Países que lideran en ciencia también lideran en tecnología. Los famosos tigres asiáticos y economías muy poderosas como la de China deben buena parte de su éxito a una fuerte y bien pensada política industrial.

 

 

En el último año en México se ha vivido un cambio de paradigmas y de un rápido derrumbe de tabúes existentes en la economía nacional. Por un lado, la reforma energética cambiando un paradigma histórico en el país; por otro lado, la discusión de los salarios mínimos, que durante más de 30 años fue ignorada o satanizada, y ahora es reconocida en casi todas partes como de gran interés y un cambio que se tiene que hacer en términos de justicia social y de fortalecimiento del mercado interno.

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Aprovechando que estamos en una época de acabar con estos preceptos, quizás es un buen momento para tocar un tabú para toda la región, pero que tiene una especial importancia para la economía mexicana y sus expectativas de crecimiento: el tabú de la política industrial.

Pocos días atrás, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) difundió un estudio en que llaman a repensar la política industrial bajo el siguiente argumento: “Comparado con el resto del mundo, América Latina y el Caribe estaban mucho mejor hace 50 años. El país promedio de la región tiene un ingreso per cápita alrededor de 25% superior al de un país promedio en el mundo, pero 80% debajo de países con economías avanzadas. (…) A pesar de esfuerzos recientes, los países de la región han sido incapaces de converger con respecto a Estados Unidos. ¿Por qué esta región es más pobre que los países avanzados? ¿Por qué se encuentra estancada mientras otras partes del mundo convergen más rápidamente? ¿Qué puede hacer la región al respecto? Si la baja productividad es la culpable, entonces el objetivo de políticas públicas debe ser crear las condiciones necesarias para mejorar la productividad, para igualar el ritmo de los países que tienen mejor desempeño. ¿Cómo las economías pueden lograr este objetivo?”

Estas preguntas, planteadas al inicio del estudio del BID, tienen una respuesta, y ésta es llamada por el ellos “Políticas de Desarrollo Productivas” o bien lo que tradicionalmente en economía hemos conocido como política industrial.

El Banco Mundial define la política industrial como los esfuerzos del gobierno para alterar la estructura industrial de su economía, para promover el crecimiento económico con base en incrementos en la productividad. Autores como Howard Pack y Kamal Saggi la definen como intervenciones selectivas que pretenden alterar la estructura de producción hacia sectores de los que se esperan mejores prospectos de crecimiento económico, que no ocurrirían en la ausencia de dicha intervención.

La literatura de desarrollo y de crecimiento económico enfatiza la importancia de la industrialización como fuente de modernización y crecimiento. Por definición, esto implica intervenir en el mercado para propiciar equilibrios que de forma natural no ocurrirían o tomarían mucho más tiempo para ocurrir.

 

¿Por qué la política industrial se volvió un tabú en México y en la región?

La política industrial cayó en desuso rápidamente con las crisis de deuda latinoamericana en la década de 1980. Países como México, con grandes deudas en moneda extranjera, tuvieron que aceptar las exigencias de sus acreedores, entre éstas la apertura comercial y el abandono de sus políticas de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) en favor de políticas para una industrialización orientada a exportaciones (EOI). Debido a que la política industrial está asociada a la llamada “selección de ganadores”, y esto involucra una intervención costosa por parte del Estado, se le fue relegando, se le transformó en una actividad poco deseada. Después de todo, la corriente económica dominante del periodo llamaba a la liberalización rápida de los mercados y a un Estado pequeño y no interventor.

No en todo el mundo ocurrió esto; los famosos tigres asiáticos y economías muy poderosas como la de China deben buena parte de su éxito a una fuerte y bien pensada política industrial, que propició lo que se conoce como “industrial upgrading” y que mezclaba componentes de ISI y EOI. Incluso, Estados Unidos es un país que nunca ha dejado de hacer política industrial. Empresas como Facebook, Google o Apple, por citar algunas, son producto de programas como SBIR, la National Science Foundation, o el apoyo de DARPA, que también son formas de hacer política industrial.

Debemos recordar que la política industrial está estrechamente relacionada con el comercio internacional y con el desarrollo regional dentro de los países. A su vez, está también muy relacionada con el crecimiento económico, particularmente debido a los procesos de aprendizaje dentro de las economías y la acumulación de capital.

 

¿Cuál es la relación entre una política industrial y el comercio internacional?

El proceso de aprendizaje dentro de una economía tiene el efecto de permitir y acelerar la especialización en ciertas industrias que son consistentes con sus ventajas comparativas, por lo que en un principio la política industrial debe producir efectos semejantes a los que se esperarían en un modelo clásico de comercio como el Hecksher-Ohlin. Esta serie de efectos positivos es lo que se esperaba sucediera en todo el país tras la apertura comercial y la firma del TLCAN.

Sin embargo, una nula conducción de política industrial, mejor enmarcada en la famosa frase de Jaime Serra Puche: “la mejor política industrial es la que no existe”, terminó por causar una serie de efectos negativos consistentes con lo que se conoce como el efecto Stolper-Samuelson. En el abandono de la política industrial quizá sea posible encontrar una explicación de la gran disparidad en desarrollo entre las regiones de México.

Debido a que la estructura industrial de un país es endógena a la abundancia de sus factores de producción, la mejor estrategia para el gobierno es la de mejorar dichos factores, particularmente capital y trabajo. Esto, a su vez, requiere una fuerte acumulación de capital (físico, financiero, humano y social) que permita avanzar en el desarrollo tecnológico dentro de las industrias. Todo el proceso involucra innovaciones que producen nuevo aprendizaje y conocimiento. El resultado es un desarrollo en que la economía crece conforme aumenta sus acervos de capital.

Una forma de impulsar este proceso y tener mejoras en la productividad es desarrollando infraestructura. La inversión en infraestructura pública es parte fundamental en cualquier estrategia de desarrollo económico, y más debería serlo hoy en día cuando un eje de política pública, como en el caso de México, es el llamado “democratizar la productividad”.

Una mejor infraestructura puede reducir de forma significativa los costos de transportación o los costos de producción, creándole verdaderas ventajas comparativas a las industrias manufactureras en México. El rápido desarrollo de infraestructura es parcialmente determinado por mecanismos de mercado y parcialmente por intervenciones del Estado. El mercado responde rápidamente a la presión de disminuir sus costos, y el Estado tiene incentivos para asegurar que dichos costos caigan para crear mejores condiciones para la inversión.

Desarrollar infraestructura es una forma de crear y fortalecer ventajas comparativas, que continúan siendo, en cierta medida, las que explican una proporción del comercio internacional. Estas ventajas pueden ser exploradas por la estructura proporcionada en el muy famoso y anteriormente mencionado modelo Heckscher-Ohlin (cuando existen diferencias de factores entre países. Cuando no existen diferencias, el modelo de la nueva teoría del comercio de Krugman tiene mejor poder explicativo), lo cual continúa explicando, en cierto grado, las especializaciones industriales entre regiones en el mundo.

Éste es el caso de México que explica el efecto Stolper-Samuelson: un norte del país altamente industrializado e integrado a la economía mundial, y un sur de baja industrialización y con poco acceso a mercados, es decir, una economía dual.

 

¿Cómo acabar con el tabú de la política industrial?

El gobierno mexicano no debe olvidar que el proceso de desarrollo económico está lleno de incertidumbres y, más aún, en economías como la nuestra. Esta incertidumbre hace del desarrollo un proceso de aprendizaje de “learning by doing”, en que se privilegian innovaciones en múltiples sectores industriales.

Es importante rescatar la experiencia de China al realizar reformas. El anterior presidente del Banco Mundial, el economista chino Justin Yifu Lin, ha explicado porqué importa la secuencia de las reformas, que en combinación con una política industrial bien pensada fomenten las mejoras dentro de las industrias.

La política industrial activa que requiere el país es aquella que tome el aprendizaje como su principal actividad. El aprendizaje requiere una serie de acciones para adquirir conocimiento, formar capacidades, adaptar nuevas tecnologías y nuevas industrias a viejas instituciones, mientras se crean o se modernizan otras. Esta acumulación de aprendizajes y su difusión es la que propicia el crecimiento económico. La acumulación de conocimiento es un proceso dinámico que genera beneficios a negocios, al gobierno y a los individuos.

Países que lideran en ciencia también lideran en tecnología. Si un país desea liderar en tecnologías avanzadas y, por lo tanto, en industrias avanzadas, necesita hacer más que invertir en parques industriales o intentos vagos de estimular innovaciones. Necesita hacer ciencia básica, incluso sin que tenga un propósito comercial en el corto plazo. Necesita hacer de la práctica de la ciencia parte de la cultura, dejar que se inserte en la economía a través de procesos y tecnologías en pequeñas o grandes empresas. No a través de la selección de empresas ganadoras, pero sí seleccionando industrias ganadoras que puedan aprovechar las ventajas comparativas en las distintas regiones del país.

El manejo de las reformas y su adaptación debe ser cauteloso y congruente con el estado de desarrollo del país y su capacidad regulatoria. Se debe aprender de forma selectiva de la experiencia de otras economías en trayectorias de desarrollo semejantes. México debe reformarse al ritmo de su capacidad institucional para regular y no ir más allá de estas capacidades. De lo contrario pagaremos un precio alto y continuaremos en el estancamiento de ya muchos años.

 

 

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