperativa. En este sentido, nos referimos a un ejercicio pasado que, para México, situó los niveles de crecimiento en el 0,2%; un crecimiento que se mostró prácticamente nulo, tras unas previsiones que, en declaraciones del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, mostraban un crecimiento previsto del 2%.

Así, tras ese inesperado deterioro en el crecimiento de la economía mexicana, así como de los principales elementos contribuyentes a la economía en el país, el T-MEC se muestra como ese salvavidas que haga remontar a la economía mexicana.

Y es importante destacar dicha situación, pues, si atendemos a las previsiones que deja el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras los reajustes en los pronósticos que publicaba el informe WEO, la economía mexicana será una de las más dañadas del mundo.

El contagio económico que ha supuesto el gran impacto que ha tenido el virus en la economía estadounidense, sumado a un escenario en el que las principales apuestas del presidente no han podido rendir a un nivel óptimo, así como otra serie de fenómenos que, como el deterioro en el precio de las materias primas, han sacudido duramente a la economía mexicana, han llevado al organismo multilateral a reajustar sus pronósticos, alzando la intensidad de la sacudida hasta alcanzar niveles del 10,5% del PIB para el ejercicio presente.

En este sentido, estamos hablando de una contracción que sitúa a la economía mexicana entre las economías más afectadas por el Coronavirus, superando incluso la contracción promedia del conjunto de economías de América Latina, donde el organismo prevé una caída del 9,4% del PIB.

Por tanto, ante semejante escenario, contando con unos precedentes que situaban la economía mexicana en un escenario complicado tras el ejercicio pasado, estamos hablando de un tratado de libre comercio que, ante el pesimismo generalizado, se muestra como una alternativa para tratar de remontar los crecimientos, basando la estrategia en unos flujos de comercio que, como bien sabe AMLO, poseen gran relevancia para el país.

Para ponernos un poco más en contexto, el comercio exterior es uno de los principales elementos contribuyentes a la economía mexicana. De acuerdo con los datos que ofrece el Banco Mundial, estamos hablando de que cerca de un 80% del PIB se encuentra supeditado al comercio exterior. Un 80% del que, un 39% de dicho PIB, es el equivalente a la contribución que hacen las exportaciones de bienes y servicios a la economía azteca.

Si esto lo tratamos de desglosar aún más, tratando de ver cual sería la contribución de las relaciones comerciales con Estados Unidos a la economía mexicana, las exportaciones de México con destino a los Estados Unidos, tras el cálculo realizado, soportan el 31,2% del PIB en el país. Por lo que, a la luz de los datos, podemos hacernos una idea de por qué iniciaba el texto hablando sobre la importancia de haber logrado semejante acuerdo.

Pues, además, tampoco debemos olvidarnos de que, desde hace más de un año, las relaciones comerciales entre los dos principales bloques económicos en el planeta se han visto severamente dañadas. La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha roto lo que, hasta el momento, se conformaba como la principal alianza comercial en el planeta.

Sin embargo, la falta de ortodoxia en las políticas que, desde el país asiático, se estaban aplicando en materia comercial pusieron al presidente Trump al borde de la ruptura en las relaciones, renegociando, in extremis, los acuerdos y a la espera de alcanzar una tregua que, tras lo ocurrido con la pandemia, se prolongará por más tiempo.

Debido a la situación, México no perdió el tiempo, aprovechando una situación en la que China, como principal socio comercial de los Estados Unidos, había dejado libre su puesto. Un puesto que, muy rápidamente, supo asumir México, que desde la ruptura en las negociaciones entre China y Estados Unidos no solo ha incrementado el ritmo de las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos, sino que ha conseguido posicionarse como el principal socio comercial del país anglosajón, superando a China en volumen de mercancías, así como reforzando una economía que, como la mexicana, precisaba esas exportaciones para compensar las pérdidas que, ante el bajo rendimiento de otras inversiones, estaban provocando un mayor deterioro en la economía mexicana, así como el estancamiento, al que hacíamos referencia, del ejercicio pasado.

Así, en conclusión, México debe saber jugar sus cartas en esta nueva andadura que inicia junto a Estados Unidos y Canadá. Como hemos ido analizando a lo largo del artículo, la economía mexicana es una economía puramente exportadora, una economía que supedita gran parte de esta a las relaciones comerciales, especialmente a las contraídas con los Estados Unidos.

Por ello, y ante la situación que se pronostica desde el organismo multilateral, la gran apuesta de México, en estos momentos, así como todos sus esfuerzos, deben ir destinados a este nuevo acuerdo, el cual puede ser, a la vez de provechoso, una buena herramienta para sortear, así como para reajustar, los efectos provocados por una crisis sin precedentes a lo largo de la historia.

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